La lucha de Sylvia Méndez

Si algo desanima a Sylvia Méndez es escuchar los reportes que hablan del

María Luisa Arredondo.

atraso educativo de los latinos.

“Es muy triste saber que nuestros jóvenes son los que más abandonan la escuela,”
me dice mientras sostiene la Medalla a la Libertad que le otorgó el 14 de
febrero el presidente Obama por sus esfuerzos para inspirar a los latinos a
superarse mediante la educación.

Desde 1995 Sylvia se ha dedicado en cuerpo y alma a difundir la historia de sus
padres, Gonzalo y Felícitas Méndez, quienes en 1945 entablaron una demanda en
Los Angeles para terminar con la segregación escolar en el condado de Orange.

En ese entonces, a Sylvia y a sus dos hermanos, nacidos en California, les
negaron el acceso a una escuela en Westminster a la que asistían en su mayoría
niños anglosajones por el solo hecho de tener la piel oscura.

Su padre, Gonzalo Méndez, un inmigrante mexicano de personalidad recia, se unió
con otras cuatro familias para terminar con esa infame práctica. Tras una
intensa batalla legal, las autoridades fallaron a favor de los padres. Esta
victoria sirvió de base para que años después la Suprema Corte de Estados Unidos
prohibiera la segregación racial en las escuelas de todo el país.

Pese a la importancia del papel que tuvieron los mexicanos de Orange en la
prohibición de esa práctica, la historia permaneció en el olvido por años, lo
que causaba un gran pesar a Felícitas, la madre de Sylvia, viuda desde 1964.

“Cuando mi mamá ya estaba muy enferma, tres años antes de morir, me hizo
prometerle que yo trabajaría para que esta historia no se perdiera”, dice.
El propósito, aclara Sylvia, no sólo es hablar del pasado sino inspirar a los
padres de hoy a que continúen con la lucha de lograr mejores condiciones de
educación para sus hijos. “Aunque estén muy pobres, yo siempre les pido a los
padres que hagan hasta lo imposible para que sus hijos terminen sus estudios”,
subraya.

Sylvia, quien trabajó 33 años como enfermera, no puede tener mayor razón.
La crisis educativa por la que atraviesan los latinos es tan grave que motivó
hace unos días al presidente Obama a anunciar que para su gobierno será una
prioridad aumentar el rendimiento estudiantil en este grupo.

Pero al margen de lo que prometan los políticos, los padres de familia están
obligados a tomar acción. Es cierto que hoy vivimos tiempos de austeridad
económica y de fuertes ataques contra los inmigrantes, pero la historia de
Gonzalo Méndez y otros demuestra que no hay imposibles.

Gracias a su determinación y persistencia ellos se sobrepusieron al racismo
abierto que les tocó vivir y lograron mejores condiciones educativas no sólo
para sus hijos sino para todos los niños que pertenecen a minorías. Sin embargo,
la lucha está lejos de haber terminado. Los padres de familia de hoy deberíamos
seguir su ejemplo y entender que, aunque ya sumamos más de 50 millones en este
país, mientras no exijamos una educación de calidad para nuestros hijos,
seguiremos perdiendo la oportunidad de tener el poder político y económico que
nos corresponde.

***María Luisa Arredondo es directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

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