El PRD, herido de muerte

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

Si bien en ciertos sectores causó sorpresa la carta abierta en la que Cuauhtémoc Cárdenas, fundador y líder moral del PRD, pide la renuncia del comité ejecutivo de ese partido, encabezado por Carlos Navarrete, a mí me parece que el pronunciamiento del ingeniero resultó incluso un tanto tardío.

Y es que desde la tragedia de Ayotzinapa las señales de que el PRD está herido de muerte son inequívocas. El propio Cárdenas sintió el tremendo rechazo que hoy existe hacia su partido el pasado 8 de octubre cuando, en una manifestación que encabezó para exigir justicia por la muerte y desaparición de los estudiantes normalistas, una turba lo agredió sin misericordia. No sólo le lanzaron palos y botellas sino que le gritaron todo tipo de improperios, entre ellos “asesino”.

De milagro, el ingeniero salió ileso del ataque. Al otro día, en una entrevista radiofónica con el periodista Joaquín López Dóriga, trató de minimizar el incidente diciendo que se trataba de los grupúsculos que siempre agreden sin razón.

Pero es indudable que el ataque hizo mella en su ánimo, sobre todo porque el papel del PRD en el caso de Iguala es simplemente indefendible. El partido, como lo reconoció Cárdenas, ha traicionado los principios de izquierda que dieron lugar a su creación para convertirse en lo que es hoy, una franquicia electoral que responde a intereses no sólo ajenos a las bases sino contrarios al bien común.

Hace unos días el senador perredista Alejandro Encinas fue más que claro al denunciar que los dirigentes nacionales del PRD promovieron al exalcalde de Iguala, José Luis Abarca y a su esposa María de los Ángeles Pineda  para que ocuparan cargos más altos dentro del partido pese a que sabían sobre sus nexos con el crimen organizado y su relación con la muerte de varios perredistas.

En estas circunstancias, Cárdenas no tenía otra opción más que deslindarse de la cúpula que hoy dirige el PRD. Ésta, en su afán por obtener cotos de poder y dinero a manos llenas, no ha dudado en aceptar dentro de sus filas a criminales como Abarca y su esposa, señalados como los autores intelectuales del ataque a los normalistas. Lo más grave es que éste no es el único caso ni un mal exclusivo del PRD. Afecta también al PRI y al PAN. Una investigación del académico Edgardo Buscaglia indica que un 72% de los 2,500 municipios que hay en México está infiltrado por el crimen organizado.

Nadie puede ocultar ya esta podredumbre. Por ello, si quieren sobrevivir, no sólo los perredistas, sino todos los partidos políticos tienen que reconocer la enorme crisis de credibilidad que enfrentan y empezar a limpiar sus dirigencias de gente indeseable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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