¿Quiénes de veras gobiernan en Cuba?

Roberto Alvarez Quiñones

En todos los países de Occidente los gobernados conocen a sus gobernantes perfectamente, excepto en Cuba.

 Ni los cubanos, ni nadie en el mundo sabe hoy a ciencia cierta quiénes además del dictador Raúl Castro toman las decisiones más importantes del gobierno y del Partido Comunista, por encima del Presidente de la República y Primer Secretario del Partido Comunista, y del Buró Político y la Asamblea Nacional.

Lo único que sí se conoce es que hay caos y crisis de gobernanza, que agravan a diario el hambre, la desnutrición del pueblo, la pobreza extrema, los apagones, la emigración masiva y otras desgracias que de hecho están acabando con el país.

Y digo quiénes, en plural, además de Castro II, porque si bien su hermano Fidel tomaba todas las decisiones sin consultar a nadie, Castro II no puede hacer lo mismo. Es un hombre de menguada inteligencia y notoria mediocridad intelectual. Y encima, “un pendejo” (cobarde en Cuba), como lo calificó Ramiro Valdés en un exabrupto que tuvo cuando combatía en Las Villas con la columna guerrilla comandada por el Che Guevara.

Lo cierto es que Raúl “el Cruel” por lo general no decide nada sin conversarlo con sus cúmbilas más cercanos. De la diferencia de personalidad que hay entre él y su hermano hay testigos, que yo conozco, de los disgustos de Fidel porque en momentos difíciles o de crisis Raúl de pronto se desaparecía y se refugiaba en el alcohol.

Al grano, no se conoce cómo se ejerce en la práctica el liderazgo raulista y del resto de la gerontocracia sobreviviente de la Sierra Maestra, y los demás mandamases militares que constituyen el poder supremo en Cuba, una especie de Junta Militar.

El problema es político, una canallada de Castro II y los históricos

No es razonable asumir que todos los miembros del Gobierno, de la alta burocracia del Estado, del PCC y de la Asamblea Nacional castristas son unos “tronco e’ yuca” (buen cubanismo), un atajo de inútiles incapaces de advertir la gravedad de la situación. Y no creo que a estas alturas haya alguno aún no convencido de que el socialismo no funciona. 

Claro, es ostensible la incompetencia de Miguel Díaz-Canel, del primer ministro, coronel retirado Manuel Marrero, y de la mayoría de los ministros, miembros del Buró Político, del aparato estatal y de la Asamblea Nacional empezando por su presidente, Esteban Lazo.  No tienen ni la preparación suficiente, ni el talento para ocupar esas responsabilidades. Pero la cosa va más allá.

Y es que estamos ante un problema político, no institucional. No son dirigentes del Gobierno, ni del PCC, quienes pueden tomar las decisiones políticas importantes, que son las que tiene que ver con cualquier cambio profundo en el país. Pero tampoco ellos presionan a los de “arriba”. 

Díaz-Canel se siente cómodo con su privilegio de “Presidente de la República”, pese a que no decide nada medular, ni tampoco como jefe del PCC. Es más, según la Constitución actual es él oficialmente el Comandante Supremo de las fuerzas armadas. ¿Se lo cree él de verdad? ¿lo aceptan Raúl Castro y el general Alvaro López Miera, ministro de las FAR?

¿Puede Díaz-Canel con todo su poder constitucional suprimir el monopolio estatal Acopio, o privatizar las empresas estatales, o restaurar la economía de mercado en la isla?

Marrero tampoco es un Premier, sino el ayudante de Díaz-Canel para dar la cara a la población, convocar reuniones para regañar a burócratas y trabajadores, y culpar al “bloqueo” de todo. Ambos muy a gusto se encargan de la administración pública y del “figurao” político para la propaganda y la exportación. Los cambios políticos no los quieren pues dejarían de vivir a todo dar, “como Carmelina”.

Por supuesto, que los dirigentes del Gobierno o del PCC no puedan tomar las grandes decisiones políticas necesarias no los exime de culpa. Y cito al eterno José Martí: “contemplar en silencio un crimen es cometerlo”.  Quienes integran el poder subordinado en Cuba no solo son cómplices de quienes toman las decisiones políticas, sino que son autores ellos mismos. Entre ellos y sus jefes están destrozando pedazo a pedazo lo que queda de la nación cubana.

Poder supremo, generales reaccionarios que viven la “dolce vita”

¿Y quiénes son esos jefes superiores? Además de Castro II hay militares históricos nonagenarios, octogenarios, septuagenarios, y algunos ni históricos, ni muy ancianos. Están por encima de la ley, del bien y el mal. No rinden cuentas a nadie y la mayoría de ellos tienen abultadas cuentas bancarias (a nombre de testaferros) en el extranjero.

Arriba, en el primer escalón de esa cofradía al lado de Castro II están los históricos comandantes Ramiro Valdés (92 años), José R. Machado Ventura (93) y el general López Miera (79 años, considerado por el dictador como un hijo adoptivo. Esos cuatro jinetes del Apocalipsis (Hambre, Peste, Muerte y Guerra) castrista son quienes más se niegan a “traicionar” el legado estalinista de Fidel Castro con un regreso a la racionalidad de la economía de mercado.

Son respaldados por los otros tres generales históricos de tres estrellas, Ramón Espinosa, Joaquín Quintas Solás (viceministros del MINFAR), y Roberto Legrá Sotolongo (jefe del Estado Mayor de las FAR), así como el general Lázaro Alvarez Casas, ministro del Interior. Y el coronel Alejandro Castro, hijo del dictador, el Fouché castrista, que a todos vigila y les “sabe” algo.

También son cófrades el ministro del Interior, los ejecutivos de la élite militar-empresarial GAESA, los jefes de los tres ejércitos del país, los jefes de la contrainteligencia y la inteligencia castristas. Posiblemente hay otros miembros más de la Junta Militar, y por eso es muy difícil dar cifras. Es a la vez un ente fantasmal, pues no tiene corporeidad institucional. Su denominador común es que son todos reaccionarios y antiliberales. Sin duda es el primer requisito para ser miembro.

Pero, en rigor no es esto del todo nuevo, si bien es cierto que Castro II lo ha magnificado. Mientras Lenin y Stalin en Rusia sentaron los cimientos del poder político en el Partido Comunista, en Cuba Fidel Castro lo afincó en las fuerzas armadas, y con él de monarca absoluto, como comandante en Jefe.

En Cuba el poder político “revolucionario” emergió del Ejército Rebelde del Movimiento 26 de Julio, no ocurrió a la inversa como establece la ortodoxia marxista-leninista.

Recordemos que desde las sombras, durante décadas, gobernó militarmente en Cuba el ilegal “Equipo de Coordinación y Apoyo al Comandante en Jefe”, creado por Castro I por encima del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y del mismísimo Buró Político del PCC. 

Culpar a ministros del desastre económico es burlarse del pueblo

Y aquí encaja la payasada de las recientes destituciones de ministros, entre ellos el de Economía y Planificación, Alejandro Gil, a quien de hecho se culpa del agravamiento de la crisis y el desastre de la economía cubana. Es cierto que es un irresponsable y un aprovechado, y todo indica que sacaba cientos de miles de dólares de Cuba para su fuga del país en el momento oportuno. Pero culparlo del desastre económico es una distorsión de la realidad.

Desde 1959 ha habido 14 ministros de Economía (contando el actual) y todos han sido destituidos (menos Osvaldo Martínez, que renunció por problemas de salud), culpados de no manejar bien la economía ¡Por favor!

Es obvio que en Cuba ya no hay un sistema coherente de gobierno. Pero eso no significa que si lo hubiera no habría en la isla una crisis humanitaria como la actual, porque no se adopta la única solución posible, desmantelar el modelo comunista-estalinista. 

Con respecto a la crisis multisistémica que está acabando con Cuba creo que tiene dos causas primarias y una adicional.

Las dos fundamentales son: 1) Castro II y su Junta Militar se niegan a rajatablas a liberar las fuerzas productivas y restaurar las libertades ciudadanas; y 2) los dirigentes del Gobierno y el PCC son vividores y oportunistas que no quieren perder sus privilegios, desean seguir disfrutando la “dolce vita” y no perderla por proponer soluciones liberales y realistas a quienes “cortan el bacalao”.

Una tercera causa, más hipotética, es que quienes en el Gobierno pudiesen elaborar reales propuestas económicas, más liberales, posiblemente no se arriesgan a presentarlas al dictador y sus apandillados porque saben que se las van rechazar y se acabarían las prebendas y la vida fácil que tienen ahora.

Conclusión:  con la hambruna ya casi declarada (el régimen pide leche a la ONU y ya no hay ni pan) hay que insistir más en acusar a Castro II y sus apandillados de crimen contra la humanidad.

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