Mujeres que siembran el terror

Martha Sáenz 

La participación de las mujeres en actos violentos se está volviendo algo a lo cual no nos podemos acostumbrar sin poner seria atención a lo que sucede.

Ver las noticias cuando la protagonista principal es una madre no puede volverse algo rutinario cuando nosotros como sociedad lo queramos dejar pasar como hechos aislados o extraordinarios.

Hace unos cuantos días una mujer asesinó a sus dos hijos y después trató de suicidarse, ayer una mujer entró a un evento público con un arma en una mano y en la otra con un niño pequeño disparando sin ton ni son.

¿Qué está sucediendo?

¿Es este un hecho aislado?

¿Es algo que por unos días nos va a cimbrar y después lo vamos a olvidar?

Desafortunadamente no creo que sea así de simple, la realidad supera nuestra superficialidad para ver.

En la Psicología femenina se habla del “instinto herido de las mujeres” madres que han sido torturadas a nivel físico o emocional, por la familia y la cultura.

Las distintas clases de madres  heridas son: 

“La madre ambivalente”, la que teme asumir una postura, cede con demasiada facilidad y le cuesta mucho exigir respeto.

“La madre derrumbada”, cuando ella ha sufrido una injusticia, generalmente en su infancia y nadie pagó o la reparó, una madre que no está disponible para nadie, ni siquiera para sí misma. 

“La madre niña”, una madre frágil y muy ingenua, que insistía en tener hijos, y después se aparta de ellos. Existen varias clases más de madres, y el mencionar solo algunas nos puede ayudar a entender que es lo que en la actualidad sucede. Un problema serio al que necesitamos ponerle atención y asegurarnos de que las mujeres sean fuertes para que tengan hijas fuertes, y familias sanas.

Las mujeres no debemos seguir siendo las protagonistas expuestas u ocultas de una sociedad que está en crisis.

La violencia que aparentemente está dirigida por los hombres, es el resultado de la intervención de una familia donde hubo una madre, una esposa, una hermana, o una hija. Pongamos atención para entender qué es lo que sucede, no podemos cerrar los ojos a la realidad que nos está dejando sin palabras.

Esas mujeres y muchas más que ante nuestros ojos han cometido hechos aterradores, no eran invisibles. Tenían familia, amigos, vecinos, padres, etc.

No podemos seguir con una venda en los ojos.

Lo mínimo que como sociedad nos corresponde es sentir empatía ante el dolor humano, si vemos que alguien está a punto de caer en un precipicio emocional, está bien no darle la mano para que no nos lleve con ella, pero si podemos orientar, avisar o pedir ayuda para que no se vuelvan casos inaceptables y nos quedemos con un “si yo hubiera”

 

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