La amenaza de los vándalos

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

Si el procurador federal Jesús Murillo Karam manifestó cansancio durante una conferencia sobre la tragedia de Ayotzinapa, millones de mexicanos han expresado en todos los tonos que ya están hartos. Hartos de tener como gobernantes a individuos a quienes sólo les interesa llegar al poder para enriquecerse a manos llenas recurriendo a todo tipo de triquiñuelas. Hartos de estar a expensas de criminales sin corazón coludidos con la clase política para hacer todo tipo de negocios y pactos inconfesables, hartos de vivir en un país en el que las autoridades son las primeras en violar las leyes y hartos de que el nombre de México sea hoy en todo el mundo sinónimo de barbarie, corrupción, desorden e impunidad.

Por todas esas razones, las protestas no cesan. El hartazgo, el dolor y la indignación han impulsado a miles de ciudadanos a salir a las calles a exigir justicia y alto a tanta podredumbre. Pero, por desgracia, esas manifestaciones legítimas se han contaminado con la infiltración de vándalos cuyos únicos propósitos parecen ser desestabilizar al país y, sobre todo, dañar la imagen de quienes protestan de manera pacífica.

En los últimos días hemos visto saqueos a tiendas, incendios  de vehículos y de instalaciones, bloqueo de autopistas y de calles, agresiones a líderes como Cuauhtémoc Cárdenas e incluso la quema de la puerta principal del Palacio Nacional. Lo más grave es que la policía ha brillado por  su ausencia. Después del deleznable crimen ocurrido en Iguala, ahora tal parece que las autoridades tienen miedo de imponer el orden y evitar que escale la violencia propiciada por los anarquistas, lo que deja a la ciudadanía totalmente indefensa. En el caso de los hechos ocurridos el sábado pasado en el Zócalo capitalino, resulta increíble que todos los detenidos por haber quemado la puerta Mariana del Palacio Nacional hayan quedado libres. Ahora se sabe que varios de ellos fueron arrestados de manera arbitraria pues no tuvieron nada que ver. Pero ¿qué pasa con los verdaderos responsables? ¿Los dejaron ir?

Es claro que los mexicanos no queremos una policía y un gobierno represivos y criminales como los de Iguala, pero tampoco sirve para nada una autoridad que está pintada, que permanece impasible ante el vandalismo y la violencia desbordada. Esta actitud invita a más acciones de este tipo y a que se incrementen la ingobernabilidad y el caos. El gobierno está obligado a hacerle frente a estos grupos. Muchos de ellos, por cierto, ya están plenamente identificados y responden a nombres como “Okupa”, “Cruz Negra” e “Instinto Salvaje”.

Las preguntas obligadas son, por supuesto, ¿quién está detrás ellos, a qué intereses responden y por qué hasta ahora el gobierno no  ha hecho nada para detenerlos?

**María Luisa Arredondo es la directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

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