La Habana necesita 3,500 ‘guaguas’, hay 400

Roberto Alvarez Quiñones

¿Podemos imaginarnos a una multitud de habaneros enfurecidos en un día cualquiera de 1958 por tener que esperar por un ómnibus urbano entre 40 minutos y dos horas en Infanta y San Lázaro, en La Virgen del Camino, en Calle L y 23, frente al Capitolio, o en Galiano y San Rafael?

No lo creo. Solo podría ocurrir durante alguna huelga sindical en reclamo de aumentos de salarios. Y para saber por qué esa surrealista espera de la “guagua” (como le llaman los cubanos) no era posible dejemos que hablen las cifras mismas.

En 1958 La Habana, con 1.5 millones de habitantes, contaba con 2,400 autobuses. En enero de 2022 tiene 400 guaguas en servicio para 2.2 millones de habaneros.

Estadísticas como esas enfurecen a Raúl Castro y sus apandillados que usurpan el poder, porque se sienten apabullados por ellas. No tienen cómo refutar tan abrumadoras evidencias del desastre ocasionado por ellos mismos. Y asombran a los cubanos que hoy no llegan a los 67 o 70 años de edad porque descubren lo que han perdido, o les impiden tener, desde que Cuba fue “liberada de la explotación capitalista

Por algo el régimen prohíbe publicarlas. Nunca se han visto ni se verán tan elocuentes datos pretéritos en Granma, Juventud Rebelde, Cubadebate, o Trabajadores. Al silenciarlas la cúpula gobernante aprovecha la ventaja de que con la inaudita longevidad del castrismo los ciudadanos pierden el contacto con el pasado capitalista. No lo vivieron

Eso facilita los cuentos de camino. La élite castrista habla de “logros de la revolución” con cifras que son ridícula al contrastarlas con ese pasado ignoto para muchos. De ahí la necesidad de refrescar la memoria histórica y desinflar las mentiras oficiales.

Hay 700,000 habaneros más y 2,000 guaguas menos que en 1958

Antes del castrato La Habana era una de las ciudades más bellas, modernas y “mágicas” del mundo. Y contaba con uno de los mejores servicios de transporte por ómnibus a nivel mundial, con un autobús público por cada 625 habitantes. Hoy hay uno por cada 5,500 habaneros, y que sueltan los pedazos lastimosamente.

De aplicarse hoy la relación guagua-habanero de 1958 la ciudad debiera tener 3,500 ómnibus en funcionamiento, pero tiene solo 400, el 11% de los que circulaban hace 64 años ¡Casi diez veces menos!  Con 700,000 habaneros más la populosa urbe cuenta con 2,000 guaguas menos que a mediados del siglo XX.  Le faltan 3,100 para dar el mismo servicio de aquellos tiempos.

Semejante déficit de ómnibus solo se justificaría si se hubiese construido un sistema de trenes, subterráneos o no, como los hay en las principales ciudades de Latinoamérica. Sin “revolución” La Habana lo tendría hace décadas.

Pero ni guaguas, ni metro. Fue el director de Transporte en La Habana, Leandro Méndez, quien hace unos días informó que de 878 ómnibus que posee la capital, solo 435 están funcionando. Pero luego su subalterno Henry Aldama aclaró a Juventud Rebelde que esas eran las que estaban “de alta”, pero que en verdad a mediados de diciembre solo estaban en servicios 400 guaguas. Y eso, si Aldama no infló la cifra de las que funcionan realmente.

De pionera en transporte urbano, a indigente que pide limosnas

Y estamos hablando de una ciudad con un formidable “pedigree” en transporte urbano. La Habana en 1900 fue una de las primeras ciudades del mundo en tener en tranvías eléctricos, antes que muchas ciudades de Europa (incluida Madrid) y de la inmensa mayoría de las urbes latinoamericanas.

Ya en 1862 había sido la segunda ciudad de América Latina en tener tranvías tirados por caballos, luego de Ciudad de México (1858). También en La Habana circuló el primer automóvil en toda Latinoamérica, en 1900.  Antes, en 1837, fue la primera ciudad de Iberoamérica, y séptima en el mundo, en tener trenes de pasajeros y carga (La Habana-Güines, y luego hasta Bejucal).

Hasta marzo de 1959, en que Fidel Castro las estatizó, operaban en la capital dos compañías privadas de autobuses urbanos: 1) la Cooperativa de Omnibus Aliados (COA), integrada por pequeños propietarios que adquirían una o dos guaguas y las ponían en rutas escogidas por ellos; y 2) Autobuses Modernos (AMSA).  

La COA tenía 1,600 ómnibus General Motors, que eran iguales que los al mismo tiempo prestaban servicio en EE.UU. Y AMSA contaba con 800 ómnibus británicos Leyland, llamados popularmente “enfermeras” por su color blanco.

Había 3,500 taxis y no eran “almendrones” destartalados

Agreguemos a eso que de los casi 144,000 automóviles que había en Cuba en 1958, según datos oficiales, la inmensa mayoría circulaban en La Habana, incluyendo 3,500 taxis, y no destartalados con 65 años de uso o sin combustible suficiente como los llamados “almendrones” de hoy, y cuya cifra, por cierto, no la sabe nadie.

Claro, según Méndez, la crisis del transporte público se debe al “bloqueo” Dijo que lo que más golpea son las roturas por falta de piezas, la falta de neumáticos, de baterías, material para coger ponches y de filtros de aceite. También informó que de 1.2 millones de pasajeros diarios que se transportaban hace tres o cuatro años, (hasta que se desplomaron los subsidios venezolanos), ahora son 500,000 pasajeros. Menos de la mitad.

Pero en vez de privatizar el transporte urbano para solucionar de una vez el problema la dictadura pide limosnas extranjeras. La última se la imploró a Japón y hace unos días llegó a La Habana una donación de 84 autobuses nipones. Los habaneros transportados amentarán a 592,000 diarios. A los vividores que gobiernan no les importa la suerte de los otros 608,000 habaneros de los 1.2 millones mencionados, ni del otro millón de habitantes que completan la población total de la capital.

Antes demoraban entre 4 y 9 minutos, hoy entre 40 y 120 minutos

COA y AMSA ofrecían un muy eficiente servicio, con una frecuencia de entre 4 y 9 minutos entre un ómnibus y el siguiente en las horas pico.  Basta ver las fotos y películas de la época en que se ven siempre muchas guaguas en las calles. Hoy, con buena suerte demoran entre 40 y 120 minutos, si es que pasa.

Los expertos del MITRANS dicen que se necesitan 700 autobuses, 20 rutas diferentes con 30 guaguas cada una para dar buen servicio en la capital. Falso, hacen falta 3,500 y no menos de 40 rutas. Pero hay solo 16 rutas con muy pocos ómnibus, algunas con uno solo carro en servicio, según Aldama. Y la frecuencia promedio oscila entre 40 minutos y dos horas entre una y otra. O no pasa nunca.

El Gobierno, primero con dinero del Kremlin, y luego de Venezuela, gastó cientos de millones de dólares, quizás miles, en la importación de ómnibus de Checoslovaquia (Skoda), Gran Bretaña (Leyland), Hungría (Ikarus), Japón (Hino), China (Yutong), Rusia (PAZ).

Pero como tal y como le advirtió Aristóteles a su mentor Platón sobre su colectivismo comunal, por no ser propiedad privada, es decir, de nadie, aquellos vehículos duraban muy poco, destrozados por falta de mantenimiento, de piezas de repuesto, desorganización, maltrato, baches en las calles, exceso de pasajeros, salarios miserables, y por las pocas ganas de trabajar que tienen los trabajadores en el socialismo. Se hicieron inventos disparatados como los célebres “camellos”, armados artesanalmente, sin ventilación. Los pasajeros se asfixiaban de calor.

“Hombres nuevos” asaltan las guaguas y roban a los pasajeros

El colmo es que encima de todo ese desastre hoy grupos de “hombres nuevos” están asaltando ómnibus y desvalijando a los pasajeros, según reportes independientes. En el Parque de la Fraternidad dos sujetos pistola en mano se subieron a una guagua de la ruta A-5, cerraron las puertas y despojaron a todas las personas del dinero y sus objetos de valor.

También en La Cuevita (San Miguel del Padrón) asaltaron un ómnibus y le quitaron el dinero y los teléfonos celulares a todos los pasajeros. Y a un chofer de una guagua en Alamar lo asaltaron, lo golpearon y lo dejaron desnudo en la calle. Jamás hubo en La Habana precastrista asaltos armados a guaguas para robar a todos sus pasajeros.

En fin, tal y como van las cosas, los carretones, volantas y quitrines de los tiempos de Arango y Parreño o Félix Varela regresarán al paisaje habanero. Pero de hechura más primitiva y tosca, y con sus cocheros armados con machetes y palos. ¡Gracias Fidel y Raúl!

 

 

 

 

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