Carlos Rubén Pérez
En mayo del año pasado (2025), el filósofo surcoreano Byung-Chul Han fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias. Autor de 23 libros, es un analista agudo de la sociedad actual. Sus obras son aclamadas como reveladoras por la opinión pública. Se caracteriza por escribir libros sin la densidad académica y en formatos más bien pequeños, lo que le ha valido críticas entre algunos de sus colegas de la comunidad filosófica quienes lo acusan de carecer de profundidad. Entre sus obras destacan La sociedad del cansancio y La sociedad de la transparencia. En la primera obra citada nos habla de que el hombre actual se explota a sí mismo con la creencia de que es una elección personal, sucumbiendo a la presión de la productividad y el éxito. Así, el esclavo neoliberal, a diferencia de antaño, no tiene un amo que lo azote, sino que lo hace él mismo sintiéndose libre. Nos hemos vuelto nuestros propios explotadores en la empresa del yo.
Por otro lado, Aristóteles en su Ética a Nicómaco (349 a.C.) comienza con la sentencia: «Pues absolutamente todo, por así decirlo, lo elegimos por causa de otra cosa, excepto la felicidad. Porque ella es el fin». Para él, era un tema que trascendía las emociones o los placeres sensitivos, es el fin más elevado a que aspira todo ser humano a través de la vida virtuosa mediada por la razón. Si lo pensamos detenidamente, todo lo que hacemos, desde ir a la universidad, buscar un buen empleo, tener familia, comprar carros, viajar, es porque tenemos la creencia de que nos hará más felices. Por eso decimos que la ética aristotélica es teleológica, porque persigue un bien supremo que no es medio para conseguir otra cosa.
Si volvemos a Chul Han y aceptamos su diagnóstico, estamos en contramano con Aristóteles. El ser humano actual persigue el éxito y cree hallarlo en la fiebre del consumo. El supremo objetivo es consumir, y para ello hay que producir. Como consecuencia, pululan sistemas de creencias religiosas exprés cuyo objetivo no es salvar el alma, porque no tienen vocación piadosa; promueven milagros económicos, pactos con la divinidad a quien se la ve como socio del negocio. También, autoayudas huecas que, a través de fórmulas pseudo científicas filosóficas como «el límite solo existe en la mente», perpetúan la autoexplotación generando culpas ante la falta de éxito porque si no hay éxito, es porque faltó la fe.
Como consecuencia de esto, obviamente, el ser humano se sentirá vacío. Porque desde milenios lo dice la filosofía, después la psicología y ahora las ciencias que estudian el cerebro en su funcionamiento íntimo: los placeres sensitivos y el éxito medido en recursos económicos no dan la felicidad simplemente porque no pueden. Tan solo nos pueden dar cierto sentimiento de confort, el cual resulta deseable en la medida justa como un medio, mas no como un fin.
¿Cuánta gente no estaría muerta o en la cárcel, o no habría perdido la cordura tan solo por dejar de buscar la felicidad donde no está? Platón decía que la filosofía era la medicina que curaba el alma de la enfermedad de la ignorancia y el vicio. Entre las diferentes escuelas filosóficas, el estoicismo tiene una propuesta válida para nuestra sociedad convulsionada. Decenas de siglos ha probado y pulido sus enseñanzas y técnicas. Pero es necesario hacer una aclaración, nos permite autoayudarnos, pero no es autoayuda en el sentido común del término. Si bien es cierto, en muchas librerías los textos estoicos están en los estantes de «autoayuda», no obstante, las diferencias son notables. El estoicismo es una escuela racional porque es filosofía; por lo tanto, no nos asegura la ayuda de fuerzas divinas que impedirán que algo malo nos pueda suceder; de hecho, nos enseñará que las cosas malas nos van a ocurrir inevitablemente; no nos dirá que somos bellos y que conseguiremos la mejor pareja del mundo, tampoco nos proporcionará la fórmula de la riqueza económica. Mucho menos nos dirá que somos valiosos ni siquiera importantes.
Sin embargo, nos educará en la disciplina intelectual que nos hará cultivar la mente para poder transitar los vaivenes de la vida con virtudes que nos harán ecuánimes dándonos serenidad y sosiego ante lo que sea que deba ocurrir. Nos enseñará a estar en paz, a disfrutar lo que se tiene con agradecimiento y a ser baluartes de aquellos a quienes amamos. Aprenderemos a conocer el verdadero amor, no el que subyuga y maltrata; también, la libertad de las espurias apariencias. Necesitaremos menos porque habremos escapado a los lazos mentirosos del mercado. Toda esta sabiduría está disposición de cualquiera que lo desee, y sin importar condición. Y como siempre digo con el plus de no pagar diezmos ni seguir ciegamente a ningún maestro.
Hasta la próxima entrega. Feliz semana.
Carlos Rubén Pérez
Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.
Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.
Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires.
- Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar