Ebrard y el fiasco de la Línea 12

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

El caso de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México es inédito. Nunca antes en los 46 años que tiene de haberse inaugurado ese sistema de transporte se tuvo que cerrar de manera parcial o total una línea al poco tiempo de haber entrado en operación debido a fallas severas en su infraestructura.

La más joven de las líneas del Metro se inauguró el 30 de octubre de 2012 en un ambiente festivo. Marcelo Ebrard, quien en ese entonces era el jefe de gobierno de la Ciudad de México, la presentó como la obra cumbre de su administración, que estaba a punto de concluir. Se perfilaba en ese entonces como candidato a la presidencia por el PRD y se suponía que la línea contribuiría a subir sus bonos políticos.

Pero sucedió exactamente lo contrario. Año y medio después de haber empezado a funcionar, el nuevo gobierno del Distrito Federal tuvo que cerrar 11 de las 20 estaciones de la Línea debido a errores generales de operación, diseño y mantenimiento.

La responsabilidad se ha centrado en Ebrard, a quien una Comisión Especial de la Cámara de Diputados que vigila los recursos federales aplicados a la Línea 12 culpa por las fallas de la obra, junto al exsecretario de Finanzas, Mario Delegado y al exdirector del Proyecto Metro, Enrique Horcasitas.

El pasado domingo Ebrard protagonizó un tremendo escándalo al presentarse de manera imprevista ante la citada comisión para defenderse de las imputaciones. Sin embargo, se le impidió hablar porque su intervención no estaba programada.  En respuesta, el exjefe de gobierno capitalino se ha quejado ante la prensa de ser víctima de un complot político y ha pedido a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) que se dicten las medidas necesarias para que tenga un debido proceso.

Ebrard asegura que las acusaciones en su contra han sido orquestadas desde Los Pinos y tienen un tinte político para obstaculizar sus aspiraciones de convertirse en diputado, posiblemente de Morena, el partido que encabeza López Obrador.

Hay quienes piensan que se trata de una venganza por parte de Peña Nieto debido a que algunos columnistas señalaron que Ebrard estuvo detrás de la investigación periodística que descubrió el conflicto de interés en la compra de la “casa Blanca”. Esta versión ha sido negada tanto por Ebrard como por la periodista Carmen Aristegui, responsable de esa investigación. Sin embargo, Ebrard insiste en que el gobierno federal y el PRI están empeñados en destruir su fama política.

El exjefe de gobierno del D.F. tiene derecho, desde luego, a una defensa adecuada y se le debe dar oportunidad de que exponga sus argumentos. Pero al margen de los posibles motivos políticos que haya detrás de la investigación de la Cámara de Diputados lo importante es que el fiasco de la Línea 12 no quede impune.

No es posible que se hayan derrochado los más de 46 mil millones de pesos que costó la obra, además de las pérdidas diarias que ha ocasionado su cierre, sin que haya responsables. Alguien tiene que pagar y, aunque Ebrard diga que se trata de un complot en su contra,  el hecho de que la línea se haya inaugurado bajo su gobierno, lo obliga a explicar lo que pasó pues tiene, al menos, una responsabilidad política. Deben responder también las compañías privadas que participaron en la construcción de la obra y todos aquellos que dieron luz verde al fallido proyecto.

**María Luisa Arredondo es fundadora y directora general ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

 

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