¿Quién reconstruirá Cuba?

Roberto Álvarez Quiñones.
Roberto Álvarez Quiñones.

‘El sector privado de verdad, Señor…’

La inteligencia castrista mueve hoy como nunca a sus agentes y “amigos” en Estados Unidos para alimentar el poderoso lobby en Washington  –encabezado mediáticamente por The New York Times, que incluso ya alaba abiertamente a Fidel Castro– que presiona para que se restablezcan las relaciones diplomáticas y se levante graciosamente el embargo comercial contra la dictadura (cosa que, por cierto, la eternizaría).

Y esto ocurre “casualmente” en momentos en que desciende el precio del petróleo, peligran más que nunca los subsidios venezolanos y empeora aceleradamente  la crisis crónica de la economía cubana.

Cuba ya suelta los pedazos poco a poco. Aumenta la pobreza, la desesperanza y la infelicidad de sus ciudadanos. Es de tal magnitud el cataclismo económico, social, moral y antropológico ocasionado por la cincuentenaria tiranía de los hermanos Castro  que resulta ya muy difícil hacer siquiera una evaluación de dicha catástrofe. Y ese diagnóstico será lo primero que habrá que hacer para la reconstrucción del país.

No ha habido un caso parecido en la historia moderna. Ningún otro país de la Tierra está hoy más atrasado económica y socialmente que a mediados del siglo XX.  Antes que Fidel y Raúl Castro asaltaran el poder en 1959,  el nivel de vida en Cuba era uno de los más altos de Latinoamérica y superaba al de varios países europeos, incluyendo España, la Madre Patria. Hoy la nación es extremadamente pobre.

Pero se equivocan de plano quienes abogan por darle un fuerte y amistoso abrazo a los Castro para que sean “buenitos” y  aceleren las llamadas reformas. suponiendo que con el aporte financiero de empresarios cubanoamericanos y estadounidenses,  y con créditos internacionales, los cuentapropistas se convertirán en un pujante sector privado. A mí me gustaría creer eso también. Sería formidable una avalancha de americanos en Cuba, y de inversiones estadounidenses desbordan al castrismo y  todo en Cuba cambiara. Pero desgraciadamente eso no va a ocurrir.

Los Castro quieren créditos frescos, pero tienen otros planes.  Aspiran a que  una nueva claque cívico-militar sea la que se convierta en capitalista – y nadie más–,  dentro de un modelo de capitalismo de Estado  diferente al chino, con mayor control y manipulación del mercado. Suponiendo que llegasen a Cuba inversionistas estadounidenses y cubanoamericanos sólo podrían hacer negocios con esa naciente casta empresarial neocastrista y no con los cuentapropistas.

Paradójicamente el cese del embargo lejos de fomentar un amplio sector privado independiente impediría que este se desarrolle. Porque al tener acceso a créditos (que no pagaría) y fortalecerse financieramente,  el régimen estalinista comenzaría a cortar las alas a los actuales timbiriches para impedir que se vinculen con el capital extranjero,  y empezarían a fortalecer el sector estatal. No se permitirá que los pequeños negocios crezcan y se independicen del capitalismo de Estado.  Quienes conocemos un poquito la naturaleza del castrismo lo sabemos.

Pero hay más, un “cambio de política” de EE.UU  hacia Cuba  tendría otras cinco consecuencias funestas:   1) buena parte de los dólares obtenidos por el régimen se dedicaría  a modernizar el aparato represivo; 2) se daría marcha atrás a muchas de las llamadas “reformas”; 3) se podría subsidiar el improductivo sector estatal; 4) no sería liberada  la iniciativa privada; y 5)  facilitaría que una vez desaparecidos los Castro se instale en el poder un régimen neocastrista.

El argumento de que se deben profundizar las reformas raulistas es erróneo de origen. Cuba no necesita  reformas, sino que  la gerontocracia de la Sierra Maestra salga ya del poder y la nación regrese a la normalidad, con economía de mercado,  y que el pueblo tenga al menos las libertades y derechos civiles y políticos que tenía antes del 10 de marzo de 1952, cuando el general Batista  tomó el poder por la fuerza.

A Pinochet, a los Somoza, o a los gorilas que gobernaron Argentina y Brasil  nunca  les pidieron que hicieran reformas políticas y se mantuvieran ellos en el poder. ¿A los Castro sí porque son “dictadores  buenos” de izquierda?

Llegar al nivel cero

La situación de Cuba es tan absurda que todos en la isla se darían por dichosos si la nación pudiese regresar al pasado en la máquina de Herbert G. Wells y alcanzar el mismo nivel de vida que tenía en los años 50 del siglo pasado.  Y es que el país en materia socioeconómica está por debajo de cero y  necesita primero llegar a cero para luego construir el futuro.

Ese “viaje a la semilla” no será posible si se levantan las sanciones,  millones de  turistas estadounidenses van a la isla  y la banca de Wall Street  le lanza salvavidas crediticios a la dictadura. Lo que debiera  hace el “Times” es coadyuvar a que se presione y se apoye por todos los medios a los disidentes  y hostigar a la tiranía para obligarla a hacer cambios reales y abrir un proceso de transición a la democracia liberal.

Con los Castro y los “históricos” fuera de escena – fallecidos o expulsados–y con una fuerte  presión interna y externa,  podría lograrse en La Habana un inicial gobierno de transición a la democracia que podría estar integrado por líderes de la oposición interna y  por ciertas figuras pragmáticas y anti-estalinistas que hoy forman parte, o son muy cercanas a la “nomenklatura” gobernante. Recordemos a Adolfo Suárez en España, o a Boris Yeltsin en Rusia.

Renacimiento postcastrista

Sólo con la liberación total de las fuerzas productivas,  amparadas por un Estado de derecho que garantice las libertades, la legalidad y con las instituciones necesarias, es que se podrá  levantar a Cuba de sus cenizas. El sector privado sacó a Europa de la larguísima noche medieval  y erigió el mundo moderno que hoy conocemos. Y será el que protagonizará el Renacimiento postcastrista.

Serán los cubanos a los que hoy se les prohíbe ser prósperos empresarios, con la participación masiva de la banca internacional y nacional, e inversionistas extranjeros y cubanoamericanos, quienes reconstruirán la devastada economía cubana y edificarán plantas industriales y de servicios,  con la más moderna tecnología.

Igualmente desarrollarán la producción agrícola y ganadera, el comercio mayorista y minorista, edificios para oficinas, equipos de transporte,  medios de comunicación, salas de cine, gasolineras, farmacias, centros comerciales, hoteles, compañías de seguros, etc.

Nada de eso lo podría hacer la mafia cívico-militar que se prepara para dar continuidad al régimen autoritario y “socialista de Estado”,  tras la partida eterna de los Castro. Lo hará un sector privado de verdad, como lo hay en el resto del mundo.

Obviamente, la creación de la infraestructura necesaria correrá a cargo del nuevo Estado, que dada la magnitud del desastre inicialmente deberá pedir créditos internacionales para reparar: y construir  autopistas, vías férreas, puertos, aeropuertos, sistemas de telecomunicaciones, alcantarillados, acueductos,  carreteras, avenidas, correos, hospitales, plantas de generación de electricidad, escuelas, universidades, servicios sociales, etc.

La vivienda será una de las esferas en que será clave la “mano invisible” de Smith. Según cifras oficiales, en la isla hay un déficit de unas 600,000 viviendas. Sólo cubrir ese déficit habitacional costará decenas de miles de millones que el gobierno no podría financiar.

Agréguense los millones de inmuebles que requieren reparaciones capitales. Además, las casas y apartamentos requieren servicio eléctrico, agua potable, supermercados, escuelas, farmacias, parques. De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas, de los 3.8 millones de viviendas de  la isla, el 30%  no cuenta con agua suministrada por un acueducto.

Y  “Granma” ha informado que en La Habana se pierde el 70% del agua bombeada desde  el acueducto debido al ruinoso estado  de los 2,194 kilómetros de las redes de abasto. Asimismo, hoy la única vía que  une a  Pinar del Río con Santiago de Cuba  es  la Carretera Central de 1,139 kilómetros construida  hace 84 años por Gerardo Machado.

En fin,  la tarea de reconstruir y modernizar la economía cubana será  gigantesca. Y mientras más se prolongue la dictadura, con  ingenuas concesiones como las que pide el diario neoyorquino,  más difícil y costoso será todo, pues Cuba no podrá contar con la gallina de los huevos de oro que es el sector privado,  nacional y foráneo.

Parodiemos la respuesta que el  pueblo cordobés de Fuenteovejuna –recreado por Lope de Vega– daba al juez al preguntar quién mató al Comendador,  y preguntemos:   “¿Quién reconstruirá Cuba? El sector privado de verdad,  Señor.”

 

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