Mamdani: la fuerza de un político disruptivo

María Luisa Arredondo*

El sorprendente ascenso de Zohran Mamdani en la escena política de Nueva York es un fiel reflejo de la profunda insatisfacción de millones de ciudadanos con el estatus quo. Solo así se explica que el hoy asambleísta estatal, nacido en Uganda, de origen musulmán y con una identidad progresista, encabece las encuestas para convertirse en el próximo alcalde de la Gran Manzana, por encima de figuras de la vieja guardia del Partido Demócrata como Andrew Cuomo. 

Gran parte del éxito de Mamdani radica en haber puesto sobre la mesa lo que muchos consideran el problema fundamental de Nueva York: la carestía de la vida cotidiana. Mamdani ha centrado su campaña en promesas como el congelamiento de rentas, el transporte público gratuito, el cuidado infantil universal, el aumento al salario mínimo y tiendas de comestibles de propiedad municipal, financiadas mediante impuestos a las corporaciones y a quienes ganen más de un millón de dólares anuales. En una ciudad donde el alquiler estrangula, donde la desigualdad es cada vez más palpable y donde la sensación de abandono se profundiza, ese discurso resuena.

Pero su candidatura no está exenta de obstáculos. Su etiqueta de socialista democrático —y su asociación con organizaciones como la Democratic Socialists of America— han encendido alarmas entre moderados de su propio partido y entre aquellos que temen un desliz hacia políticas no realistas o económicamente inviables.  Además, su condición como uno de los primeros candidatos de origen musulmán y asiático en aspirar a la alcaldía de la ciudad ha activado líneas de ataque cargadas de racismo y xenofobia. 

Lo interesante es que, pese a estos retos, Mamdani ha podido construir una amplia alianza. No solo activó al electorado joven y progresista, sino que logró ingresar en distritos de clase trabajadora e inmigrantes donde la izquierda radical no tenía presencia.  Esto habla de una estrategia que va más allá de consignas: organización en terreno y mezcla de lo simbólico con lo concreto.

Si Mamdani logra ganar la alcaldía, no será una victoria menor. Podría marcar un giro real en la gobernanza de Nueva York hacia un modelo más intervencionista, redistributivo, de mayor gasto público y menor dependencia del gran capital inmobiliario y financiero. Pero dicha victoria también conlleva un riesgo: que la utopía progresista choque con la realidad presupuestaria, la resistencia del poder económico y la necesidad de gobernar más allá del núcleo duro del activismo.

La candidatura de Zohran Mamdani representa una esperanza para muchos y un reto para otros. Su ascenso confirma que estamos en un momento de ruptura, de debate profundo sobre qué ciudad queremos. Que tenga éxito o no, ya ha cambiado la conversación.

*María Luisa Arredondo es directora de Latinocalifornia.com y autora del libro “La vida después del cruce”.

 

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