María Teresa Sarabia y María Luisa Arredondo*
A un mes del asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, el luto y el dolor aún se sienten en toda la región. El primero de diciembre, en cuatro puntos importantes de la ciudad, aparecieron mantas recordando la figura de Manzo con mensajes como: “A mí me podrán matar, pero se quedan con un tigre muy enfurecido que es el pueblo de Uruapan”, “Uruapan, tierra del valiente que dio su vida por su pueblo” y “A Carlos Manzo lo asesinaron: lo imperdonable sería que el país olvide por qué”.
Estas mantas se colocaron en el Boulevard Industrial, cruce con el libramiento Oriente, conocido como “El Puente de los Colgados”; en la carretera libre Uruapan-Pátzcuaro; en el Puente 4 Caminos; y en la colonia “La Quinta”.
De Los Ángeles, California, a Uruapan, Michoacán, hay más de 2,799 kilómetros de distancia. Sin embargo, los lazos que unen a los michoacanos de esta y otras ciudades estadounidenses, donde viven más de 4 millones de migrantes de ese estado, son profundos.
Por eso, las balas que cegaron la vida de Manzo también atravesaron la frontera y se incrustaron en el corazón de numerosos uruapenses que viven en ciudades como Los Ángeles, Chicago y San Francisco, por mencionar solo algunas. Una buena parte de los migrantes michoacanos que vinieron hacia el norte lo hicieron huyendo de la violencia, del reclutamiento de jóvenes por el crimen organizado y de las extorsiones, prácticas documentadas todos los días en los medios y en distintos puntos fronterizos, donde muchos quedaron varados debido a la nueva política migratoria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Muchos consideran que el asesinato del alcalde Carlos Manzo marcará un parteaguas en la política mexicana.
Luto en ambos lados de la frontera
En Uruapan, ya pasaron más de cuatro semanas sin Carlos Manzo y la ciudad sigue de duelo. En cada calle de un municipio que, según el último censo, supera los 350 mil habitantes, la tristeza se percibe y los reclamos de justicia son constantes. Su nombre se menciona día tras día; la herida por su pérdida no cierra.
Omar Monroy, empresario uruapense con familia en Los Ángeles, afirma que pese a la incertidumbre permanecerá en Uruapan: “Se siente una situación muy tensa, desconcertante, de mucha tristeza y miedo. Se siente el vacío de un lugar que ocupaba el presidente Carlos Manzo. Hay mucha angustia en la población de Uruapan”, dijo visiblemente consternado.
Desea que surjan más líderes valientes: “Desgraciadamente, atreverse implica perder la vida y dejar a la familia y todo lo que amamos. Pero si no es así, no vamos a recuperar a nuestro México querido. Todos los mexicanos comunes esperamos que Estados Unidos sí nos apoye. Somos más, la gente buena y trabajadora, quienes pedimos al gobierno de Estados Unidos que mande a su ejército para ayudarnos a recuperar nuestro país”.
Para Monroy, lo más preocupante es que aumente el cobro de cuotas y asesinatos, y que el gobierno federal dé carta abierta a los cárteles para operar con total impunidad. Por eso pide conciencia y liderazgo ciudadano: “Es horrible vivir como muchos mexicanos, sometidos por los cárteles”.
El peso de la distancia
Alfredo Álvarez, uruapense con más de 40 años en Bell Gardens, California, siente la tristeza de quienes dejaron atrás su tierra natal, a la que quizá nunca regresará. La incertidumbre económica y la inseguridad son motivos que pesan junto con los problemas locales: las redadas de ICE, el racismo y la polarización política también afectan a los migrantes. Alfredo es dueño de un taller mecánico, generador de empleos y apoyo económico para su familia en México. Lo sucedido con Carlos Manzo fue un golpe que le impide pensar en regresar.
“En Uruapan, después de Carlos Manzo, hoy dirigido por su esposa y viuda Grecia Quiroz, existe incertidumbre, melancolía y el pueblo sigue dolido”, comenta el periodista Guillermo Cerda León. Él, que conocía a Manzo y a su familia, es testigo de cómo la gente sigue visitando cada noche el lugar de la tragedia para dejar veladoras y mensajes.
Normalmente, la última semana de noviembre se nota la visita de paisanos a Uruapan, listos para las fiestas decembrinas. Esta vez, “solo se respira un viento gélido, se ven calles solitarias, hay mucha melancolía y no hay visitantes del otro lado”, dice Cerda.
Por el alto riesgo que representan los festejos públicos para la alcaldesa Quiroz y el equipo del Movimiento del Sombrero, eventos como el desfile y actos públicos han sido cancelados.
Dudas sobre la investigacIón del asesinato
Cerda León considera que las investigaciones sobre la muerte de Manzo generan más especulación que certezas, y tiene la impresión de que a las autoridades les urge cerrar el tema.
Hasta ahora, la Fiscalía General del Estado de Michoacán ha señalado que el crimen tiene relación con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y ha identificado como el autor material del homicidio a Victor Manuel Ubaldo Vidales, un joven de 17 años que fue abatido por policías la misma noche de la agresión. El presunto autor intelectual ha sido identificado como Jorge Armando N., alias ‘El Licenciado’.
De igual forma, siete policías municipales han sido acusados de homicidio por omisión, debido a que relajaron la vigilancia de Manzo la noche del asesinato.
Muchos uruapenses piensan que la muerte del alcalde podría ser un parteaguas electoral en Michoacán. Cuando Manzo ganó la alcaldía, el Movimiento del Sombrero tuvo una participación distrital; ahora se habla de convertirlo en un partido, lo que requiere reunir un número determinado de firmas. Cerda León considera que un partido con el emblema del “Sombrero” podría sacudir las estructuras del gobierno actual.
Los michoacanos integran uno de los grupos migrantes que envía mayor cantidad de remesas a México. Según el Banco de México, en 2024, paisanos principalmente de Chicago y California enviaron casi 6 mil millones de dólares, destinados a viviendas, negocios y obras de infraestructura. Esto consolidó a Michoacán como líder en recepción de remesas, superando a Guanajuato y Jalisco.
En lo que va de 2025, siete alcaldes han sido asesinados en los estados de Michoacán, Guerrero y Oaxaca, de acuerdo con informes de las distintas fiscalías estatales.

Las balas que cegaron la vida de Manzo han causado indignación en ambos lados de la frontera.
Múltiples organizaciones civiles han denunciado “violencia política”, pero la mayoría de los casos sigue sin resolverse. Los alcaldes de municipios pequeños operan sin escoltas ni protocolos, lo que los deja a merced y totalmente vulnerables ante el crimen organizado.
Corazones michoacanos que laten en el norte
En Estados Unidos, las balas que mataron a Manzo también mataron la esperanza de miles de inmigrantes, entre los que ahora predominan la desconfianza, el temor, el miedo a volver, a invertir en sus comunidades y a participar en la vida política de los pueblos que dejaron.
Para muchos de estos inmigrantes, el asesinato de Manzo es un parteaguas en la política mexicana porque se trataba de un líder con un enorme carisma por su honestidad y valentía para enfrentar al crimen organizado. Manzo había criticado en múltiples ocasiones la estrategia de “abrazos, no balazos” y había solicitado de manera reiterada la ayuda al gobierno federal para su municipio, petición que no fue atendida. Por esta razón, su homicidio, ocurrido en una plaza pública cuando celebraba con su familia y la ciudadanía el Festival de las Velas, ha causado una enorme indignación que ha traspasado fronteras.
En Los Ángeles, un grupo de líderes inmigrantes se reunió recientemente para protestar por el asesinato del alcalde y exigir a los diferentes niveles de gobierno paz y justicia en el país. Hablaron a título personal, sin representar a ningún partido político.
Francisco “Paco” Moreno, director ejecutivo del Consejo de Federaciones Mexicanas de Norteamérica (COFEM), puntualizó que el asesinato de Manzo ha causado una gran indignación entre la comunidad mexicana migrante en Estados Unidos porque se trataba de un líder ejemplar y su homicidio refleja que el nivel de violencia e impunidad en México se ha vuelto intolerable.
“La muerte de Manzo ha sido la gota que derramó el vaso porque él buscaba justicia, no nada más para Uruapan sino para todo el país, que ya está cansado de extorsiones, desapariciones, asesinatos y, en general, de la falta de estado de derecho”, precisó el líder migrante, quien aclaró que su postura era apartidista y a título personal.
Moreno subrayó que, aunque la violencia y el narcotráfico se han enquistado en el país desde hace mucho tiempo, en los últimos años la situación se ha agravado como nunca, y le pidió a la presidenta Claudia Sheinbaum dar un viraje en su política para combatir al crimen organizado.
“Este es un llamado a la presidenta para que recapacite. Las cosas tienen que cambiar. México no puede ser el mismo después del asesinato de Manzo. Tenemos un narcoestado, no solo en Michoacán, sino en todo el país, y eso no se vale. Nuestras familias están sufriendo. A nosotros nos da miedo, como migrantes, ir a México en auto porque es muy peligroso circular por las carreteras debido a los asaltos, asesinatos y robos que ocurren prácticamente a diario. Ya basta de tanta violencia”, subrayó.
“Tenga valor, señora presidenta, y enfrente al crimen organizado con firmeza, no con estrategias fallidas como la del pasado sexenio. Igualmente hago este llamado a los gobernadores de los estados y a los presidentes municipales. Actúen para ponerle un alto a toda esta violencia criminal”, sentenció.
Parteaguas por la participación de los jóvenes
En el mismo sentido, Guadalupe Gómez, quien durante muchos años ha sido líder de los zacatecanos, aseguró que el asesinato de Manzo será un parteaguas porque ahora los jóvenes han decidido levantar la voz. “Antes no participaban en las elecciones, pero hoy han salido a las calles y este es un punto de partida. La nación no puede soportar más tanta violencia y tanta impunidad. No es creíble que la presidenta y los gobernadores no puedan erradicar esos males. Lo que pasa es que no hay voluntad política para enfrentar al crimen”, subrayó.
“Los migrantes queremos regresar a México, pero sin miedo, sin tener que escondernos. Y no es correcto que, cuando se les exige a las autoridades que hagan su trabajo para ofrecer seguridad, les echen la culpa a las administraciones pasadas. Si no pueden con el trabajo, para qué se eligieron. Hago un llamado a Claudia Sheinbaum para que deje la simulación y haga algo. No representamos a ningún partido político, simplemente somos mexicanos en el exterior que queremos apoyar y ayudar a cambiar el rumbo de México”.
Roberto Bravo, líder migrante poblano, relató que en 2012 se metió a combatir el problema de la inseguridad en su estado natal. “Cuando mataron a Manzo recordé que en una época nos dedicamos a combatir a los secuestradores. Gracias a Dios sacamos adelante ese proyecto porque no les demostramos miedo a los criminales. Hoy en Puebla hay secuestradores, pero están en la cárcel; sin embargo, ahora tenemos a los cárteles, que antes no había, y eso me da mucha tristeza.
Rechazo a la política de “abrazos, no balazos”
“Cuando escuché que el gobierno iba a implementar ‘abrazos y no balazos’ y Claudia Sheinbaum dice que los delincuentes también tienen derechos, me da mucho coraje. Ella no piensa en que los criminales van a atacar a las familias y van a causar mucho daño. Por eso les pedimos a los mexicanos que despierten y que los que estamos en el exterior apoyen y muestren su descontento yendo a las marchas, si es que tienen papeles”.
El también líder zacatecano, Guadalupe Rodríguez, fue aún más fuerte en sus declaraciones y pidió la ayuda de Estados Unidos. “Estamos cansados de que el crimen organizado siga creciendo y quitándole la vida a nuestros líderes: Hipólito Mora; Bernardo Bravo, presidente de los productores de limones, y ahora Manzo. Lo más triste es que esto va a continuar. La presidenta Claudia Sheinbaum necesita luchar de manera más fuerte y mandar a expertos que se animen a combatir de verdad el crimen organizado. Ella dice que no quiere que Trump vaya a México, pero lo malo es que yo no creo que ella le vaya a dar solución a este problema. No estoy de acuerdo con Trump por las redadas, pero si México no puede con el paquete, adelante con el plan de Trump. Hay que darle luz verde a la gente que nos quiera apoyar”.
En Michoacán, Carlos Alejandro Bautista Tafolla, del Movimiento de El Sombrero, también solicitó la ayuda de Estados Unidos para enfrentar al crimen organizado y criticó la incapacidad del estado para garantizar seguridad. “En Uruapan ya nadie pregunta ‘¿quién sigue?’, sino ‘¿cuánto falta para que el estado deje de llegar siempre después de una tragedia?’”, concluyó.
*María Teresa Sarabia es gerente de asignaciones y jefa de corresponsales nacionales en Estrella TV y María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com y autora de “La vida después del cruce”.