María Luisa Arredondo*
La política mexicana siempre ha estado repleta de escándalos, pero la velocidad con la que se acumulan en esta administración no tiene precedente. El escenario actual en Baja California y el panorama nacional pintan de cuerpo entero una realidad inocultable: la justicia en México se aplica con un estricto criterio partidista.
El epicentro del terremoto político en ese estado gira en torno a Marina del Pilar Ávila Olmeda. La gobernadora de Baja California está atrapada en una tormenta que combina acusaciones de narcopolítica, tensiones bilaterales y sospechas de traición. Tras la pérdida de su visa estadounidense por supuestos nexos con el crimen organizado —atribuidos inicialmente al entorno de su exesposo, detonando un oportuno divorcio—, el escándalo alcanzó un punto crítico en días recientes con la filtración de audios demoledores. En las grabaciones se escucha a la mandataria pactar reuniones e incluso ofrecer información de seguridad de México a supuestos agentes estadounidenses (que resultaron ser una trampa política) con tal de limpiar su situación migratoria y evitar una extradición.
Este manto protector de la presidenta Claudia Sheinbaum no es un hecho aislado. Es el mismo patrón de conducta observado con los funcionarios sinaloenses y su gobernador, reiteradamente señalados de complicidad con facciones como “Los Chapitos”.
Lo que estos hechos demuestran es que, en esta administración, se deja caer todo el peso del Estado a los políticos de la oposición, pero a quienes son de Morena se les cobija con justificaciones retóricas, abrazos políticos y el beneficio de la duda permanente.
La narrativa de combatir la corrupción y la impunidad “venga de donde venga” se desmorona en los hechos. La filtración de los audios de Marina del Pilar expone no solo la fragilidad de un gobierno estatal, sino el uso faccioso de las instituciones de justicia para perseguir adversarios mientras se purifican las faltas de casa. La indignación ciudadana no nace de la aplicación de la ley, sino de la evidente y descarada Ley del Embudo: lo ancho para los amigos, lo estrecho para los demás.
*María Luisa Arredondo es directora de Latinocalifornia y autora de “La vida después del cruce”.