Homo desechabilis

Carlos Rubén Pérez

El consumismo en exceso, que caracteriza el modo de vida occidental, lleva a concebir los bienes no como un medio de satisfacer necesidades básicas, sino como conformadores de la identidad individual e, incluso, de organizaciones sociales.

Según el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, el consumismo crea necesidades artificiales. Existe la presión de grupo de que los objetos (peinados, artículos de vestir o tecnológicos, etc.) deben estar a la moda; de lo contrario, se consideran obsoletos, independientemente de que su funcionamiento sea óptimo.

El consumo es simbólico: otorga estatus. La satisfacción es breve y la descarga de dopamina es efímera, lo que genera la errónea percepción de que un mayor consumo puede bastar. Así, el bucle esclavizador se perpetúa. El consumismo y el mercado necesitan generar insatisfacción para sobrevivir.

El Dr. Tim Kasser (1966), psicólogo estadounidense especializado en el estudio del consumismo y el bienestar, es autor del libro The High Price of Materialism. En él señala que el consumismo nos aleja de las conexiones emocionales genuinas; la constante comparación nos hace ver a los otros como competidores, lo que provoca que nos centremos en acumular bienes para subir en la escala social. Incluso las experiencias placenteras, como un viaje familiar, han caído en la lógica fotogénica del «consumo de experiencias» para las redes sociales.

Estamos juntos digitalmente, pero desconectados física y emocionalmente. La sociedad prefiere promover valores que nos conducen al «tener» sobre el «pertenecer», lo que tiene un impacto negativo sobre la calidad de vida de las personas e, incluso, sobre la salud mental.

Según un informe de Ipsos de 2025, el 29% de la población mundial se reconoce infeliz. El aislamiento social afecta a un tercio de la juventud a nivel global. En países hiperindustrializados como Japón son observables fenómenos masivos de aislación social, como los hikikomori y los toyoko kids. Los primeros se aíslan en sus habitaciones, incluso de sus familiares, y solo perciben el mundo a través de las pantallas y los teclados. Según datos del gobierno nipón, se calculan en 1,5 millones, un 2% de la población del país. Los segundos son jóvenes que se congregan en barrios céntricos conformando tribus urbanas; optan por vivir en la calle y dejan a sus familias por no soportar la presión para obtener el éxito. No hay datos concluyentes que grafiquen cifras sobre este fenómeno, pero se supone que sigue en aumento. Un fenómeno similar se observa en Corea, donde se calcula que más de medio millón de jóvenes están aislados de la sociedad.

Entonces, es en el fuero interior donde cada uno de nosotros tiene la libertad de rebelarse moralmente. Escapar al sinsentido de definirnos —y definir a los que nos rodean— simplemente por el estatus. El riesgo está en desechar el misterio que subyace en cada persona y, al mismo tiempo, en desecharnos a nosotros mismos al confundirnos con los objetos que acumulamos.

 

Carlos Rubén Pérez

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos

Aires.

Diplomado en felicidad por Edutin Academy. Delaware. USA.

  • Escritor. Comunicador radial. Conferencista internacional. Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar

 

 

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