El sentido de la sencillez

 

Carlos Rubén Pérez*

Aleksei Kirillov es un ingeniero, aunque también un filósofo nihilista quien cree que la humanidad se perfeccionaría si se liberase de los temores; particularmente, del temor al dolor y a la muerte. Personaje inquietante, quizás de los más atrevidos de la historia de la literatura, creado por Fiódor Dostoyevski (1821-1881) en su obra Los Demonios (1872). Este autor no pretendía gustar; quería expresar una vorágine interior para lo cual sus personajes eran el modo.

Tras su creación, el autor se cuestiona sobre el sentido de la vida. Todos, en algún momento de nuestra existencia, ante situaciones límites nos hemos planteado esta cuestión tan trascendental. La disciplina filosófica se ha preguntado sobre el «para qué» de la vida —es una cuestión milenaria— y nos otorga varias respuestas; solo hay que saber interpretarlas con practicidad. La filosofía tiene mucho de arte, y el arte se aprecia profundamente con la emoción. En el caso de Dostoyevski, toda su vida recurría a esta búsqueda; necesitaba respuestas para su alma sedienta de sosiego. Se había nutrido con Platón y Kant, pero no le bastó porque la filosofía —particularmente sin amor— es teoría vacía; el amor es belleza, aunque no antagónico del sufrimiento.

En su juventud fue detenido por participar en reuniones de un grupo político donde leían obras prohibidas por el zar. Fue condenado a muerte; en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo enfrentó un simulacro de fusilamiento que lo afectó profundamente, según confirmara posteriormente en una carta a su hermano. De todas formas, sufrió la pena de trabajos forzados en la fría Siberia (1849 -1854), donde tuvo experiencias humanas profundas e inquietantes; conoció la vileza y la nobleza de hombres en situaciones de denigración extrema.

Dostoyevski fue un adelantado a su tiempo; formuló un estilo diferente que ha influido hasta el presente en el cine, la publicidad y la moda. Autor de culto, inaugura la noción del antihéroe: personajes claroscuros que habitan las penumbras de los callejones paralelos a las grandes y glamorosas avenidas de suntuosos palacios de San Petersburgo. Hombres y mujeres urbanos que con sus vidas grises y contradictorias pueblan los bajos mundos del vicio y la denigración; personajes reales vestidos de humanidad y, por ello, atrayentes.

Volviendo a Kirillov, escapar del temor es un supremo acto de arbitrio, la libertad máxima, y para ello propone la negación física a través de la autoexterminación.

Al igual que su connacional y contemporáneo, Tolstói, creyó que la vida no tenía sentido; sin embargo, ambos escritores notaron que los campesinos rusos, bajo difíciles condiciones de vida que rayaban la esclavitud por la explotación de los poseedores de la tierra, podían llegar a ser más felices que sus patrones. Estos simplemente no se cuestionaban elucubraciones existenciales: la sencillez era su emblema y su forma de vida, lo que les quitaba el temor del porvenir.

Tolstói, considerado un «santo viviente», en su juventud había llevado una vida disipada;Dostoyevski, pecador empedernido antes de apagarse sus días, hallaría la paz redentora en la parábola bíblica del hijo pródigo. Ambos descubrieron que el placer sensorial no conduce al sentido, sino que más bien acarrea destrucción por la pérdida de libertad. La solución de uno: renunciar al egoísmo, y los temores —incluso a la muerte— desaparecerán. En cambio, para el otro, amar la vida más que el sentido a la vida es otorgar un sentido a la vida.

La libertad de ser responsable de la felicidad y el dolor del otro otorga a la existencia un sentido claro: la compasión. La sumatoria de actos de bondad nos conduce a olvidar la pregunta sobre el sentido de la vida; conocemos el «para qué» de manera intuitiva. Porque el amor es belleza que se manifiesta en actos reales y concretos, y se lo conoce también de manera intuitiva.

Nos encontramos la siguiente semana en estas líneas.

 

Carlos Rubén Pérez*

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos

Aires.

  • Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar

 

 

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