La salida de Carlos Pascual

La renuncia del embajador estadounidense en México Carlos Pascual le ha dado un respiro a la deteriorada relación

María Luisa Arredondo.

entre Los Pinos y la Casa Blanca, pero no se espera que sea por mucho tiempo.

Pese a que durante los 19 meses que permaneció en México, el gobierno de Barack Obama apoyó de manera irrestricta a Pascual, al final no le quedó otra alternativa más que aceptar su dimisión debido a que su presencia en México era ya insostenible y amenazaba con enrarecer aún más el clima de tensión entre ambas naciones.

Pese a que Pascual se condujo como un diplomático eficaz, dejó de ser un interlocutor válido entre ambos países desde el momento en que se filtraron a través de Wikileaks sus comentarios negativos en torno al ejército mexicano y a la lucha que libra Calderón en contra del narcotráfico. A partir de entonces, el presidente de México dejó de dirigirle la palabra y en varias ocasiones expresó públicamente su irritación por las opiniones del embajador.

En este sentido, podría interpretarse que para Calderón la salida del diplomático representa una victoria y para el gobierno de Obama la oportunidad de retomar el diálogo, sobre todo para impulsar temas estratégicos como son la cooperación contra el crimen organizado y la seguridad fronteriza.

La realidad, sin embargo, es que la relación no mejorará como por arte de magia con la sola llegada de otro representante de la Casa Blanca. Seguramente, al igual que Pascual, el nuevo embajador expresará de “dientes para afuera” que Washington felicita y aplaude los esfuerzos de Calderón. Y seguramente también en su interior pensará lo mismo que Pascual en cuanto al fracaso de la lucha contra el narcotráfico, una apreciación que por cierto es compartida por millones de mexicanos. La diferencia será que ahora nadie podrá creer ciegamente en los elogios que de seguro hará el nuevo embajador.

La solución de los problemas bilaterales, por otro lado, poco avanzará en este clima de desconfianza mutua. Han quedado en el tintero, por citar algunos de los más recientes y escandalosos, los detalles que permitieron la filtración de armas a México mediante la operación Rápido y Furioso, el sobrevuelo de aviones no tripulados de Estados Unidos sobre territorio mexicano y la presencia de agentes estadounidenses armados más allá del Río Bravo.

Quedan también pendientes los problemas de las deportaciones masivas de indocumentados y las leyes antiinmigrantes cada vez más severas que se han aprobado en varios estados de la Unión Americana. De la misma forma, no se ha avanzado en las negociaciones sobre el manejo de las reservas de gas y petróleo que comparten ambos países, ni en la construcción de una nueva estrategia para impulsar el comercio y la economía.

En este sentido, la salida de Pascual solamente evidencia la profunda distancia que separa, al margen de los gobiernos que estén en el poder, a dos vecinos que por razones prácticas deberían esforzarse más por tener una relación cercana y madura.

***María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

Comments

comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *