“Ay, Mamá Inés”, cómo los cubanos extrañamos el café

Roberto Alvarez Quiñones

Un buchito de café bien fuerte tempranito en la mañana, o después de almuerzo, o a media tarde, o antes de fumarse un buen tabaco, o a cualquier hora en una agradable visita, se enraizó hace siglos en el tuétano de la cultura cubana.

Es más, una humeante y aromática tacita del “néctar negro” por sí sola era ya expresión de cubanía. Y lo sigue siendo donde quiera haya cubanos, lo mismo en Finlandia, que en las Islas Maldivas.

El más grande cubano de todos, José Martí, con su bellísima prosa poética así definió al café, que tanto le gustaba:

 “Jugo rico, fuego suave, sin llama y sin ardor, aviva y acelera toda la ágil sangre de mis venas. El café tiene un misterioso comercio con el alma; dispone los miembros a la batalla y a la carrera; limpia de humanidad el espíritu; aguza y adereza las potencias; ilumina las profundidades interiores y las envía a fogosos y preciosos conceptos a los labios…”

Pero regresemos en el tiempo a la Cuba de hoy y veamos un hipotético diálogo, que puede tener hoy lugar en cualquier parte de la isla:

Una tacita de platanillo recién colado para “hacernos la idea

“Ah, Felipe, que oportuno llegaste, te voy a traer una tacita de platanillo que acabo de colar”, le dice Teresa a su tío, que la ha venido a visitar.

 ¿Platanillo? pregunta él.

“Bueno, mira, en la bodega hace tiempo que no dan café, y hay que inventar, tú sabes, para engañar al estómago y hacernos la idea de que tomamos café”, responde la resignada sobrina anfitriona.

Esto podría estar ocurriendo ahora mismo en algún lugar de Cuba, sobre todo en Holguín, donde a falta de café la gente prepara infusiones calientes de platanillo “para hacerse la idea”, como dice Teresa.

¿Qué es el platanillo? Un arbusto silvestre de color verde amarillento abundante en toda la isla, que huele a pimienta y da unas vainas con unas frutillas pequeñitas. Su nombre científico es Piper ossanum. En la isla abunda desde Pinar del Río hasta Camagüey. En Oriente hay otra variedad llamada Piper aduncum.

Se da en casi toda Latinoamérica y lo mismo se aplica para aliviar las hemorroides, como ocurre en Brasil, Perú, Colombia, Jamaica, o Guatemala, que para teñir ropa. Y ahora en Cuba socialista también es “café”.

Periodistas holguineros independientes narran que para obtener ese dizque café se abre la vaina, se sacan los granos y se ponen a secar al sol. Luego se ponen al fogón, se tuestan, se muelen, y a hacerse ideas se ha dicho.

Desayuno de platanillo a los niños para que vayan a la escuela

Luisa Martínez Silva, residente en el municipio holguinero de Antilla, destacó indignada: “eso es lo que le estamos dando de desayuno a los niños para que puedan ir a la escuela”. Ah, el platanillo se da silvestre, pero Luisa para ir al seguro lo cultiva en el patio de su casa.

Leamos ahora este párrafo de una crónica desde Sancti Spíritus publicada por “14yMedio” después de conversar con Lismary, una espirituana de 32 años.

“Una vecina me avisó –explicó la joven– y fui corriendo para la bodega, pero nada más ver el color del polvo me dio ya mala espina (…) se veía muy negro, como si estuviera requemado, cuando abrí el paquete (…) no olía a nada, si acaso cierto tufo a corteza quemada (…) mi abuela estaba loca por tomarse un buchito y cuando se lo di enseguida soltó que eso ‘no sabe a café, ni huele a café'”.

Las quejas van contra la estatal Torrefactora de Cabaiguán”¿Qué le están añadiendo al café en la tierra del Yayabo? ¿Carbón, leña seca, cáscara de coco quemada?”, escribió Luis Ernesto en internet, otro espirituano. Nadie sabe qué rayos le están echando, pero sabe a rayo ¿no será platanillo?

El café cubano lo compra “Lavazza” y GAESA gana millones

Mientras Luisa cultiva platanillo para hacerse la idea de que toma café, “Lavazza, la marca italiana de café que como Starbucks, o Folgers es una de las principales del mundo, acaba de presentar en Madrid “La Reserva de ¡Tierra! Cuba’, un café premium orgánico cubano de calidad sostenible (…) que será distribuido exclusivamente por Espressa Coffee & More (…) contiene granos cultivados por 170 agricultores de las provincias de Santiago de Cuba y Granma.”

Así lo informó la prensa desde la capital española. Es decir, los cubanos no pueden tomar el delicioso café cubano, pero los generales de GAESA exportan lo poco que se produce y así nutrir sus cuentas bancarias en ultramar.

Esto ocurre en un país que en 1830 era el mayor exportador de café del mundo, y en el que el café devino casi un ritual, como lo es el té para los ingleses, solo que en la isla se toma varias veces al día y sin mucha ceremonia.

Ay, Mamá Inés”, ni negros ni blancos podemos tomar café

Ah, y lo toman, o lo tomaban, todos los cubanos sin excepción, no importaba si ricos o pobres. Ya lo dice la sabrosa canción criolla de Eliseo Grenet que cantaba como nadie Rita Montaner: “Ay Mamá Inés, todos los negros tomamos café”.

Quién lo diría, Mamá Inés, tu rítmica y sabrosa canción hoy ya no es derroche de jolgorio y divertimento. Es un lamento insular negro, blanco, “entreverao”, o chino, que brota incontenible por no poder tomar el delicioso café cubano.

El café fue descubierto por casualidad hace unos 1,200 años en Etiopía. Unos monjes observaron que las cabras se alborotaban y saltaban cuando comían unas pequeñitas frutillas parecidas a las cerezas, y por eso la llamaron “Frutilla del Diablo.”

Cuba, después de ser introducido el café en 1748 por el francés José A. Gelabert en la zona habanera del Wajay, y hasta los primeros años del castrismo, exportó un café de alta calidad muy codiciado en el mercado mundial. Sobre todo, el “arábigo suave Bourbon”, de aroma y sabor incomparables, cosechado en la Sierra Cristal, donde un microclima especial favorece la producción de un grano de exclusivísima calidad.

A propósito, la UNESCO en el año 2000 clasificó como Patrimonio de la Humanidad al “Paisaje arqueológico de las primeras plantaciones de café de Cuba”. 

Desde mayo hasta octubre no hubo chícharo-café en las bodegas

Volviendo a la Cuba de hoy, desde mayo de 2023, hasta mediados de octubre, no se entregó el chícharo tostado con café de la canasta familiar por la libreta. Por cierto, la Organización Internacional del Café (OIC) establece que no es café el que tenga más de un 5% de mezcla con otros granos. En Cuba se mezcla con 50% de chícharos, y ojo, puede que en mayor proporción.

El colmo es que ya ni ese mejunje pueden tomar los cubanos. No “viene” a la bodega, en las shopping una bolsita de 115 gramos de café “Cubita” cuesta demasiado, y en el mercado negro una libra engulle medio salario mínimo.

Qué contraste. En 1958 los padres y abuelos de los cubanos de hoy como promedio tomaban 828 gramos de café mensuales, según el Ministerio de Agricultura, casi dos libras. Y una tacita de aquel aromático y delicioso café en cualquier esquina de barrio (recuerdo la aromática marca Oquendo), costaba ¡tres centavos!

Hoy por la libreta cada consumidor “tiene derecho” a consumir la octava parte de una libra, pues son 57 gramos de café y 57 gramos de son chícharos tostados, y ahora puede que de platanillo ¿no?

Rendimiento cafetalero en Cuba es tal vez el más bajo del mundo

Antes del castrismo Cuba producía cerca de 60,000 toneladas de café. Al implantarse el comunismo se derrumbó la producción. Hoy el país produce, entre 7,000 y 10,000 toneladas anuales y el consumo nacional racionado es de 24,000 toneladas. No hay divisas para importar y cubrir ese déficit, ni siquiera la mitad.

Una de las causas de este desastre es que el rendimiento agrícola en las plantaciones cafetaleras cubanas es ridículo: 0.18 toneladas de café por hectárea. El promedio mundial no baja de una tonelada por hectárea, y muchos países obtienen casi el triple de ese promedio internacional. Pero gracias al castrismo-comunismo Cuba tiene, casi seguramente, el rendimiento cafetero más bajo del mundo.

Ah, un último detalle para evaluar la “superioridad” del socialismo, el  “Programa de Desarrollo Cafetalero” del gobierno cubano consiste en lograr 30,000 toneladas de café en 2030. O sea, 70 años después, producir ¡la mitad! que en 1960. ¡Por favor!

 

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