¿Quién asesinó a Pablo Neruda?

Francisco Leal Díaz.
Francisco Leal Díaz.

Tal pregunta, ¿quién asesinó a Pablo Neruda?, parece hoy, sinceramente, un absurdo. Han pasado más de 40 años de su muerte, acaecida el 23 de septiembre de 1973, en circunstancias aún no esclarecidas fehacientemente, en torno a lo cual se han entretejido disímiles argumentos para justificar el deceso del gran vate chileno.

Desde un principio se acogió lo que explicaba lacónicamente el parte médico: “Muerte por cáncer prostático”. No obstante, las suspicacias surgieron el mismo día del fallecimiento de Neruda. Tal acontecimiento movilizó entonces a la prensa mundial, particularmente por el contexto histórico que se vivía en Chile tras el cruento golpe cívico-militar del 11 de septiembre de 1973.

La muerte de Salvador Allende ese día, parapetado en el Palacio La Moneda, le infligió a Neruda un tremendo dolor. Su gran amigo, compañero de luchas políticas —aunque Neruda era comunista y Allende socialista—, había constituido para el poeta chileno el ejemplo de un gran líder luchando hasta el fin en consecuente defensa de sus ideas progresistas. Ni el alevoso ataque de los tanques ni el criminal bombardeo contra el palacio de gobierno amedrentaron a Allende para acatar la rendición, como se lo exigió Augusto Pinochet Ugarte, general rastrero que propició el golpe de Estado del 73

La perspicaz sensibilidad del poeta, sin duda, no le permitió sobrellevar el brutal atropello cometido contra el pueblo chileno, tras la muerte de Salvador Allende.

El poeta cayó entonces enfermo de pena, de tristeza, de agobiante angustia al ver sufrir a tantos hombres y mujeres adeptos al gobierno de la Unidad Popular, vilmente encarcelados, torturados, asesinados…

Pablo Neruda, quien había recibido en 1971 el Premio Nobel de Literatura, mantuvo siempre estrechos lazos de amistad con México, país en el cual había vivido algunos años cumpliendo funciones diplomáticas y culturales. Por ello, el gobierno mexicano le había otorgado un salvoconducto especial para que se trasladara de inmediato al país azteca. Internado en estado crítico en la Clínica Santa María —centro médico privado de gran prestigio en Chile—, el vate previó recuperarse ligeramente para viajar a México lindo y querido. Sin embargo, ello no fue posible: la madrugada del día 23 de septiembre un misterioso paramédico penetró sigilosamente a su habitación, quien le habría inyectado alguna extraña sustancia que le arrebató la vida abruptamente.

Esta versión la ha sostenido hasta el cansancio el propio chófer particular del poeta, Manuel Araya, quien asegura tener la certeza y evidencias de que un extraño visitante penetró en la habitación del enfermo.

Cabe recordar que sus funerales constituyeron la primera manifestación popular que protagonizó el pueblo chileno —tras el golpe cívico-militar—, ante las narices de las fuerzas armadas que custodiaban el movimiento de todos los asistentes a este emotivo sepelio, en donde se declamaron emblemáticos poemas del vate chileno, poemas recitados una y otra vez en todo el mundo: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche; escribir por ejemplo, la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos… Ya no la quiero, es cierto; pero tal vez la quiero…”

La tesis de que Neruda habría sido envenenado corrió insistentemente a través de los años, hasta que jueces y peritos obtuvieron una orden de exhumación de los restos de Neruda, examinados profusamente por especialistas internacionales. Tras las primeras indagaciones, se determinó que no existían indicios de sustancias extrañas. No obstante, un sobrino de Neruda. Rodolfo Reyes, abogado, ha persistido en solicitar nuevos exámenes, incluido el ADN, para periciar la mano de agentes peregrinos en el deceso del laureado poeta.

Sin embargo, el pueblo chileno ya no se cuestiona quien fue, verdaderamente, el asesino de Pablo Neruda. El largo brazo de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), bajo las órdenes de Manuel Contreras —en connivencia con Pinochet—, protagonizaría una larga lista de asesinatos, entre ellos Orlando Letelier, ex ministro de Allende asesinado en Washington: así como el general constitucionalista Carlos Prats y su esposa, exterminados alevosamente en Argentina.

A más 40 años del golpe cívico-militar —para imponer un salvaje sistema neoliberal—, ha trascendido con certeza que las víctimas sobrepasan las tres mil, con más de mil detenidos-desaparecidos y 30 mil torturados.

Entonces: ¿quién asesinó a Pablo Neruda? Para los tiempos actuales, este cuestionamiento es, sin duda, un evidente absurdo…

 

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