El ejemplo de González Iñárritu

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

Con su insuperable “Birdman”, Alejandro González Iñárritu no sólo se llevó personalmente tres premios Oscar por la Mejor Película, el Mejor Libreto Original y el Mejor Director,  de manera extraoficial también conquistó otro importante galardón: el del mejor discurso de la noche.

En ambos lados de la frontera, millones de mexicanos escuchamos extasiados el mensaje de El Negro, cuando al recibir la estatuilla dorada por el mejor filme, aprovechó la oportunidad para hacer una severa crítica al gobierno mexicano y una férrea defensa de los inmigrantes.

“Quiero dedicarles este premio a mis compatriotas en México. Ruego para que podamos encontrar y construir el gobierno que nos merecemos, y que la generación que está viviendo en este país pueda ser tratada con el mismo respeto y dignidad que la gente que llegó antes y que ayudó a construir esta increíble nación de inmigrantes”, manifestó con profunda emoción el hoy consagrado cineasta.

El impacto de sus palabras no pudo ser mayor. En México, ante los cuestionamientos de la prensa, el presidente Enrique Peña Nieto y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se vieron obligados a responder que trabajan en busca de un mejor país donde los mexicanos tengan oportunidad de hacer realidad sus sueños, lo que obviamente generó más críticas entre un vasto sector de la ciudadanía. Para muchos, el mensaje de González Iñárritu simplemente es una muestra más de la urgente necesidad de hacer un cambio y de la profunda crisis de credibilidad por la que atraviesa, no sólo la administración de Peña, sino toda la clase política mexicana.

Si bien el triunfo de González Iñárritu le pertenece sólo a él y al equipo con el que trabaja, para millones de mexicanos representa una poderosa fuente de inspiración y de esperanza. El país vecino está cansado ya de noticias dominadas por criminales y políticos corruptos. Y los inmigrantes que vivimos en  Estados Unidos también estamos cansados ya de que se nos menosprecie, se nos vea como una carga social y económica e incluso se nos asocie con narcotraficantes. Esta visión antiinmigrante es en gran medida la que promueven los radicales que se oponen a la aprobación de una reforma migratoria.

En este contexto, el éxito de González Iñárritu cobra una relevancia que trasciende el ámbito cinematográfico. Para todos los mexicanos es una prueba irrefutable de que con preparación, esfuerzo y creatividad se puede llegar tan alto como se quiera.  Y para quienes atacan a los inmigrantes, sobre todo a los de origen latino, es un golpe demoledor a los estereotipos de que todos los que procedemos del sur carecemos de talento, preparación y ambiciones. En ese sentido, sólo nos queda agradecer a González Iñárritu por su valentía, su solidaridad y, sobre todo, por su maravilloso ejemplo.

 

 

 

 

 

 

 

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