La vida del músico Ulises Bella, en un puñado de párrafos

El saxofón de Ulises Bella lleva años acompañando al artista por el mundo entero.

En pleno corazón de la ciudad de Bell comenzó a forjarse hace más de tres décadas la trayectoria musical de Ulises Bella, un artista de padre español y madre mexicana cuyo clarinete y saxofón llevan años acompañándolo por el mundo entero.

Este concertista de culturas mezcladas heredó la pasión musical de su padre, a quien de niño escuchaba tocar el violín clásico en el hogar familiar. Siguiendo los pasos de su progenitor, Bella inició a los ocho años sus estudios de piano, clarinete y saxofón. Ya en la adolescencia se graduaría del Instituto de Arte de Los Ángeles, sentando así las bases de una imparable carrera musical.

Durante los últimos diecisiete años, Bella ha formado parte de Ozomatli, una banda multicultural cuyo nombre rinde tributo al dios del baile y de la música azteca, y cuyos ritmos variados se han escuchado en cuarenta y siete países del planeta.

Bella asegura que allí donde se alzan las barreras lingüísticas entre dos pueblos es donde el poder universal de la música logra derribarlas, uniendo a comunidades distintas y a sociedades enfrentadas.

“La música es un lenguaje de comunicación con otras culturas que no hablan el mismo idioma que uno”.

Durante esas giras dentro y fuera de Estados Unidos, Bella ha ido acumulando experiencias inolvidables. Uno de los momentos cumbre para este artista fue llevar los ritmos de su banda hasta Mongolia y Nepal, donde la fuerza de sus melodías se propagó con intensidad por la sangre de los nativos poniendo a bailar a más de 10.000 personas.

Pero quizá, los recuerdos que con más cariño rememora Bella son aquéllos de su infancia – esos recuerdos que brotan de su corazón cuando el músico y su banda tocan en el Hollywood Bowl, uno de los lugares más emblemáticos de Los Ángeles y adonde el artista acudía de pequeño para participar de voluntario en el Festival de Jazz de la ciudad.

Desde que Bella se uniera a Ozomatli, las armonías del grupo no le han resultado indiferentes a nadie. Y de ahí que la banda fuera nombrada embajadora cultural de Estados Unidos en el año 2007 – un privilegio del que en su día también gozaron leyendas musicales como Louis Armstrong, y que le ha permitido a los integrantes del conjunto descubrir lugares recónditos y exóticos de Nepal, Oriente Medio, la India, Indonesia o Australia.

La música de esta banda californiana nunca deja de sonar. Tampoco lo hace para reivindicar un sinfín de causas políticas, sociales y humanas a través de su participación en conciertos benéficos.

“Las causas que pesan más en el corazón son las que apoyamos”, dice Bella.

En su día se solidarizaron con el movimiento Zapatista en México y denunciaron las guerras que Estados Unidos emprendió en Irak y Afganistán. Ahora, Ozomatli toca para exigir que se respeten los derechos de los inmigrantes que llegaron a este país en un intento desesperado por huir de la pobreza extrema que les azotaba en su países de origen.

En las últimas semanas, la banda ha brindado su apoyo al movimiento estudiantil que nació en México para reivindicar unas elecciones presidenciales transparentes y limpias.

“El gobierno se aprovecha de la gente y les roba”. “Pero siempre habrá gente que luche por la justicia”, comenta el músico antes de continuar su análisis y criticar con firmeza el fraude y la corrupción que sacudió hace unos años las ciudad que le vio crecer.

“Lo que pasó en Bell es un modelo pequeño de lo que pasa en la sociedad entera”.

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