México: preocupación por el petróleo

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

La reforma energética en México no podía haber entrado en vigor en un momento peor. Las expectativas que el gobierno de Enrique Peña Nieto  había creado en torno a una vigorosa recuperación económica gracias a la apertura del sector petrolero a la inversión extranjera se han derrumbado como un castillo de naipes debido a la estrepitosa baja de los precios internacionales del crudo.

A principios de esta semana, la mezcla mexicana de petróleo había descendido a $38.11 por barril, una pérdida del 17.64% tan sólo en lo que va de 2015. Estos son los niveles más bajos en el precio del crudo desde marzo de 2009, cuando llegó a cotizarse en $39.60 por barril.

Lo más grave es que, según la firma Goldman Sachs, no se puede anticipar hasta dónde ni cuándo se detendrá la caída, dado que los países del Golfo Pérsico no han dado señales de que disminuirán la producción. Para México las pérdidas han sido devastadoras, puesto que tan sólo en junio del año pasado el barril llegó a cotizarse a $117.54.

Debido a que los ingresos por la venta del petróleo representan el 33% del gasto público, el impacto que tendrá la caída de este combustible en la economía mexicana será enorme. Durante 2015, el daño podrá amortiguarse hasta cierto punto gracias a que el gobierno adquirió una cobertura petrolera que asegura en 76.4 dólares el precio del barril. Sin embargo, los funcionarios de Hacienda han explicado que la aplicación de las coberturas no es inmediata y ésas se activarán hasta finales de año, cuando culmine la vigencia de los contratos.

El problema más grave se vislumbra a partir de 2016, porque para entonces ya no habrá coberturas. Para enfrentar la situación el gobierno ha subrayado que no aumentará impuestos. En lugar de ello recortará el gasto público y es de temerse que los afectados sean, como siempre, los grupos más vulnerables.

Por lo pronto, los primeros perjudicados serán los gobiernos estatales que dependen de la federación para pagar incluso la nómina de sus empleados. La única salida que tendrán será la de recurrir al endeudamiento excesivo.

Otro factor que preocupa es la escasez de gasolina en varios estados por el robo masivo de combustible en Pemex. La paraestatal estima que el 5% de su producción se va a al mercado negro. A ello se agrega el problema de que las refinerías mexicanas no producen suficiente gasolina y esto obliga a importar el 25% de lo que consume el país. El gobierno esperaba enfrentar algunos de estos retos con la reforma energética, pero el desplome del crudo ha abierto numerosas dudas sobre el interés de los posibles inversionistas. Peor escenario, imposible.

 

 

 

 

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