La vida con filosofía

Carlos Rubén Pérez*

Es común en mi país, Argentina, escuchar en conversaciones cotidianas la frase: «Lo está tomando con filosofía». Esto se aplica cuando una persona atraviesa una situación límite de alto estrés pero, sin embargo, logra gestionar sus emociones a través de sus pensamientos.

En una sociedad convulsionada, resulta indispensable tener recursos para enfrentar el estrés y dilucidar los pensamientos distorsivos que generan emociones insanas, las cuales, a su vez, disparan conductas nocivas. La reformulación de estos pensamientos puede enfocarse desde la filosofía aplicada.

El estoicismo, por medio de un simple cambio de enfoque, nos enseña a bajar los niveles de ansiedad. Sus prácticas nos ahorran energía mental y emocional al evitar que intentemos controlar lo que escapa de nuestra esfera de decisión y acción, algo que casi siempre es inevitable. A través del entrenamiento mental, esta corriente nos ayuda a fortalecer la resiliencia y a ganar sosiego.

Por su parte, la moderación epicúrea nos enseña a valorar los placeres sustanciales en vez de los efímeros. Al liberarnos del temor a la muerte y a los dioses, nos ayuda a cultivar afectos genuinos y a disfrutar el presente. Asimismo, el existencialismo puede inducirnos a una vida más auténtica y satisfactoria.

En definitiva, esta disciplina ofrece un monumental almacén de recursos y estrategias mentales formulados hace más de dos milenios que, en la actualidad, son validados por la ciencia.

El estrés tiene un impacto significativo no solo en nuestros estados anímicos, sino también en el cuerpo, las relaciones humanas y la vida laboral. Según un estudio de la Dra. Elizabeth Blackburn, quedó demostrado que el estrés afecta la salud y la longevidad celular al acortar la longitud de los telómeros (estructuras que tienen una función protectora del ADN). Al reducirse su tamaño, la vida de la célula se acorta. Este descubrimiento le permitió ganar el Premio Nobel de Medicina en el año 2009.

Otra de las afirmaciones contundentes de esta brillante científica es que los vínculos humanos, cuando están enmarcados en un afecto genuino, nos ayudan a lidiar con el estrés.

Además de la dieta y la actividad física, el amor puede ser el mejor remedio para el cuerpo y la mente. En consecuencia, es posible inferir que, al elevar nuestra calidad de vida emocional, influimos positivamente sobre nuestra biología. Para ello, la filosofía puede ser una gran maestra que nos acompañe en la cotidianidad y en los avatares de la existencia.

 

*Carlos Rubén Pérez

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires.

Diplomado en felicidad. Edutin Academy. Newark, Delaware. USA.

  • Escritor. Comunicador radial. Conferencista internacional. Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar

 

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