Café con el jefe de la policía de Bell

 

El jefe de la Policía de Bell, Anthony Miranda, habla con vecinos del lugar sobre el crimen en esa ciudad. Foto: Marilú Meza.
El jefe de la Policía de Bell, Anthony Miranda, habla con vecinos del lugar sobre el crimen en esa ciudad. Foto: Marilú Meza.

Los vecinos se quejan de grafito, pandillas y depredadores sexuales

 Marilú Meza

Grafito, pandillas y depredadores sexuales son algunas de las preocupaciones que los residentes de Bell expusieron hace unos días ante Anthony Miranda, jefe de la policía de esa ciudad del sureste de Los Ángeles, durante su charla mensual “Café con el Jefe.”

Desde que tomó su cargo el pasado octubre, Miranda se propuso mejorar las relaciones entre los residentes y la policía, que se habían deteriorado seriamente en las administraciones pasadas.

“Es muy importante hacer puentes de comunicación con la comunidad y el departamento para que se sientan cómodos y nos platiquen cuáles son sus preocupaciones”, dijo Miranda.

Desde las nueve de la mañana, el grupo de residentes se reunió en el supermercado “Un Nuevo Amanecer” y ahí, con una taza de café en la  mano, un pedazo de pan y fruta charlaron con el jefe de seguridad.

Gloria Villanueva tiene 32 años viviendo en ese sector.  Para ella lo más preocupante son los depredadores sexuales registrados que viven en la ciudad.

“Busco una comunidad segura para nuestros niños cuando van y regresan de la escuela.  Hay hombres que están vigilando a los niños para robárselos y molestarlos sexualmente”,  dijo Villanueva.

En respuesta, el jefe le recomendó visitar el sitio de Mega’s Law para que se informara sobre los depredadores sexuales registrados en el área, que son alrededor de 20.

“La mejor defensa es saber dónde viven y luego hablar con la familia y sus hijos para evitarlos”, dijo Miranda.

“Nosotros los tenemos controlados. Cada mes deben de reportarse a nuestro departamento y si no lo hacen vamos a sus casas y podemos mandarlos a la cárcel de regreso”, añadió.

Miranda dice que el índice de criminalidad ha bajado un 17 por ciento en relación al año pasado en la municipalidad.  Entre los delitos más comunes se encuentran asaltos, homicidios, violaciones, robos e incendios provocados.

En esa ciudad, de dos millas cuadradas y 36 mil habitantes, se registran más llamadas de emergencia por violencia doméstica, consumir alcohol en zonas públicas, grafito, vandalismo y conducir a exceso de velocidad.

“No son crímenes serios, más bien son delitos de calidad de vida.  Pandillas… casas abandonadas”, expresó el jefe.

Miranda buscar acercarse a la comunidad y limpiar el nombre de su departamento.  En el pasado sus oficiales tenían fama de abusadores de poder  que se enfocaban en decomisar los vehículos de los inmigrantes indocumentados.

“Queremos ganar la confianza de los residentes.  Yo hice una junta y les dije: ‘ya no vamos a decomisar carros’.  Los agentes fueron a clases de comunidad y cambiamos la filosofía del departamento que es servir a nuestra comunidad”, dijo.

Agrega que, poco a poco, sus agentes hicieron el cambio y ahora tiene un excelente equipo de 29 elementos.

Pero ese número de policías es otra de las preocupaciones de los residentes.

Lorenzo Martínez es activista de esa comunidad.  Dice que una de las cosas que necesita el Departamento de la Policía es un equipo antipantillas para que controle el problema de las “gangas” y la venta de drogas.

“Vamos a unirnos y de una manera hablar con el Concejo de la ciudad para que apruebe una unidad antipandilleril”, dijo el residente que vive en Bell desde hace 40-años.

Agregó que también le gustaría  ver más policías voluntarios en el área.

Daisy Aldama pide una  ciudad limpia.   Una de las cosas que le molesta más es ver que la gente no recoge los desechos de sus animales cuando los llevan a pasear.

“Hay mucha gente que camina a sus perros y no limpia después de ellos y quiero ver qué hacen al respecto”, dijo Aldama, quien ha vivido en la ciudad durante diez-años.

Joe Carmona está preocupado porque algunos de los conductores no respetan la velocidad permitida por la ley, mientras que a Gilberto Castillo le molesta ver las paredes rayadas con grafito y las pandillas.

Y así, los residentes estuvieron platicando  con el jefe por dos horas.

Entre plática y plática, la respuesta de Miranda era similar.

“Nosotros podemos vigilar y estar pendientes para responder a llamadas, pero ustedes los ciudadanos también están afuera”, dijo.

“Llamen y reporten.  La comunidad debe estar vigilante y sin ven algo indebido llámennos para que nosotros vayamos a investigar y solucionemos el problema”, finalizó Miranda.

 

 

 

 

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