El Tiempo es un tramposo

Manuel Sañudo Gastélum

“La distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión, por persistente que ésta sea”

Albert Einstein

 Un buen día, el hombre decidió que el tiempo había que medirlo e improvisó cómo hacerlo; al principio, se regía por el amanecer y el atardecer, exclusivamente, hasta que se inventaron los primeros instrumentos para calcularlo. Que se haya inventado cómo medirlo no significa, de acuerdo con lo que aquí expongo, que el tiempo sea una realidad objetiva pues, en todo caso, es una realidad engañosa.

La esencia de su medición se basa en el movimiento, principalmente el de la rotación del planeta; un día es una vuelta completa de la Tierra sobre su propio eje. Si por alguna circunstancia – que muchos la ven como muy probable a futuro, y otros aseguran que ya está sucediendo –, el planeta empezase a girar más lento entonces la escala y el concepto del tiempo necesariamente cambiarían y las horas, minutos y segundos ya no serían medidos igual que antes. Todavía más, tomemos como referencia el planeta Venus, que posee el día más largo del sistema solar, con el equivalente a 243 días terrestres, y gira en el sentido de las manecillas del reloj, contrario al movimiento de los otros planetas; en un día venusiano el sol sale por el oeste y se oculta por el este. Es decir, entonces, que ¿el tiempo es relativo? ¡Sí que lo es! Veamos, enseguida, un día cotidiano como cualquier otro.

Un día en la vida…

Con mucha frecuencia quizás te ocurra que vas por la vida, en el automóvil pongamos por caso, conduciendo de manera autómata, y no miras, bien a bien, lo que hay en el camino. Quizás notes algún peligro y frenes el auto, o no lo hagas, o no a tiempo y termines estrellado. Puede ser que el viaje transcurra sin accidentes ni contratiempos y de pronto, en el alto de una luz roja, pienses:

-¿En qué momento pasé por el colegio? ¡Ni cuenta me di! Debí haber disminuido la velocidad, pues pude haber atropellado a un niño ¡Gracias a Dios que no pasó nada!, y que tampoco me infraccionó el agente de tránsito por el exceso de velocidad. La luz se torna verde y reanudas el viaje… de la imaginación; tu mente sigue, en un monólogo íntimo, persiguiendo pensamientos que te llevan al futuro y al pasado.

– ¿Qué le diré́ a mi socio del préstamo del banco?, te asalta la pregunta, apenas reiniciada la marcha. Y a pesar de que sigues trepado en el auto, caes de nuevo en la distracción con lo que no está en el aquí ni en el ahora, pues la imagen de la plática con el socio te despeña a la preocupación. Te asombra que no estás poniendo atención al conducir, pues casi atropellas a un ciclista – ¡Pon atención al camino! –, te gritas con enojo. Enciendes la radio para refrescar la mente, veloces pasan unos segundos, quizás minutos a lo sumo, y con la melodía evocas algún pasaje, placentero, pero de personas y vivencias que ya no existen en tu vida, que tan sólo están en el recuerdo; como la primera novia con la que escuchabas esa canción, el aroma fresco de su piel, la sensualidad de sus palabras, y extrañando la juventud de los tiempos idos.

En el siguiente semáforo, te despierta de la ensoñación el ruido estridente de la bocina de un auto que está a la zaga, pues la luz se ha puesto en verde. – ¡Avanza, estúpido! , grita el conductor del coche que está detrás.

Ejemplos como estos se suceden a razón de miles de veces al día… Agobiante, ¿verdad?

Seguro que el trayecto se te fue en un santiamén, y sientes que el tiempo se fue volando; pero, en realidad, ¿qué fue lo que sucedió?, ¿acaso el tiempo se detuvo?, ¿o avanzó más aprisa el reloj?… Nada de esto sucedió. Lo que ha ocurrido es que tu mente, y los pensamientos coligados, no iban en la misma travesía que tu cuerpo que conducía el automóvil. Tu mente volaba en otros viajes, a la evocación del ayer o a la expectación del porvenir, en un concierto desordenado de cavilaciones que no tenían que ver con el momento y el lugar del ahora.

Estos eventos, y otros más, son los que me hacen decir que el Tiempo nos estafa, que es un vil tramposo, pues nos hace creer y sentir cosas que ya no existen o que no han sucedido todavía, y que a veces nos pasa corriendo y en otras se mueve con la lentitud de un caracol. Por eso lo tildo de tramposo – de manera figurada, desde luego, pues no se puede hablar con propiedad de “alguien” que afirmo que no existe en la “realidad real”. Esa es la cara tramposa del Tiempo, con un rostro inexistente, pero que impregna todas nuestras actividades, porque la imaginación humana así lo ha inventado y aceptado como el patrón a seguir.

Por ello, pretendo denunciar a ese estafador mejor conocido como “El Tiempo”. A ese, al que nos aferramos con todas las fuerzas cuando lo que está ocurriendo nos gusta, y al que odiamos cuando el momento es desagradable. Al que extrañamos porque ya se fue, o al que le exigimos que se apure para que llegue tal acontecimiento, cosa o persona, como les ocurre a los niños en las vísperas navideñas, que casi ni duermen en espera de que llegue Santa Claus. Vivimos, en muy buena medida, en un estado de espera incesante, pero la Paz verdadera se encuentra en este momento, en este aquí́ y en este ahora, como la única opción real para ser verdaderamente feliz.

Coach y Consultor de Empresas

Correo: manuelsanudog@hotmail.com Sitio: www.manuelsanudocoach.com Blog: www.entusiastika.blogspot.mx

D. R. © Rubén Manuel Sañudo Gastélum. Se prohíbe la reproducción sin el permiso del autor.

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