A 65 años del golpe de Estado de Fidel que “legalizó” su dictadura

Roberto Alvarez Quiñones

Hace unos días, el 13 de febrero, se cumplieron 65 años del golpe de Estado “invisible” que le propinó Fidel Castro al presidente del Gobierno Provisional Revolucionario (GPR) de Cuba, Manuel Urrutia, con el cual se inició oficialmente la dictadura castrista y se abrió el camino hacia el totalitarismo.

Desde la Sierra Maestra Fidel había prometido por la Radio Rebelde (la planta emisora que tenía en su confortable Comandancia de La Plata) que al triunfar la revolución se convocarían elecciones en un plazo no mayor de 18 meses, para “refundar una república democrática basada en la Constitución de 1940.”

Y se comprometió a designar como presidente provisional del país en esos 18 meses a Manuel Urrutia Lleó, el magistrado que defendió la causa de los asaltantes (terroristas) del cuartel Moncada en 1953.

Sin disparar un tiro, el 1 de enero de 1959 Castro I entró en Santiago de Cuba. El coronel José Rego Rubido, jefe militar de esa ciudad, horas antes se había rendido con sus tropas y armamento, y accedido a que las fuerzas rebeldes entraran a ocupar la ciudad. Ya el dictador Fulgencio Batista se había ido del país.

Hábilmente nombró como Presidente y Premier a anticomunistas

En la noche de aquel Día de Año Nuevo, ante una multitud frente al Ayuntamiento santiaguero, Fidel (apenas combatió en los dos años de guerra) lanzó su discurso de la “victoria”. Reiteró su promesa de convocar elecciones. Al final del acto el magistrado Urrutia tomó allí posesión como como Presidente Provisional de Cuba y se dirigió a la jubilosa multitud.

Castro I le “insinuó” que lo nombrara a él “Comandante en Jefe de las Fuerzas de Mar, Aire y Tierra de la República”. Estaba reeditando la historia del postmachadato, cuando el general Batista fue el “hombre fuerte” de Cuba por encima de seis presidentes civiles desde 1933 a 1940.

Hábilmente, para que el nuevo gobierno fuera aceptado por Washington y la comunidad internacional, y consciente del arraigado rechazo al comunismo vigente en Cuba entonces, Fidel había decidido poner de Presidente a un abogado anticomunista, Urrutia, y como Primer Ministro a otro abogado anticomunista, José Miró Cardona, presidente del Colegio de Abogados de La Habana y asesor jurídico de importantes empresas estadounidenses en la isla.

Pero desde el Hotel Habana Hilton, donde fijó primeramente su residencia en el piso 23 (suite 2324), y luego en su residencia privada en Cojímar, era Fidel quien decidía lo que debía hacer “la revolución”, no importaba si el presidente Urrutia estaba de acuerdo, o no.

La única persona que tuvo poder real para darle órdenes a Fidel

Y algo muy poco, o nada abordado históricamente es que desde el 1 de enero hasta la mitad de febrero de 1959, Urrutia como Presidente de la República fue la única persona en Cuba que ostentó legalmente mayor jerarquía oficial y más poder real que Fidel Castro. Durante 44 días rigió la Constitución de 1940 y el Presidente de la República podía darle órdenes a Fidel, una atribución que Osvaldo Dorticós, ni nadie más, tuvo nunca después. 

Claro, Urrutia seguramente nunca se atrevió a darle ninguna orden a Fidel, y si lo hizo alguna vez el comandante debió reírse de él en su cara. 

Pero que el Presidente tuviera legalmente más poder ejecutivo que él era inaceptable para Fidel, no solo por su cósmica egolatría, sino porque era un obstáculo para su proyecto “revolucionario”: la posterior sovietización de Cuba.

Por eso el 13 de febrero de 1959 Urrutia de hecho fue derrocado por un golpe de Estado furtivo, pianísimo. Ese día, aunque con fecha 7 de febrero, salió en la Gaceta Oficial de Cuba la “Ley Fundamental de la República de Cuba”, redactada por Castro I con la ayuda técnica de Dorticós y otros “revolucionarios”, con la cual se modificó arbitrariamente la Constitución de 1940 y se convirtió en Jefe de Gobierno a la figura del Primer Ministro, por encima del Presidente de la República. También se le arrebató al Congreso la función de Poder Legislativo, que pasó al Consejo de Ministros.

El furtivo golpe despejó el tortuoso camino hacia el comunismo

Como era de esperar, tres días después, el 16 de febrero, Fidel tomó posesión como flamante Primer Ministro en sustitución de Miró Cardona, pero ahora ya como jefe del Gobierno.

Por cierto, hay otro detalle poco analizado. Del 13 al 16 de febrero de 1959 fue Miró Cardona legalmente  jefe de Fidel Castro, pues como Premier en esos tres días, Miró fue jefe del Poder Ejecutivo.

Con la Ley Fundamental el camino quedó despejado para avanzar paulatinamente hacia el comunismo. Claro, Fidel de momento siguió mintiendo. Al tomar posesión como Premier declaró que lo hacía “provisionalmente, por un deber patriótico”, y aseguró: “Yo no soy un aspirante a Presidente de la República… no me importa ningún cargo público, no me interesa el poder”.

Tan poquito le interesaba que acababa de convertir el Presidente de Cuba en un “cero a la izquierda”, en figura solo protocolar subordinada a él (Fidel). Urrutia quedó para el “figurao” político y diplomático, para firmar las leyes que redactaban Fidel y su gente, y para recibir las cartas credenciales de los nuevos embajadores, pues técnicamente era el Jefe de Estado. Recuerdo muy bien que muchos lo llamaban “cuchara”, porque “ni pincha, ni corta”.

“Que quede bien claro que nosotros no somos comunistas”

Pero Castro I todavía no se podía quitar la máscara de demócrata. En abril de 1959, de visita en Estados Unidos, en el Club de Prensa de New York el Premier cubano dijo: “Que quede bien claro que nosotros no somos comunistas. Que quede bien claro”.  Y en Washington le dijo a los periodistas: “Yo no estoy de acuerdo con el comunismo. Cuba no nacionalizará ni expropiará propiedades privadas extranjeras y buscará, por el contrario, inversiones adicionales“.

De regreso, en una entrevista concedida en La Habana al periodista José Ignacio Rasco, Fidel le aseguró:

“No soy comunista por tres razones, y te lo digo para tu tranquilidad espiritual. Primero, porque el comunismo es la dictadura de una sola clase y yo he luchado toda mi vida contra las dictaduras y no voy a caer en una dictadura del proletariado. La segunda razón, porque el comunismo significa odio y luchas de clases y yo estoy en contra completamente de esa filosofía. Y la tercera porque el comunismo lucha contra Dios y la Iglesia…”

Pero tres meses después el “anticomunista” Fidel acusó al presidente Urrutia de “traición a la patria” precisamente por criticar  la influencia creciente de los comunistas en las esferas del poder político e institucional del país. El 13 de julio Urrutia hizo esa afirmación en una entrevista de prensa que concedió en Palacio, en la que también insinuó la necesidad de convocar elecciones libres.

Le echó “las masas’ a Urrutia y tuvo que asilarse en una embajada

Fidel se indignó y el 17 de julio renunció como Primer Ministro. Pero por la noche de ese mismo día, en la TV acusó de “traición” al presidente Urrutia y le echó “las masas” encima para que renunciara. Todavía estaba él ante las cámaras de TV cuando se supo que Urrutia había renunciado. No solo renunció, temiendo que lo podían fusilar por “traición a la patria”, huyó de Palacio y se refugió en la embajada de Venezuela.

El colmo fue que en esa misma comparecencia televisiva del 17 de julio Fidel expresó: “Creo que los comunistas le hacen un daño terrible a Cuba y declaro aquí a plena responsabilidad (…) lo que he dicho siempre, que rechazo el apoyo de los comunistas y creo que los verdaderos revolucionarios cubanos deben rechazarlo abiertamente”. Jamás otro gobernante en la historia mintió tan groseramente a su pueblo.

Ya como monarca absoluto, Castro dijo “¿Elecciones para qué?”

Y ya casi en la madrugada del día 18 Fidel enseguida nombró al procomunista Osvaldo Dorticós como nuevo “Presidente”, o sea, su pelele Jefe de Estado, de mentiritas.

Si con el golpe de Estado del 16 de febrero de 1959 Fidel Castro se estrenó “legalmente” como dictador, el 17 de julio se afianzó como tirano totalitario ya sin obstáculos políticos, o burocráticos.

Baste recordar que 10 meses después, en mayo de 1960, el ya monarca absoluto lanzó la consigna de “¿Elecciones para qué? Cinco meses después estatizó toda la economía. Y seis meses más tarde, el 16 de abril de 1961, declaró formalmente el carácter comunista de la “revolución”. Hasta el día de hoy.

 

 

 

 

 

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