Consulta popular: gran fracaso de AMLO

María Luisa Arredondo*

La baja participación de los mexicanos en la consulta popular promovida por López Obrador para decidir el enjuiciamiento de sus antecesores deja una lección muy clara: a los electores no se les puede engañar.

Aunque algunos mexicanos vieron en esta consulta un mecanismo para combatir la corrupción y la impunidad, los resultados indican que a la mayoría no le interesó participar porque consideraron que era un ejercicio inútil y demagógico por una sencilla razón: la justicia no tiene que someterse a votación. Si López Obrador quisiera de verdad investigar y enjuiciar a sus predecesores lo haría directamente. No sólo tiene todos los recursos y facultades para hacerlo, sino que, en caso de que tenga pruebas contra ellos, está obligado a denunciarlos. De lo contrario podría incurrir en el delito de encubrimiento.

A la consulta tampoco le ayudó el hecho de que la Suprema Corte modificara la pregunta inicial de si se debía investigar y juzgar a los expresidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Con el supuesto fin de preservar la presunción de inocencia de los exmandatarios, los ministros transformaron la pregunta en un largo y confuso enunciado que fue objeto de todo tipo de críticas y burlas. El semanario “The Economist” incluso calificó la pregunta de “cantinflesca”.

Y, por último, aunque resulte paradójico, López Obrador también saboteó la consulta al declarar que no participaría y que, en caso de votar, lo haría por el “no”, supuestamente porque no es amante de la venganza. Otro factor que podría explicar la conducta contradictoria del presidente es que en realidad no le interesa perseguir a sus antecesores porque se dice que tiene un “pacto de impunidad” con Peña Nieto.

Al final del día, el resultado no pudo ser más desastroso. Solo el 7.7% del electorado acudió a las urnas, una cifra muy por debajo del 40% que se requería para que la consulta fuera vinculante.

López Obrador, como era de esperarse, no quiso admitir el fracaso. Por el contrario, se vanaglorió de los resultados al señalar, contra toda lógica, que la consulta había sido todo un éxito. Estoy contento por los resultados, además nunca había participado tanta gente en una consulta de las que se han registrado históricamente”, dijo. Y destacó que el 97% de los que votaron lo hicieron por el “sí”.

La realidad, sin embargo, es que la consulta fue un gran fracaso para López Obrador porque no pudo convencer de esta farsa ni siquiera a su base.  En 2018 el ahora presidente obtuvo 30 millones de votos. El pasado 1 de agosto solamente 7 millones. Y aunque no quiera aceptarlo en público, debe de estar preocupado porque ya se avecina la siguiente gran prueba: la consulta sobre la revocación de su mandato, programada para marzo de 2022.

De aquí a esa fecha, López Obrador está obligado a dar mejores resultados. Difícilmente obtendrá el apoyo que tuvo al ganar la presidencia si el país sigue en caída libre en temas tan sensibles como el mal manejo de la pandemia, la incontenible espiral de violencia, la persistencia de la corrupción, la falta de medicamentos y el empobrecimiento de millones de mexicanos.

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

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