Cuba: revendedores son efecto, no causa de escasez

Roberto Alvarez Quiñones

Tengo edad suficiente para atestiguar que antes de 1960 no había en Cuba revendedores clandestinos de medicinas. Había farmacias por todas partes y jamás vi una cola para conseguir un medicamento, ni farmacias con sus estantes vacíos como están actualmente todas las farmacias cubanas.

Desgraciadamente hoy es todo asombrosamente diferente. Tanto, que si no existieran revendedores privados clandestinos de medicamentos no se sabe cuántos cubanos morirían habiendo podido salvarse perfectamente, ni cuántos se agravarían de sus enfermedades crónica y sufrirían agudos dolores sin alivio alguno.

Los llamados despectivamente por los medios oficiales como “revendedores” y “acaparadores” de medicamentos en Cuba, no son otra cosa que comerciantes privados que son perseguidos constantemente. Y muchos están en prisión. Ellos de hecho constituyen una red farmacéutica privada que cubre el vacío absurdo que causa el estatismo comunista.

El revendedor es efecto, no causa de escasez

Es muy simple, los revendedores en Cuba son consecuencia del estatismo comunista y no la causa de escasez alguna como dice la dictadura y sus medios oficiales. A los incautos que se lo creen hay que preguntarles. ¿Había en Cuba revendedores de medicamentos antes del comunismo? ¿Los hay actualmente en Chile, Costa Rica, Japón, Francia, Nigeria, Marruecos, o Australia?

Es el sistema comunista el único causante de la increíble escasez de fármacos en Cuba, agravada ahora por la expansión devastadora del Covid-19.

Sin embargo, en Cienfuegos el periódico oficial “5 de Septiembre” hace unos días arremetió contra los 31 “acaparadores” y “revendedores” condenados a prisión por los tribunales,acusados de “actividad económica ilícita” y “tenencia de drogas” (las medicinas), a quienes les ocuparon 20 tiras con capsulas de Azitromicina y 29 bulbos de Rocephin (antibióticos antibacterianos) y otros 45 medicamentos e insumos.

Dirigentes y sus familiares, medicinas y hospitales exclusivos

La nota periodística admitió que la mayor cantidad de medicinas incautadas fueron importadas legalmente, libre de impuestos aduaneros, por cubanos que viajaron al extranjero, a los que acusó de “ambición y oportunismo”. Y que las restantes, en mucho menor cantidad, provenían de hospitales debido a las “fisuras en nuestras instituciones de Salud que permiten el escape de medicamentos”.

Traducido del lenguaje castrista se advierten dos cosas:  1) la mayoría de las medicinas que hay ahora en el mercado negro y la gente por suerte puede conseguir son las que llevan los cubanos que viajan de regreso a Cuba; y 2) las restantes son las que roban los trabajadores del sistema de Salud Pública.

Los primeros, los viajeros, luego de satisfacer las necesidades de medicamentos de sus familiares venden el resto clandestinamente a los precios que impone ley de la oferta y demanda, pues así funciona el comercio en el mundo desde los tiempos de Babilonia hace miles de años.

Y quienes los sustraen en las farmacias y hospitales lo hacen sin ningún remordimiento, pues ven cómo los dirigentes políticos y sus familias se roban las medicinas antes que ellos y por eso no les falta ninguna medicina, por cara que sea. Y ven cómo esos oligarcas, sus parientes y amigotes reciben un tratamiento médico exquisito en hospitales exclusivos para ellos, como el CIMEQ, y otro en el reparto Kohly, ambos en La Habana, equipados con todo, con fuerte custodia militar, a los cuales la prensa tiene prohibido el acceso Y todo pagado con el dinero que le roban al pueblo.

El robo al Estado es necesario en un régimen comunista

Ah y un detalle importante, robarle a un Estado comunista no es delito sino algo necesario para evitar hambre y enfermedades. Los revendedores, coleros, y un enorme mercado subterráneo son hijos legítimos del comunismo.

Recordemos que quienes adiestraron a los cubanos en el “trapicheo” comercial clandestino fueron los técnicos soviéticos que vivían en la isla. Es lo que hacían en la Unión Soviética. Con mucha mayor escasez, con más razón los cubanos necesitan de un mercado negro que los alimente, vista, calce, los transporte, y los abastezca de medicinas.

Intentar mantener agua en las manos juntando ambas es tan tonto como pretender que una economía puede funcionar sin propiedad privada. El modelo estatista no funciona, “ni a nosotros”, como confesó Fidel Castro a un periodista de EE.UU en 2010.

Lo mismo le dijo 2,360 años antes Aristóteles al iluso Platón. La propiedad privada –le dijo el discípulo a su maestro–   es superior porque “la diversidad humana es más productiva”, y porque “los bienes cuando son comunes reciben menor cuidado que cuando son propios”

Dicho en criollo, “el ojo del amo engorda el caballo”. El cataclismo económico-social sufrido en Cuba se debe a que fue suprimido “el ojo del amo”, la propiedad privada.

La dictadura quiere acabar con comercio privado de medicinas

 

El colmo es que con el azote del Covid-19 la dictadura no solo no ha permitido siquiera excepcionalmente el comercio privado de medicamentos, sino que ha decidido arrasarlo usando incluso nuevas tecnologías de “hackeo” de chats y la intervención ilegal y descarada en grupos de WhatsApp y de Telegram. Mediante esos grupos la población obtiene medicamentos de redes organizadas por cubanos en EE.UU y España que agrupan fármacos y los envían con particulares a Cuba.

El Noticiero de TV castrista recientemente mostró varios chats y mensajes de audio privados evidentemente “hackeados” ilegalmente por el MININT. Los televidentes escucharon asombrados a personas enfermas en la isla , o sus familiares, pidiendo desesperadamente antibióticos como Rosephin, Azitromicina, Amoxicilina, Ciprofoxacina, Cefalexina, y analgésicos y reducidores de fiebre, como Dipirona y Paracetamol. Ninguno de esos medicamentos los hay hace rato las farmacias, y cuando alguna vez ”llegan” son tan pocos que se acaban enseguida. Y tampoco los hay incluso en los hospitales.

Por supuesto, los precios de esas medicinas se fijan según la ley de la oferta y la demanda, y obviamente son altos. ¿Cómo bajar esos precios?, únicamente con mucha oferta, o sea, con farmacias privadas, en las que. hay todo tipo de medicamentos.

¿Habría más fármacos si el MININT acaba con comercio privado?

La gran pregunta aquí es: ¿si el régimen lograse acabar con el comercio privado de medicamentos habría más cantidad en las farmacias y en los hospitales?  Y la respuesta es un rotundo no.

La propia presidenta del monopolio estatal BioCubaFarma, Tania Urquiza, reveló hace unos días:  “en 2021 se nos han ido acabando los suministros y materias primas y el promedio de faltas mensuales ha sido de 120 medicamentos”. Si Tania admite que son 120 la cifra real debe ser el doble o el triple. Y Rita García, burócrata de ese monopolio, informó tranquilamente que de Azitromicina, antibiótico fundamental en el tratamiento del Covid-19, “lo que se está produciendo actualmente no alcanza para llevar a la red de farmacias”.

En fin, en las farmacias cubanas no hay prácticamente nada, ni aspirinas. Los hipertensos, cardíacos o diabéticos están meses sin sus medicinas. Tampoco hay psicofármacos en un país donde la depresión y el stress son alarmantes. El 85% de los medicamentos tienen que ser importados, o importar la materia prima, y no hay divisas para ello.

Como la mayoría de los contagiados con el virus chino permanecen en sus casas, o son enviados a “centros de aislamiento” (campos de muerte) muchísimos cubanos más morirían de Covid sin los medicamentos indispensables que hoy consiguen “por la izquierda”.

Si reducen tamaño de comercio privado morirán muchos cubanos

Ahora con el “hackeo” del MININT de chats privados de los únicos abastecedores efectivos de medicamentos, la dictadura si bien no podrá acabar totalmente con las sui generismicrofarmacias privadas –nunca lo lograría—puede que sí reduzca su tamaño.

Y si lo reduce eso será otro crimen que irá al expediente letal de Raúl Castro y su asistente Miguel Díaz-Canel, pues van a causar muertes, mucho dolor y sufrimiento al pueblo cubano.

Lo que tienen que hacer esos dos misántropos es restaurar, ya, la propiedad privada. Si en Cuba las farmacias no fuesen todas estatales y hubiese laboratorios y plantas privadas de balones de oxígeno, insumos y equipos médicos, no habría escasez de medicinas, ni tantas personas sufriendo asfixiadas por el Covid-19 hasta dejar de respirar, como trágicamente está ocurriendo en toda la isla.

 

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