México: traición del Estado

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

Ninguna de las consignas expresadas durante las múltiples protestas efectuadas en México por la tragedia de Ayotzinapa sintetiza mejor el clamor popular contra esos hechos que la de “Fue el Estado”, escrita en la explanada del Zócalo capitalino la noche del 24 de octubre.

Y es que, a diferencia de  las otras 22 mil personas que oficialmente están desaparecidas en México donde no sabemos a ciencia cierta qué ocurrió, en el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa es claro para quienes hemos seguido los reportes periodísticos que los responsables fueron los diferentes niveles de gobierno, desde la alcaldía y la policía municipal coludidas con el crimen organizado hasta el gobernador y el primer mandatario, negligentes y ajenos a lo que acontecía en Iguala.

La consigna, desde luego, provoca escalofríos por las enormes implicaciones y consecuencias que tiene. Significa que el Estado, cuya misión principal debe ser velar por la seguridad de los ciudadanos, no sólo ha fracasado en esta tarea sino que ha hecho todo lo contrario, es decir, ha traicionado el propósito para el que fue creado  y se ha  convertido en verdugo de sus gobernados.

Foto: Claroscuro.
Foto: Claroscuro.

El tema sigue en boca de todos pese a los esfuerzos del gobierno por cerrar este trágico capítulo. Esta semana, por ejemplo, incluso los empresarios más importantes del país, reunidos en una cumbre de negocios en Querétaro, tocaron el asunto de la inseguridad. Desde Carlos Slim hasta Claudio X. González coincidieron en que se solidarizan con la sociedad agravada que demanda justicia. El ex primer ministro británico Tony Blair, quien acudió como invitado, fue más allá y manifestó que es necesario que México haga prevalecer el imperio de la ley y proteja a la población de menores recursos que es siempre la más afectada.

Estas declaraciones sin duda han calado hondo en la administración de Peña Nieto que, desde que asumió el poder, trató de cambiar por decreto la imagen de México, de un país azotado por la violencia a uno moderno, con orden y plenitud de oportunidades para invertir.

La realidad nos ha demostrado, sin embargo, que no se puede construir la modernidad sobre la base de la corrupción y el terror. Para que México sea de verdad el país que Peña Nieto desea vender al mundo y que todos los mexicanos queremos hay que empezar por reconocer que necesitamos andar un largo camino para erradicar la impunidad, los abusos de los poderosos, el imperio del narco, las desigualdades sociales y la falta de oportunidades, empezando por la educación. El Estado tiene el deber de preparar a sus jóvenes, de proteger su integridad física y su derecho a expresarse y a ser críticos. De lo contrario, no habrá futuro ni para ese gobierno ni para el país.

 

 

 

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