Fiesta de esperanza en LA al preverse una reforma migratoria

  • “Esta es una fiesta de la esperanza”, dijo el padre Alejandro Salalinde Foto: Leopoldo Peña

Bertha Rodríguez/Latinocalifornia

Como una fiesta de la esperanza pero también como un momento de redoblar la lucha, fueron las dos principales consideraciones expresadas por los manifestantes en las dos marchas del primero de mayo en Los Ángeles.

La congresista demócrata por California, Maxine Waters, resumió muy bien el sentir de miles de inmigrantes que marcharon por las calles de Los Ángeles, al señalar que ya es tiempo de que los legisladores aprueben una reforma migratoria.  “Queremos ciudadanía para los once millones de inmigrantes. Queremos unir a las familias y que no haya más detenciones”.

Tras señalar que los inmigrantes ya han esperado demasiado tiempo, trabajado duro y pagado impuestos, la congresista afirmó que la legalización ya está a la vuelta de la esquina.

“Gracias por su paciencia, por mantener la esperanza. Digan a sus hijos que esperen un poquito más. Vamos a tenerla [ la reforma]. Ya está a la vuelta de la esquina”, reiteró la legisladora federal al tomar la palabra en la Placita Olvera, al terminar la primera marcha.

Esta movilización se caracterizó por tener la participación de varios sindicatos y organizaciones de inmigrantes. Destacó el entusiasmo de miembros del Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN), la Coalición en Los Angeles por los Derechos Humanos de los Migrantes (CHIRLA), el Consejo de Federaciones Mexicanas en Norteamérica (COFEM), la organización de clérigos CLUE, la de jornaleros NDLON, el Instituto de Educación Popuar del Sur de California (IDEPSCA) y Hermandad Mexicana Nacional, así como varias secciones locales de sindicatos como la Federación del Trabajo del Condado de Los Angeles AFL-CIO y el Sindicato Internacional de Empleos y Servicios (SEIU USWW), entre otros.

Ambas marchas partieron de la intersección de Olympic y Broadway. En la primera, que inició al mediodía, fueron desplegados coloridos carteles y enormes figuras que representaban a familias migrantes. Había grupos de latinoamericanos (mexicanos, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y peruanos) pero también coreanos miembros de la organización KIWA, que como cada año, animan la marcha con su banda de música. También había grupos de filipinos, africanos y algunos representantes de la comunidad judía como los rabinos Jonathan Klein y Daniel Mehlman quienes tomaron la palabra al inicio de la marcha.

También estuvieron presentes el reverendo de origen africano Abraham Kicha y el padre de la iglesia católica Nuestra Señora Reina de Los Angeles, Richard Estrada.

Desde que comenzó la concentración, el lugar de reunión se convirtió en una fiesta en la que ondeaban numerosas banderas de diversos países. Estuvieron presentes un sinnúmero de grupos musicales como Los Jornaleros del Norte, la banda de música oaxaqueña Tamborazo del Valle, el mariachi Los Dorados de Villa y grupos de danza azteca. Más tarde tocarían en la Placita Olvera las populares bandas de rock (y fusión de otros géneros), como la Santa Cecilia, Quetzal, Viento y la Chamba Chicha.

Las familias entrevistadas coincidieron en señalar que “el inmigrante es el que más trabaja en este país y apoya a la economía”, como señaló Alejandro López, quien marchó empujando la carreola con su niño de tres años.

“Primero Dios sí va a haber reforma migratoria”, deseó Rosa Murillo que junto a su esposo y dos pequeñas caminó bajo los ardientes rayos del sol. Murillo, quien lleva 17 años en Estados Unidos, viajó desde Riverside para participar en la marcha.

En opinión de su familia, las manifestaciones que se realizan en todo el país para pedir una reforma migratoria, sí tienen un impacto en las decisiones que toman los congresistas en Washington.

“Ya hay demasiadas familias que necesitan legalizarse para que puedan trabajar sin miedo, para que puedan salir a la calle sin miedo, para que puedan visitar a sus familiares en sus países de origen. Los migrantes contribuimos con mano de obra barata; los patrones no nos pagan lo que debe de ser, trabajamos horarios largos…”, dijo Edmundo Pérez, mientras sostenía una gran manta que mostraban un grupo de oaxaqueños del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB).

Pérez dijo que los inmigrantes no son una carga para el gobierno de Estados Unidos. “Al contrario, venimos a contribuir, cada vez que compramos algo pagamos impuestos. Nada es gratis en este país, tenemos que trabajar para poder sobrevivir”, comentó.

María Elena Durazo, lideresa de la AFL-CIO local, también indicó que es urgente una legalización para que los trabajadores vivan sin miedo. “Merecemos derechos y respeto por el trabajo que hacemos en este país”, dijo.

Agregó que con una reforma migratoria once millones de personas “vamos a tener igualdad. No queremos un programa de braceros, no queremos deportaciones. Queremos una ciudadanía completa”.

Añadió que “no somos ilegales, somos seres humanos. No pedimos limosna, no pedimos nada gratis. Pedimos libertad e igualdad”.

La directora ejecutiva de CHIRLA, Angélica Salas dirigió un mensaje a los congresistas al afirmar que los inmigrantes “no somos piezas de ajedrez. Nuestras familias no se negocian”.

Juan José Gutiérrez, de la organización Vamos Unidos, dijo que con las marchas, los inmigrantes envían un mensaje a todo el mundo. “No solamente por una reforma migratoria sino por no continuar siendo los esclavos modernos de la economía norteamericana. No somos ilegales, somos trabajadores y ya nos ganamos las micas”, aseveró.

Como símbolo de libertad, los líderes de la primera marcha soltaron decenas de palomas blancas que volaron en parvada.

Marcha de Jóvenes

En la segunda marcha, que partió a las 16:00 horas desde el mismo lugar que la primera, fue notoria la participación de jóvenes. También esta marcha fue multicultural y el ambiente festivo era contagioso. En varias ocasiones se vio al padre mexicano Alejandro Solalinde moverse al ritmo del rap.

Solalinde caminó enmedio de la vanguardia de la marcha. Iba acompañado por el equipo que forma parte de  la caravana “Abriendo Puertas a la Esperanza” (que recorrerá 26 ciudades hasta llegar a Washington D.C, a finales de mayo).

También estuvo presente un grupo de periodistas mexicanas que mostraron carteles de denuncia por la violencia y asesinatos de sus colegas en México. Al final de la movilización se presentó un fragmento de la obra de teatro Silenced Screams, que refleja las amenazas en contra de los informadores.

El integrante de Unión del Barrio Daniel Montes advirtió que los inmigrantes “merecemos más” de lo que ofrece la iniciativa de reforma presentada por el senado.

“Si permanecemos en nuestras casas y si sólo seguimos lo que dicen los políticos, la reforma migratoria será limitada”, dijo y  pronosticó que si los migrantes no se organizan en las escuelas, barrios, trabajos y en sus vecindarios, los beneficios de la propuesta “se van a ir reduciendo”.

Pidió a los presentes pensar más allá de una reforma migratoria, enfocándose en “las malas condiciones en nuestras comunidades, en nuestros barrios…sólo organizados vamos a lograr (algo mejor)”, consideró.

Fiesta de la Esperanza

Con una amplia sonrisa, el padre Alejandro Solalinde dijo de la marcha: “Esta es una fiesta de la esperanza, una fiesta de las razas, veo muchos jóvenes. Los jóvenes son el futuro, unidos lograremos un mundo diferente…Los latinos nos venimos por dólares, la misión de los migrantes es cambiar el corazón de Estados Unidos. No pierdan la esperanza porque ese Dios de la vida, ese Dios es migrante”.

Alex Sánchez, de la organización Homies Unidos, dijo que como está la actual propuesta de reforma migratoria, dejaría fuera de la legalización a miles de jóvenes que por alguna u otra razón estuvieron involucrados en delitos como pertenecer a pandillas. Varios oradores señalaron que los migrantes no debían pedir una reforma migratoria sino exigir sus derechos por generar la riqueza del país. Esta fue la marcha de los rebeldes.

 

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