La mente más peligrosa

Carlos Rubén Pérez*

El pensamiento de Baruch Spinoza (1632-1677) representa la estructuración lógica y matemática del racionalismo. A los 23 años fue expulsado de la comunidad judía sefardí de Ámsterdam y declarado maldito tanto de día como de noche. Nadie, incluidos sus familiares, podía entablar relación con él bajo pena de sufrir la misma suerte. Educado en la tradición talmúdica, fue influido por Descartes, Hobbes y filósofos árabes como Avicena y Maimónides.

Aunque por aquellos años se respiraba tolerancia en las tierras bajas y Holanda era considerada el país más abierto de Europa, el crimen cometido por este insaciable pensador superó todos los cánones del librepensamiento.

Posteriormente a su muerte, fue considerado como uno de los principales filósofos del siglo de oro holandés. Hoy en día, sus vislumbres sobre las emociones son materia de estudio en varias disciplinas científicas y han sido corroboradas por ellas. Por ejemplo, la neurobiología respalda su concepción de las emociones como mecanismos que facilitan la supervivencia y pueden ser gestionadas de manera racional. Comprenderlas nos permite obtener poder en nuestras vidas con libertad y felicidad. Asimismo, su monismo —la no separación entre cuerpo y mente— anticipó los principios básicos de la psicología, a pesar de que en su momento esta concepción estaba contra la corriente cartesiana imperante, según la cual la mente y el cuerpo son materias separadas y de diferente naturaleza.

Por lo tanto, Spinoza fue, quizás, el filósofo más adelantado de su época y, al mismo tiempo, el más peligroso del siglo XVII.

¿Cuál fue su crimen?, quizás se pregunte el lector. Un acto que aún en la actualidad puede resultar peligroso: atreverse a pensar sin la limitación de los dogmas. Precisamente, su Tratado teológico-político fue su obra más polémica porque defendía la libertad e intentaba conocer las causas y efectos del mundo natural, así como del obrar humano bajo la guía de la razón.

Su influencia en el ámbito académico es fenomenal. Desde lo literario hasta lo filosófico, Spinoza nos interpela ante la encrucijada de la autodeterminación: nos invita a abandonar la esclavitud para refugiarnos en la libertad. Y con esa misma libertad, concibió a Dios no como un ser antropomórfico y creador, sino más bien como un orden del cosmos. De allí su pensamiento panteísta que identifica a Dios con la naturaleza. A diferencia de las concepciones religiosas, no castiga ni premia, tampoco juzga: Dios es el mundo, y el hombre no existe fuera de esa sustancia. Por lo tanto, la naturaleza humana es una con Dios, una de sus diversas manifestaciones, así como un animal, una roca o una planta.

Muchos estudiosos encuentran de manera metafórica que, para subsistir con mucha estrechez económica, se haya dedicado a pulir lentes que serían usados en la construcción de microscopios y telescopios. Así como pulía el vidrio para quitar imperfecciones y permitir una observación nítida, su filosofía semejaba una lente que enseñaba a dejar de lado el odio, el miedo y la superstición para ver la realidad tal cual es y comprender las leyes que la rigen a través de la operación de Dios (o la naturaleza), que para él eran una única sustancia infinita.

A pesar de las carencias materiales que sufrió por causa de su genialidad, jamás dudó en ser fiel a sus pensamientos. En 1673, la Universidad de Heildelberg le propuso una catedra de filosofía, bajo la condición de atemperar sus tesis. Pero Spinoza no aceptó limitación a su intelecto y rechazó la propuesta. Murió a la temprana edad de 44 años por causas pulmonares, probablemente a consecuencia de aspirar el polvo de vidrio de los cristales que pulía.

Su influencia perdura en nuestros días: la idea de la religión sujeta a la razón, la crítica al dogmatismo y a los fanatismos en cualquier manifestación, el quiebre del dualismo cuerpo-mente, el pensamiento secular y la defensa de la democracia son algunos de sus legados que, al pasar los siglos, siguen siendo menester tener presentes.

Nos encontramos la siguiente semana.

 

*Carlos Rubén Pérez

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos

Aires.

  • Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar

 

 

 

 

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