En Cuba la canasta alimentaria cuesta 2.4 salarios promedio

Roberto Alvarez Quiñones

En todos los países con economía de mercado hay inflación, eso sí, tiene que ser moderada y manejable, con una tasa anual lo más cercana posible al 2% anual que los economistas consideran como ideal.

Y es que de no haber inflación alguna se produce lo que se conoce como deflación, o sea, los precios en vez de subir descienden, y eso desincentiva la producción y los servicios, pues no aumentan los ingresos empresariales, y por tanto, tampoco los salarios; no crece el Producto Interno Bruto, la economía se estanca o entra en una recesión profunda, con despidos masivos de trabajadores.

En Estados Unidos hay una tasa de inflación que en febrero de 2024 fue de un 3.2%, 1 décima superior a la de enero y más alta que el 2.6% registrado en Europa en febrero. Y estuvo por encima del 2% de inflación que la Reserva Federal (banco central) considera como adecuada.

La relación con Cuba en todo esto es que la inflación en EE.UU, aunque ahora es persistentemente más alta de lo normal no causa hambre o malnutrición masivamente a decenas de millones de personas, y también en que suben los salarios. No al mismo ritmo y cuantía en todos los sectores de la economía, pero algo suben. Por ejemplo, de enero de 2023 a enero de 2024 los salarios en EE.UU aumentaron en un 4.5%, según datos oficiales.

Como creo que no hay mejor vía que las comparaciones y los ejemplos para metabolizar bien ciertas situaciones en materia económica, con ese método evaluaremos una faceta del avance del hambre en Cuba, atenazada por una de las tasas inflacionarias más altas del mundo y a la vez un desplome de su producción agrícola y pecuaria, y en las importaciones de alimentos por falta de divisas.

Primero visualicemos en Miami a un matrimonio cubano ficticio que llegó de la isla no hace mucho. Viven solos. Llamémosles Pedro y Anita. Entre ambos perciben salarios mínimos (en Florida en 2024 es de $12 dólares la hora) que juntos suman $4,160 dólares mensuales. Ahora con la actual inflación están gastando hasta un 20% de sus salarios en la compra de la canasta básica de alimentos (donde se siente más la inflación), es decir, unos $832 dólares mensuales.

Alimentos para dos personas: 20,000 pesos (5 salarios mínimos)

Ahora aterricemos en La Habana y hagamos la misma abstracción, un hipotético matrimonio joven solo, Juan y Virginia, con salarios mínimos que suman ambos 4,200 pesos mensuales. No tienen nadie “afuera” que les mande dólares o paquetes con comida, y encima el costo de la canasta básica alimentaria no baja de 20,000 pesos mensuales. Es decir, cuesta 4.76 veces el salario total de ellos dos.

No, no cometí un error y puse un cero de más. Solo redondee la cifra. Actualmente en Cuba, o al menos en La Habana, la canasta básica alimentaria para dos personas cuesta 19,975 pesos mensuales, para una dieta, además, deficitaria en proteínas, calorías, vitaminas, aminoácidos y grasas necesarias.

Y no son exageraciones de la “contrarrevolución”. Lo demuestra el economista cubano residente en la isla Omar Pérez Villanueva en un estudio basado en los precios que publica la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Pérez Villanueva, que en 2013 fue expulsado del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana por “hablar con la prensa extranjera”, “indisciplina“, y “actitud irreverente“, publicó recientemente una tabla con 17 productos alimenticios, y servidas en pequeñas cantidades, que sumaron esos 19,975 pesos mensuales citados. Incluyó arroz, aceite, pan, huevos, frijoles colorados, pollo, carne de cerdo, café, viandas, verduras, y otros siete productos.

Una relación salario-precio aberrante que conduce a la hambruna

Si esa relación salario-precio de alimentos de 4.76 veces el salario mínimo para alimentarse en Cuba la trasladamos a Miami el matrimonio hipotético de Pedro y Anita para poder comer lo mínimo tendría que multiplicar por 4.76 sus actuales ingresos y ganar $19,801 dólares mensuales. Un absurdo más que kafkiano.

¿Y entonces, cómo se las arregla el matrimonio habanero? Pues Virginia y Juan, o roban, o venden lo que pueden, incluso buscando en los basureros como hace ya tanta gente, sobre todo ancianos; o luego de terminar sus jornadas laborales cuidan negocios privados, como Mipymes, u otros establecimientos en las noches, limpian o hacen “mandados” en casas de dirigentes políticos y gubernamentales, o de generales, o de gente “dolarizada”, etc.

Lo triste es que por mucho que trabajen extra es casi imposible que puedan llegar a los 20,000 pesos necesarios. Suponiendo que con suerte lograsen ganar extra unos 11,000 pesos adicionales todavía les faltarían 9,000 para costear la canasta básica alimentaria.

La carne de puerco fue la líder en esta aberrante relación precio-salario castrista, al colocarse en enero a 680 pesos la libra, según la ONEI. Si el matrimonio habanero de marras quisiese comer al menos cuatro libras de cerdo en todo el mes (lo necesita mucho) tendría que desembolsar 2,720 pesos, el 64.7% de todo lo que ganan.

Es como si Pedro y Anita en Miami pagasen $2,691 dólares por solo cuatro libras de carne de cerdo en un supermercado. Ni Ray Bradbury, paladín de la literatura de ciencia ficción estadounidense, pudo imaginarse algo así. 

Y por si alguien pudiera argumentar que me enfoco solo en personas que perciben el salario mínimo, tomemos ahora el salario promedio en Cuba, de 4,219 pesos mensuales, según el último reporte oficial disponible de 2022.

Los cubanos, simple y llanamente, ¡pasan hambre! Y punto

Si Juan y Virginia ganasen entre los dos 8,438 pesos necesitarían “guapear” (conseguir) otros 11,537 pesos para llegar a lo que les cuesta exactamente la canasta básica de los alimentos. Y si deseasen celebrar el cumpleaños de uno de ellos, o un aniversario de boda, un cake pequeño y de mala calidad no baja de 4,000 pesos.

Esto puede suceder hoy en segmentos de población muy pobres, o desamparados, en otros países del Tercer Mundo, pero de ninguna manera ocurre a nivel de casi la población total de la nación, como en Cuba.

En fin, los cubanos de a pie en la isla no solo no se pueden alimentar adecuadamente, sino que ¡pasan hambre! Se están depauperando física y mentalmente. La actual relación salario-precio de los alimentos imprescindibles está llevando a Cuba a una hambruna. Es así de simple, y patético

Y eso ocurre en un país ubicado en el corazón de Occidente que antes del castrismo se autoabastecía de todos los alimentos producibles en un clima tropical, más del 80% del total de la dieta diaria. Y el resto, como la harina de trigo, productos no tropicales y también arroz, se importaban. Nunca hubo escasez de nada. Y según la FAO era Cuba el mayor exportador de alimentos de Latinoamérica en proporción al tamaño de su población.

¿Qué hace la “revolución” para solucionar o aliviar la situación?

Lógicamente la pregunta que cualquier persona no cubana haría (a no ser que fuese un “amigo de Cuba”) es: ¿Qué hace el gobierno cubano para solucionar semejante situación-desastre?

Pues bien, invierte 13 veces más dinero en construir hoteles y en el sector turístico que en la producción de alimentos. De 2023 aún no hay cifras finales de la ONEI, pero en su informe de 2022 reveló que el gobierno dedicó el 33% de las inversiones totales al turismo, y solo un 2.6% en la agricultura.

El régimen de Castro II invirtió 23,360 millones de pesos en la construcción de obras para el sector turístico, y solo 1,855 millones de pesos en la agricultura y la ganadería. Bonita “revolución” esa que tanto alaban todavía por todo el mundo.

Y ese crimen, porque lo es, se comete cuando la ocupación hotelera del país oscila entre 15% y 25%, debido a la baja presencia de turistas internacionales. O sea, en Cuba, tres de cada cuatro habitaciones de hotel ¡están vacías! Ello nutre las sospechas de que la mafia militar dictatorial lava dinero sucio con la construcción de inmuebles que no son necesarios, pues los hoteles ya existentes están semivacíos.

Pero es así como gobiernan Castro II y sus “muchachos” nonagenarios como él, o mozos octogenarios y septuagenarios. Todos expertos, por vocación y mala entra؜ña, en hambrear y hacer sufrir cada vez más a los cubanos de a pie.

Sienten por sus coterráneos un desprecio similar al que experimentaba el rey Luis XVI por los “sans-culottes” (obreros y campesinos pobres, pequeños comerciantes y artesanos) justamente antes de estallar la Revolución Francesa. Cualquier parecido si ocurre algo parecido en Cuba no será pura coincidencia.

 

 

 

Comments

comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *