Carlos Rubén Pérez
En muchas ocasiones las personas, motivadas por el temor a desencadenar un conflicto, prefieren ceder sus derechos y dejar de lado sus necesidades y de esta manera evitar una contienda directa. Sin embargo, esta opción nos conduce a la pasividad. No es necesario de ningún modo llegar a un enfrentamiento si es que aprendemos a dominar las técnicas de la asertividad. Si mantenemos el tono de voz apropiado y el contacto visual sin emociones exacerbadas podemos lograr explayar nuestras necesidades.
Nuestro modo de dirigirnos al interlocutor será siempre de manera respetuosa, incluso es importante estar atento para escuchar de manera empática y sincera. No obstante, a la hora de expresarnos lo haremos evitando las ambigüedades que podrían llevar a posibles confusiones; si fuera necesario, usaremos la técnica del parafraseo que ya hemos visto en esta columna. El mismo Aristóteles en La Retórica afirmaba que la comunicación exige la necesidad de expresar las ideas de manera clara y concisa.
También es importante evitar que la otra persona esté a la defensiva; para lograr esto no utilizaremos un lenguaje de acusación y mucho menos de crítica, sino más bien uno donde predomine el YO; de esa manera podremos mantener una conexión que genere confianza en el otro y seguridad en nosotros mismos.
Este modo de comunicarnos facilita enormemente la posibilidad de expresar nuestras necesidades, pero al mismo tiempo, si practicamos la escucha atenta estaremos participando de las necesidades de la otra persona.
El filósofo y psicólogo Marshall Rosenberg, padre de la comunicación no violenta, señala que la efectividad del intercambio dialógico debe estar guiada siempre por principios de empatía, honestidad y respeto.
Esta conducta nos permitirá esgrimir nuestros argumentos y desacuerdos motivados por los razonamientos y no por las emociones. Aun así, es altamente probable que haya muchos puntos en común con la opinión de la otra parte. Después de todo, expresar una opinión diferente no es un evento deportivo donde se debe “ganar”. En realidad, si resolvemos las diferencias de manera colaborativa y no confrontativa habremos ganado todos en el ámbito en que esta ocurriese, familia, trabajo, etc.
No es fácil incorporar este modelo comunicacional. Citando nuevamente a Aristóteles, tengamos presente que para él las virtudes éticas deben avezarse de forma constante hasta que ellas puedan moldear nuestro carácter. Son estas las que se practican y las dianoéticas las que se aprenden intelectivamente. Con las segundas podremos vivir vidas ecuánimes escapando de los exesos y las carencias.
Estimados lectores de LatinoCalifornia, me despido de ustedes hasta la próxima semana.
Carlos Rubén Pérez
Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.
Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.
Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires.
- Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Embajador Cultural Asorbaex de España. Reconocido por el Circle Universel Des Ambassadeurs de la Paix Suisse/France.
Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar