“Fuera Peña”, un clamor imparable

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

Si algo dejaron en claro las marchas multitudinarias que tuvieron lugar en la capital mexicana el 20 de noviembre para exigir justicia por el caso de Ayotzinapa es que el movimiento que pide la renuncia de Enrique Peña Nieto, lejos de apagarse, cobra cada vez mayor fuerza.

“No vamos a cansarnos, no vamos a dejar de protestar hasta que se vaya el presidente”, me dijo con aplomo, Sandra Martínez, una joven estudiante de preparatoria, cuando marchaba a lo largo de la Avenida Juárez en la Ciudad de México. Junto a ella, miles coreaban consignas como “Fuera Peña”, y “Gaviota, tu marido es un idiota”, mientras otros portaban pancartas en las que se leía “Peña Nieto, tu proyecto de nación no coincide con el nuestro, renuncia” o “Nunca falta alguien que sobra, fuera EPN”.

Y es que si bien las versiones oficiales indican que los responsables de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa son el exalcalde de Iguala, José Luis Abarca y su esposa, así como la dirigencia del PRD por haberlos solapado, son cada vez más los que consideran que el gobierno federal también está implicado. “Los perredistas son culpables por sus nexos con el narco, pero el que realmente desapareció a los estudiantes es el ejército, que obviamente responde a Peña Nieto”, aseguró Raúl Zepeda, un profesor de historia jubilado.

La marcha giró en torno al rechazo hacia Peña Nieto. Foto: María Luisa Arredondo
La marcha giró en torno al rechazo hacia Peña Nieto. Foto: María Luisa Arredondo

Esta versión se sustenta en declaraciones que han hecho a periodistas como Carmen Aristegui varios normalistas que sobrevivieron al ataque del 27 de septiembre en Iguala. Según los testimonios de los estudiantes, no sólo los agredieron los policías de Iguala sino también los soldados del Batallón 27 que fueron quienes finalmente se llevaron a los jóvenes desaparecidos. Los grandes medios de comunicación, entre ellos la cadenas Televisa, han ignorado esta versión.

Aunque la tragedia de Ayotzinapa ha causado el descrédito de todos los partidos políticos, las voces de indignación y rechazo se alzan cada vez más en contra del presidente porque lo perciben como el principal responsable del caos que reina en el país. A este clima contribuyó, sin duda,  la oportuna publicación de un reportaje de Aristegui Noticias que demostró  que  la adquisición de una casa por parte de la esposa del presidente era un claro caso de conflicto de interés y tráfico de influencias.

Peña Nieto se enfrenta así a un escenario de pesadilla que jamás imaginó. Hace apenas dos meses sólo hablaba de sus reformas económicas y de sus grandes planes para modernizar a México.  Hoy lucha sin éxito por apagar las llamas de la indignación que recorren todo México y seguramente reza para que el tiempo se encargue de calmar los ánimos.

Pero, por lo que se ve, el movimiento para destituirlo no se detendrá. Su administración está en entredicho como nunca antes lo había estado otra en la era contemporánea. En este sentido, lo peor que podría hacer es, como lo ha dejado ya entrever, reprimir con mano dura las voces que piden su renuncia.

 

 

 

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