Prioridad: la humanidad

Carlos Rubén Pérez

En muchas ocasiones, el peligro está a la vuelta de la esquina. En la Edad Media, diversas pestes hicieron peligrar la supervivencia humana.

Evolutiva y culturalmente estamos programados para subsistir, y esto también significa sentir un temor preventivo; la humanidad siempre ha temido la posibilidad de su aniquilación. Durante el primer siglo de nuestra era, varios profetas vaticinaban el fin del mundo, como si este se encontrase próximo a la extinción: al no ser.

En el reciente siglo pasado, en dos oportunidades nuestra especie enfrentó guerras devastadoras, donde decenas de millones de personas fueron exterminadas. Y, por supuesto, subsiste el peligro de la utilización de armas nucleares, el cual no ha terminado con la caída del imperio comunista en Rusia.

Tampoco podemos negar la probabilidad de un colapso medioambiental. La pandemia de 2019 nos mostró lo vulnerables que somos como comunidad biológica.

La literatura religiosa y la novelesca nos sumieron en este escenario catastrófico en reiteradas oportunidades. Mary Shelley (1797-1851), la creadora de Frankenstein, predice en una de sus obras, El Último Hombre”, la destrucción de la sociedad durante el siglo XXI a causa de una peste globalizada. Lo que su prodigiosa inventiva no le permitió concebir a la autora es que una creación humana, producto de su inteligencia, pudiese sumarse a la lista de factores causantes del desenlace final.

Evan Hubinger vaticinó que la IA tiene una probabilidad superior al 10% de destruir a la humanidad durante la próxima década. No se trata de un desconocedor del tema, sino de un científico especialista en esa rama del saber.

Según declaró en una de sus redes sociales: «Realmente creemos con sinceridad que la IA podría matar a todos los humanos. Personalmente pienso que es superior al 10% dentro de la próxima década».

Esta afirmación deviene en apoyo a las declaraciones de Jacob Coxon, quien denunció que las corporaciones tecnológicas compiten para crear una súper inteligencia sin la valoración ética que supone semejante empresa. Según Coxon, también experto en dicha tecnología, ha escuchado en charlas privadas a especialistas corporativos expresar temores de esa índole.

A diferencia de antaño, las amenazas no son externas; hoy el hombre y su inventiva se han convertido en una seria posibilidad de autoexterminio. Independientemente de qué tan cierta sea la apreciación de ambos científicos, ¿cuándo la ética tendrá influencia sobre los poderosos? ¿Cuál es el parámetro para que los seres humanos realmente valoremos la salud de nuestro planeta?

La naturaleza nos ha dotado de un cerebro que, por sobre todas las cosas, tiene la función de mantenernos con vida frente a las amenazas. Sin embargo, funciona muy bien en la inmediatez, pero no es tan efectivo ante los riesgos mediatos.

Durante mi niñez y adolescencia, en la década de 1980, los educadores nos hablaban del cambio climático. En aquel momento nos parecía tan lejano, tan poco probable experimentar esa realidad. No obstante, hoy vemos que la situación actual es peor de lo que se vaticinaba entonces.

Por lo tanto, ¿qué podemos hacer? Resulta imperativo tomar acción sin demora para exigir a los gobernantes leyes que regulen todo lo relacionado con los avances tecnológicos, a fin de proteger el ambiente y las fuentes laborales. Primero deberíamos recordar que las personas son preeminentes. Así como en los barcos del siglo XIX, en proximidad de los botes salvavidas, estaba escrita la leyenda «prioridad: niños y mujeres», hoy en los laboratorios de las multinacionales debería haber un letrero similar que resaltara «prioridad: la humanidad».

Carlos Rubén Pérez

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos 

Aires.

  • Docente. Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar

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