El Gran Abuelo

Carlos Rubén Pérez

Fitzroya cupressoides es el nombre que el hombre le dio a un individuo majestuoso, un árbol que se encuentra en la Patagonia chilena. Su característica única —erigirse en el ser vivo más longevo del planeta— lo hace sobresalir sobre otros especímenes de alerce. Científicos de varias disciplinas estimaron su edad en 5484 años. Durante su nacimiento, la humanidad aún no había ingresado plenamente a la Edad de Bronce. En Oriente Medio, cuna de la civilización, comenzaron a circular los primeros prototipos de ruedas, mientras que también comenzó a usarse un sistema de tokens (fichas de arcilla) que daría origen a la escritura cuneiforme.

Cuando en el Antiguo Egipto se construyó la primera pirámide que tanto nos maravilla, este espécimen llevaba 827 años de vida. En nuestro continente americano, el hombre dominaba las técnicas de la agricultura, lo que permitió asentamientos fijos en la actual Mesoamérica. Por ello es que este árbol es conocido mundialmente como el Gran Abuelo.

Reflexionar en esta obra de la naturaleza nos obliga a hacerlo sobre nuestra finitud. En cuanto al rol de esta especie, el gigante de cerca de 60 metros de altura y una circunferencia de 11 metros no ha escapado a la polémica. Según se dio a conocer, había un proyecto de derribarlo para construir una carretera. Por fortuna, la opinión pública se levantó en contra de esta decisión; aunque está en territorio chileno, su unicidad despierta el interés de la mayoría de la comunidad internacional.

A diferencia de este individuo, los seres humanos tenemos conciencia del paso del tiempo y de la naturaleza perentoria de nuestra existencia. Los adelantos técnicos, los avances tecnológicos y el desarrollo científico quizás, en el fondo, simplemente sean un intento vano de no aceptar esta condición. 

El Gran Abuelo ha pervivido a los más grandes imperios de la Tierra y ha superado los cambios de la naturaleza, algunos incluso violentos. Sin embargo, en la actualidad, toda la naturaleza se encuentra en peligro por la acción codiciosa de unos pocos que perjudican a todos. No obstante, a pesar de ese riesgo, el sentido común hace suponer que cuando usted y yo, amigo lector, no estemos más en esta existencia, el Gran Abuelo seguirá asombrando y obligando a reflexionar a las generaciones que nos precederán.

Carlos Rubén Pérez

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires.

Docente. Escritor. Comunicador. Conferencista internacional.

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