Guerrero, entre el horror y la ignominia

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

El dolor, la zozobra e impotencia que deben de sentir en estos momentos las familias de los estudiantes de Ayotzinapa son inimaginables. Durante 11 días los padres de esos jóvenes han esperado en vano que alguien les explique por qué los sueños de ver a sus hijos convertidos en maestros bien preparados, con ganas de prosperar y luchar por un mejor país se vieron quebrantados de tajo por una matanza que  horroriza por su brutalidad.

Pese al temor que les invade, los padres han mostrado una determinación admirable para exigir respuestas sobre lo ocurrido en Iguala el fatídico 26 de septiembre. Ese día, los estudiantes, que viajaban a bordo de un autobús de pasajeros, fueron atacados a sangre fría por policías municipales. Seis personas murieron, más de 12 resultaron lesionadas y 50 jóvenes desaparecieron. De ellos, se encontró con vida a 15 y se cree que al menos 28 habrían sido ejecutados y sepultados en una serie de fosas clandestinas que se acaban de descubrir.

La versión del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, es que los policías actuaron como sicarios de un grupo criminal conocido como  Guerreros Unidos y que el líder de éstos, apodado el Choki, fue quien habría dado la orden de desaparecerlos y, posteriormente, ejecutarlos.

Padres de familia exigen a las autoridades que les regresen vivos a sus hijos desparecidos.
Padres de familia exigen a las autoridades que les regresen vivos a sus hijos desparecidos.

Las familias de los estudiantes dudan de la versión de Aguirre porque no habían escuchado antes de esa agrupación ni de su líder. También sospechan del gobernador debido a que tardó demasiado tiempo en reaccionar ante la tragedia y arrestar al alcalde de Iguala, José Luis Abarca, quien de acuerdo con varios testigos, fue quien ordenó atacar a los normalistas.

Las investigaciones sobre la responsabilidad de Abarca han arrojado también que éste tiene un largo historial delictivo pues se le acusa de malversación de fondos, de haber asesinado a Arturo Hernández Cardona, uno de sus correligionarios del PRD y de tener vínculos con el cartel de los Beltrán Leyva. Pero, inexplicablemente, nadie movió nunca un dedo para procesarlo.

Por otra parte, hay que destacar que esta no es la primera vez que los estudiantes de Ayotzinapa han sido agredidos. Debido a sus frecuentes protestas contra la corrupción varias veces tuvieron graves enfrentamientos con las autoridades. Esto nos habla de que hoy, como en los peores tiempos de la represión política del PRI, en algunas poblaciones de México todavía se reprime a sangre y fuego a los estudiantes que son críticos del gobierno y defienden sus derechos.

En respuesta a lo ocurrido, el presidente Peña Nieto ha subrayado que se investigará a fondo lo ocurrido y se castigará a los responsables. Aunque la experiencia nos indica que se trata sólo de palabras huecas, sólo queda esperar que esta vez, ante la ignominia que hoy envuelve al país por esta matanza incalificable que podría dar al traste con la inestabilidad nacional y con el modelo de modernismo que el PRI quiere implementar, todos los niveles de gobierno  se unan y, más allá de partidismos, combatan la terrible violencia que tiene hundidos en la desesperanza a los mexicanos.

 

 

 

 

 

Comments

comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *