Un fracaso, la cumbre de la CELAC en México

María Luisa Arredondo*

Si algo quedó claro durante la pasada cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada en México, es que el sueño de lograr la unidad entre los países de la región sigue siendo eso, solo un sueño.

Desde su inicio, el encuentro fue un fracaso. De los 32 gobernantes invitados, solamente asistieron 17. Algunos mandatarios justificaron su ausencia por problemas políticos internos fuertes, como en el caso de Argentina; otros se abstuvieron de asistir porque tenían reuniones más importantes y otros, como Brasil, no consideraron que valiera la pena participar. En cualquier caso, la poca asistencia demostró que el gobierno mexicano, anfitrión de la cumbre, no tiene el poder de convocatoria ni el liderazgo que desearía.

La CELAC, cabe destacar, es un mecanismo intergubernamental de diálogo y de concertación política. Se creó en 2011 para avanzar temas como el desarrollo social, la educación, el desarme nuclear, la cultura, la energía y el medio ambiente.

Durante la reunión, sin embargo, el gran ausente fue justamente el espíritu de diálogo y de concertación política, en gran medida a causa de México. En lugar de asumir un papel conciliador para impulsar temas de interés común como la vacunación, López Obrador optó por encabezar la polémica postura de tratar de debilitar a la Organización de Estados Americanos (OEA) como una forma de enfrentar a Washington por su reticencia a permitir el ingreso de Cuba.

Como era de esperarse, los esfuerzos de México en ese sentido lo único que hicieron fue poner de relieve la honda división que hay entre los gobiernos izquierdistas y los aliados de Estados Unidos.

Aunque López Obrador siempre se ha identificado con la izquierda, no dejó de sorprender su actitud de abierta provocación hacia la Casa Blanca y su irrestricto respaldo al cubano Miguel Díaz Canel, a quien distinguió como invitado especial durante la celebración de las fiestas patrias. No conforme con ello le echó en cara a Joe Biden que continúe con el embargo hacia la isla, dijo que la revolución cubana debería ser considerada patrimonio de la humanidad, le dio un trato preferencial al venezolano Nicolás Maduro y sentó en la última fila de invitados a Ken Salazar, el nuevo embajador de Estados Unidos en México.

Las excesivas muestras de apoyo de López Obrador a los dictadores de la región causaron un profundo malestar entre varios de los asistentes. Tanto los presidentes de Uruguay como de Paraguay subrayaron que les preocupa mucho lo que ocurre en Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde no existe la democracia y se acallan las protestas mediante la represión y la violación a los derechos humanos.  

Estas críticas dieron lugar a una agria respuesta por parte de Maduro, a quien Estados Unidos acusa de narcotráfico y por quien ofrece una recompensa de 15 millones de dólares.

Al final, la cumbre concluyó con un mal sabor de boca para todos. López Obrador no logró unir a la región en contra de Washington y, lo más grave, ahora tendrá que hacer como que no pasó nada y verle la cara a Biden para que, entre otras cosas, le ayude a resolver la crisis migratoria y a impulsar el crecimiento de México mediante el T-MEC. Totalmente kafkiano.

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

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