En Cuba hoy no es posible una cuarentena

 

Roberto Álvarez Quiñones.
Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Alvarez Quiñones

Si hay un pueblo en el mundo expuesto a sufrir una catástrofe humanitaria por el coronavirus, ese es el cubano, debido al sistema comunista que padece desde mediados del siglo pasado.

Y no solo  porque el gobierno lanzó una campaña promocional internacional que llevó a Cuba a decenas de miles de turistas extranjeros cuando el mundo entero les cerraba las puertas, sino porque la “revolución”  hizo trizas una de las economías más prósperas de América Latina –según las estadísticas de la ONU–  y convirtió al pueblo cubano en uno de los más pobres  e  indefensos del hemisferio occidental.

Como consecuencia de esa pobreza  y la desidia gubernamental, en Cuba  es imposible  que las personas puedan acogerse a una cuarentena en sus casas para no contraer el coronavirus.  Forzosamente tienen que salir a diario a la calle a buscar algún alimento que poner en la mesa. No es posible dejar de hacer colas y evitar las aglomeraciones de personas.

Y es que solo se pueden adquirir  alimentos en pequeñas cantidades porque –gracias al comunismo– no hay en el país mercados bien abastecidos  para adquirir grandes cantidades para varios días o semanas. Pero además,  la gente  sale diariamente a la calle y hace colas, pero eso no garantiza que va a conseguir alimentos. La mayoría de las veces regresa a la casa con las manos vacías.

Por otra parte, muchos de los alimentos de la canasta básica están incluidos rígidamente en la cartilla de racionamiento, que Fidel Castro bautizó eufemísticamente en 1962  como “Libreta de Abastecimientos”,  y cada familia solo puede adquirir las cantidades mínimas que establece  dicha cartilla, que apenas alcanzan para 10 o 12 días.

Una libra de pollo mensual para cada cubano

O sea, según el racionamiento de alimentos, a cada cubano le “toca” comprar mensualmente solo una libra de pollo (cuando lo hay);  10 onzas de frijoles, 10 onzas de chícharos, 7 libras de arroz, 4 libras de azúcar, medio litro de aceite de soya, un paquete de 115 gramos con 50% de café puro y 50% de chícharos tostados; y 15 huevos. Los menores, de 14 años reciben 1 libra de picadillo y 11 onzas de pollo. Y los niños menores de 7 años reciben un litro diario de leche, fundamentalmente importada en polvo, pues Cuba produce hoy, con el doble de habitantes,  la mitad de los 960 millones de litros de leche fresca que producía  en 1958.

Por eso cada familia para no pasar hambre, no importa si hay coronavirus, o no, tiene que salir y tocar  en las puertas de las casas de los revendedores clandestinos del mercado negro, y hacer otras gestiones en plena calle para completar lo que no le suministra la “libreta”.

Lo alarmante es que según reporta la prensa independiente, lo mismo por la “libreta” que fuera de ella, ahora en el mercado negro es casi imposible conseguir pollo y otros productos cárnicos, arroz, frijoles, aceite, sal, galletas dulces, y saladas, jabón, pasta dental, detergente, y otras cosas imprescindibles.

Virginia, una jubilada de 67 años, de Guantánamo, se quejó ante un periodista  independiente de que ella percibe 325 pesos de pensión, o sea, 13.5 dólares mensuales, y que luego de pagar los 112 pesos (4.6 dólares) por su “balita de gas” ¿qué me queda para la comida?

Cierto, qué le queda  si según los economistas el costo mensual de  la canasta básica de alimentos en Cuba oscila entre 84 y 100 dólares. Ese no solo es el drama de Virginia y de los cientos de miles de jubilados cubanos, sino el de toda la población de un país cuyo salario promedio es de 44 dólares mensuales, cifra mucho más baja que los 65 dólares vigentes en Haití, la nación más pobre de Occidente.

Aumenta la indolencia de la cúpula castrista

Y contra toda lógica, o sentido común, en estos momentos de pandemia aumenta  la indolencia  de la cúpula dictatorial, encabezada por los dinosaurios “históricos” Raúl Castro  y José R. Machado Ventura, quienes se siguen negando a liberar las fuerzas productivas pese a que el país se derrumba económica y socialmente, y la quiebra financiera  le imposibilita al Estado importar alimentos y todo lo que es incapaz de producir. Ambos siguen aferrados a un modelo social que fue tirado a la basura en 33 de los 35 países que lo sufrieron en el siglo XX (excepto Cuba y Corea del Norte).

Ante el azote del coronavirus ahora el gobierno dice a la población,  correctamente, que permanezca en sus hogares, pero no acompaña esa decisión con medidas para que los agricultores privados aumenten sus cosechas. Son ellos los que más alimentos producen. Y no permite la distribución privada de productos agropecuarios al margen de Acopio (el Estado), incapaz de hacerlo adecuadamente.

Para colmo, el régimen acaba de suprimir la venta libre de algunos productos agrícolas y pecuarios fundamentales que hasta ahora se vendían libremente y los ha incluido también en la “libreta”, que ahora tiene 23 productos en total rigurosamente racionados.

Al implantarse más controles y toparse los precios se agravará la escasez. El Estado paga menos a los agricultores privados por sus productos. Estos reducirán la producción, o esconderán  buena  parte de la cosecha para colocarla en el mercado negro, pero a mayor precio porque le agregarán  una “prima” por el riesgo de recibir multas,  o prisión, y otra para compensar el bajo precio que les pagará el Estado por sus productos ahora por la “libreta”. Al final los alimentos racionados no alcanzarán para todos, la gente acudirá al mercado  negro, que ahora será más caro.

El cuento chino del “bloqueo”

En fin, el Partido Comunista de Cuba impide que haya más alimentos en el país, y hasta podría desatarse una hambruna. Es un resultado neto del poder marxista-leninista castrista, que va más lejos que el de China, donde los campesinos producen y venden libremente sus productos en el mercado. Allí el sector privado genera el 70% del Producto Interno Bruto (PIB) y en Cuba solo el 8%, según las estadísticas oficiales.

Si a los octogenarios históricos que siguen mandando en Cuba les queda una pizca de decoro debieran suprimir todas las trabajas existentes para que los productores privados produzcan más y aumenten  la producción de alimentos,  incluyendo los subsidiados (racionados),  y poder  bajar los precios de todos los alimentos en general.

Y que dejen ya de culpar  al “bloqueo” de EE.UU del desastre económico-social en el país. Que no oculten más lo que en Cuba casi nadie sabe, que si liberan las fuerzas productivas ahí mismo se acaba el embargo, pues la ley Helms-Burton atañe solo al sector  estatal y no al privado, el cual podría comerciar libremente con EE.UU y conseguir préstamos millonarios de los bancos estadounidenses.

Además,  esa misma ley permite la exportación a Cuba de alimentos y medicinas. Cuba compra a EE.UU el 20% de todas sus importaciones de alimentos y en 2019 rondaron los $300 millones.  Y también en 2019 llegaron a la isla (libres de polvo y paja) algo más de $6,700 millones en remesas, paquetes y viajes turísticos.  El “enemigo imperialista” es ya la primera fuente de divisas del castrismo, por encima del dinero confiscado a los médicos en ultramar. Encima, La Habana puede importar libremente de todo desde los otros 194 países que hay en el mundo.

Deplorable infraestructura de salud pública

En cuanto al aspecto sanitario, de no haber habido una revolución comunista  hoy Cuba no sería tan pobre y dispondría de un sistema de salud  tan moderno y eficiente  como el de Costa Rica, que tiene uno de los mejores del mundo según la calificadora International Living;  o como el de Uruguay, muy avanzado y que  incluye a todos los residentes en el país. Cuba antes del cataclismo castrista estaba a la par de esos dos países en materia sanitaria.

Pero hoy Cuba tiene  la más deplorable y vergonzosa infraestructura de salud pública quizás de toda la historia republicana, con una escasez asombrosa de  medicamentos y 65 hospitales menos que en 2010, un panorama de higiene medieval por falta de agua, jabón, detergente, desinfectantes. Y encima Castro II envía decenas de miles médicos y enfermeros al extranjero para expropiarles las divisas que perciban.

Conclusión, los cubanos de a pie tienen cuatro grandes obstáculos para evitar contagiarse con el Covid-19: 1) tienen que salir a la calle a diario para poder comer; 2) no hay alimentos ni productos de aseo suficientes a la venta; 3) no tienen dinero para adquirir grandes cantidades si los hubiese; y 4) el actual sistema de salud está en condiciones casi ruinosas, no es capaz de dar respuesta adecuada a la pandemia.

 

 

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