Trump:  entre la blasfemia y la frustración bélica


María Luisa Arredondo*

Donald Trump nos tiene acostumbrados a múltiples desplantes de narcisismo y egolatría, pero lo que hemos presenciado en los últimos días se adentra en el terreno de lo patológico y lo sacrílego. Las recientes arremetidas del presidente contra el papa León XIV, sumadas a una imagen digital donde se equipara con la figura de Jesucristo, no solo son una falta de respeto a la diplomacia internacional; son una afrenta directa a la fe de millones y una señal alarmante de un liderazgo que ha perdido el contacto con la realidad.

Resulta inaudito que el líder de una nación que se jacta de sus valores judeocristianos utilice su plataforma Truth Social para insultar a la máxima autoridad de la Iglesia Católica. El papa León XIV, en su ejercicio de guía espiritual, tiene no solo el derecho sino el deber moral de cuestionar la violencia y abogar por la paz. Responder a la crítica pastoral con insultos y descalificaciones personales es la respuesta de quien no posee argumentos, solo bilis.

Sin embargo, el punto de inflexión ha sido la publicación de una imagen en sus redes sociales donde se le representa con rasgos y simbolismos mesiánicos. Presentarse como el nuevo Jesús no es una estrategia de mercadotecnia; es blasfemia pura.

Este uso instrumental de la religión para alimentar un culto a la personalidad es peligroso. Al intentar divinizarse, Trump no solo ofende a los creyentes, sino que intenta situarse por encima de cualquier escrutinio humano o divino. Es la táctica de quien se cree infalible, una característica que históricamente ha precedido a los desastres más grandes de la humanidad.

¿De dónde nace esta necesidad de validación divina y este odio hacia las voces de moderación? La respuesta parece hallarse en el campo de batalla. Es evidente que la guerra con Irán no se ha desarrollado según el guion de victoria rápida y aplastante que el mandatario esperaba.

Ante el estancamiento militar y el costo humano y político que esto conlleva, la frustración de Trump se desborda. Incapaz de admitir un error estratégico o de tolerar que el Papa señale la urgencia de poner fin a este conflicto y de no invocar el nombre de Dios para justificar guerras innecesarias, el presidente opta por el ataque y la deificación.

La libertad de expresión no es un cheque en blanco para el sacrilegio ni para el acoso a líderes espirituales. El pueblo estadounidense, y la comunidad internacional en su conjunto, deben reprobar esta conducta. Un líder que se cree Dios y que ataca a quienes predican la paz en tiempos de guerra es un líder que ha perdido el norte moral.

 

*María Luisa Arredondo es directora de Latinocalifornia.com y autora del libro “La vida después del cruce”.

 

Comments

comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *