Gabriela Olmos…”Con los ojos cerrados”

Gabriela Olmos.

Por: María Teresa Sarabia

Conocí a Gabi Olmos en un abrir y cerrar de ojos.  Y así, me metí en uno de sus cuentos, pero muy real, donde ella es el personaje central.  Fue precisamente como pude darme cuenta con certeza de que se sueña mejor “con los ojos cerrados”, (titulo de uno de sus libros), pero es posible darle continuidad a los sueños con los ojos abiertos.

-“Yo sueño todo el día, aunque en la vida práctica es complicado”, me dice con una sonrisa que ilumina su rostro mientras ambas nos acomodamos en nuestras sillas, en el estudio de un buen amigo, el pintor oaxaqueño, Calixto Shibaja.

-“Sueño con ojos abiertos, y cerrados.  Hay un estado intermedio, en el que tratas de despertar.  Sigues dormido pero tienes conciencia.  En ese estado escribo, entre las 3 y las 6 am.  Entre el sueño y la vigilia.  Es el estado más lúcido del ser humano porque tienes un punto de contacto con la parte profunda de ti que tocas en los sueños.  Es un momento mágico escribir en la madrugada y al sentir el sol nacer a tu espalda, ese es el momento de dejar de escribir”.

CONOCIENDO A GABI OLMOS…

La conversación con Gabi es como la de dos viejas amigas.  Le pregunto:

_”¿En qué momento supiste que eras escritora?

Ella sin dudarlo responde:

_”Lo descubrí escribiendo.  No me lo esperaba.  Y el primer libro que hice tuvo cierta fortuna, y debo confesar que lo escribí porque me obligaron”, dice con picardía y un rostro que a la vez denota satisfacción.

Y ese libro que menciona se titula: “El zopilote y la chirimía”, y mas que ser parte de la mitología huichola, encierra también la historia del nacimiento de Gabriela Olmos como escritora de literatura infantil.  Gabi, como la llamo por la confianza que al conocerla me brindó, es hija de Gabriel Olmos y Josefina Rosas.  Hermana de Gabriel y Erika.  Sus padres y hermana viven en Guanajuato, su hermano en Mexicali, y ella en México, D.F.  Se volvió “chilanga”.

Con tanto Gabriel y Gabriela en casa, ella me dice:

-“Como vez la creatividad es algo que no se le da a mi familia”, y ríe divertida.

En el hogar de los Olmos, nadie más escribe.  Solo Gabriela, una comunicadora egresada de la Universidad Iberoamericana, y que estudio letras en el SOGEM, (Sociedad General de Escritores de México).  Una Gabriela a quien siendo niña, su madre le puso en las manos el libro de pinturas de Joan Miro: “El diario del sol rojo”.   Ella vio los trazos sencillos, y pensó:

-“Este pintor no terminó la pintura, y yo lo haré por él”, ríe nuevamente y comenta:

-“En ese momento mi madre pensó: hay que enseñarle arte a esta niña”.

Y ese fue uno de los “instantes mágicos” que conectaron a Gabriela Olmos con el arte.  En ese momento quizá no lo sabia, pero el destino comenzaba a dejarle señales en el camino de lo que seria su vida.

La charla continúa, ella admira detenidamente las pinturas de nuestro anfitrión.

-“Estamos caminando sobre las estrellas”, me dice Gabi al conducirse paso a paso en el universo de colores, ( se refiere al piso del estudio que el maestro Shibaja transformó con las pinceladas que él y un grupo de niños dan domingo a domingo).  A Gabriela Olmos le gusta, de inmediato lo relaciona con su propio mundo.

“EL ZOPILOTE Y LA CHIRIMIA”…

Es el titulo del libro que le fue encomendado escribir, (sin ella desearlo), en donde el arte, y la mitología, dirigidos a los niños, fueron la llave de entrada a un mundo que ella hizo suyo.

Gabi comienza a contarme un cuento:

-“Yo soy tímida.  Al principio me daba pena decir que escribía.  Mi cuento trata de una niña llamada Concha, a la que se le muere su abuelo.  Era el músico del pueblo, tocaba la chirimía.  Concha descubre que al abuelo se lo llevaron al inframundo y se les olvidó la chirimía.  Ella se da cuenta y quiere llevársela al mundo de los muertos. ¿Cómo es posible que se haya ido sin su flauta?  Se va, y cuando llega, no sabe como regresar.  No hay regreso, solo cuando los vivos ponen ofrendas.  Entonces todos traman un plan para traerla de nuevo a la Tierra.  Ella le pide al abuelo que regrese, pero él le dice que no puede, que estará con ella cuando le ponga una ofrenda.  La niña, aprende a tocar la flauta”…

Y fue la belleza del relato, plasmado con bellas imágenes, lo que tocó el espíritu de los niños que lo leyeron, y les creó un vinculo afectivo con la escritora.

– “¿A dónde va la gente cuando muere? Dicen los huicholes que a un mundo en el que todo sucede al revés. Ahora que murió el abuelo de Concha, seguramente fue para allá, pero olvidó llevarse su chirimía. Ella decide llevársela y descubre que, después de todo, los muertos no la pasan tan mal”.

El avispado, colorido y tierno relato de Gabriela, se convirtió en un apoyo para que muchos padres lograran ayudarles a sus hijos pequeños a entender de manera ligera el significado de la “muerte”.

-“Ayudó a enfrentar a los niños de manera luminosa el hecho de morir.  Vivimos en un mundo donde nadie sabe ni quiere dar una respuesta a la muerte.  La gente huye porque no está preparada.  Y yo digo que como enfrentes la  primera muerte de un ser querido, lo harás el resto de tu vida.  Ese libro fue una respuesta para los niños basada en la mitología indígena”.

Gabi agrega que a los menores se les debe recordar que la gente no muere mientras la recuerdes y la tengas en el corazón.

-“Y eso es como el gran mensaje que quería dar el libro en forma intuitiva porque no es que lo hubiera pensado o previsto.  A los niños les gustó”.

“LOS PERSONAJES SE SALEN DEL CUENTO”…

Estando en “Léala”, (Feria del Libro en Español de Los Ángeles), Gabriela Olmos se llevó la mejor sorpresa de su vida.  Uno de los 3 días del evento, ella caminaba en la zona infantil cuando se topó de frente con “Conchita”, y otros personajes salidos de su libro.

-“Me sorprendí al ver que una compañía de actores tenían montada la obra EL ZOPILOTE Y LA CHIRIMIA.  Les pregunté: ¿Qué es? Y me dice el productor, es un cuento.  Si, yo lo escribí.  Ellos se sorprendieron tanto como yo.  Los personajes no esperaban que se les apareciera la escritora, ni la escritora ver aparecer a sus personajes.  Todo surgió cuando la niña que interpretó la obra compró el libro y no dejaba de leerlo, ella quería ser Conchita”.

Y luego comenta que escribir ese libro le ha dado muchos motivos de alegría y satisfacción.

“EL JUEGO DE LAS MIRADAS”…

El efecto del primer libro de Gabriela, fue el detonante para lo que vendría después.  Sin ella advertirlo, esa escena de Gabi siendo niña con su madre dándole un libro de arte, era como un “déjà vu” porque ahora ella  acercaba el arte a los niños con “El Zopilote y la chirimía”.

Le siguió “El juego de las miradas”, arte para niños.  Quería acercarlos de manera relajada, sencilla, sin tantos convencionalismos, a conocer sobre el arte.

-“De niña pensaba que la gente del siglo 20 caminaba muy rápido y me decía: que chistoso caminan.  Me preguntaba como era en otras épocas.  Es un recorrido por la historia del arte para niños.  Vemos que el arte existe porque la mirada de todos es distinta.  Termino el libro diciendo: todas las miradas cuentan, también la mía.  Uno como niño quiere saber que lo que uno piensa cuenta, que tienes un cerebro que vale”.

Y se dice convencida de los cuestionamientos con gran profundidad filosófica de los niños.

-“Aquí en Los Ángeles les pregunté: ¿Alguien quiere saber que es México?  Y uno de ellos respondió con otra pregunta: ¿Qué es la frontera?  Y yo le dije: es una barda hecha para dividir amigos, pero es una barda, nada más”.

Siguiendo con la filosofía infantil, y esa curiosidad cuyos limites rebasan las mentes adultas, Gabriela recuerda cuando estando en Francia dio talleres a niños refugiados de otros países, que estaban ahí de manera ilegal.  Ella les contaba cuentos.  Les hablaba sobre el inicio del mundo según los “huicholes”.  Uno de los menores interrumpió para preguntar:

-“Si los huicholes dicen que el mundo empezó en un océano, otros que en un jardín, y hay quien asegura que en una explosión…¿Cual es la verdadera historia?”

Gabi Olmos sabia que su respuesta era crucial.  Trataba con hijos de familias fundamentalistas, hasta le vino a la mente que podrían apedrearla.  Pero no fue así.  Su agilidad mental la salvó:

-“Las historias existen para explicarnos a los humanos porque estamos hechos y qué debemos hacer.  No hay historias buenas ni malas.  Solo nos hacen comprendernos a nosotros mismos y que las podamos contar.  Todos quedaron felices”.

La imaginación de Gabriela Olmos es como la de una niña.  Funciona a mil por hora.  No conoce limites, está llena de recursos, y de mucho color.  Es capaz de viajar al mundo de los muertos, luego de irse a jugar con las miradas, para después pasar a bailar con los monstruos.

“COMO BAILAN LOS MONSTRUOS”…

Aunque Gabi sueña con “los ojos cerrados”, al tenerlos abiertos encuentra en la realidad hechos que la transportan a la fantasía.  La regresan a los sueños.  Seguir contando su historia es para mi como si me contara un cuento.  El de una niña que escribe.  Hace algún tiempo, estando de viaje en la sierra tarahumara, (viajar es su contacto directo con el arte y la inspiración), mientras realizaba una investigación de arte rural sobre unas piezas de la coleccionista austriaca Ruth Lechuga, Gabriela vio como repentinamente había movimiento inusual en su tienda de campaña, pensó que los estaban robando y se lo hizo saber a su acompañante.

-“Fuimos a ver, y encontramos a unas niñas.  Me metí a negociar con ellas, les pregunté: ¿Qué hacen aquí? Ellas me dijeron que se escondían de unos danzantes cuyo ritual las asustaba.  Eso inspiró mi relato.  Pero cambié mi personaje por el de un niño cuyo padre era antropólogo y él decía le gustaba bailar con monstruos”.

De esa anécdota, Gabriela sacó el texto de “Cómo bailan los monstruos”, y las ilustraciones fueron las 9 mil piezas de arte indígena, mil 200 máscaras y 2 mil textiles de la coleccionista austriaca.  Una vez más Gabriela Olmos acercando el arte a los niños por medio de sus historias.

-“Es muy bonito porque a los niños les digo: los monstruos se asustan al ver humanos enojados, lo mejor que podemos hacer al verlos es rugir.  Y te das cuenta que hay una gran cosa latiendo en las almas de los niños al verlos rugir”, me dice Gabi con una enorme sonrisa que ilumina su cara llena de emoción al hablarme de monstruos.

Y de bailar con monstruos, Gabi pasó a hacer poesía con las obras de distintos pintores, y lo hizo “De la A a la Z”…

-“Los niños solo sabían de Diego Rivera y Frida Khalo.  El trabajo de la revista de Arte de México, donde trabajo, (y cuyo director es el famoso escritor sonorense, Alberto Ruy Sánchez),  me ha llevado conocer a muchos pintores y su obra maravillosa.  Al hacer la investigación iconográfica de la revista, iba a los museos.  Hay una frase del cineasta Tarkovsky que dice: quiero que la gente vea las películas con la atención que ve los paisajes desde un tren.  Es como si se guardaran con la mirada.  Así quiero que guarden los cuadros de Tamayo, Montenegro y varios más.  Con atención contemplativa”.

A algunos de los pintores los conoció, a otros solo por referencia de críticos.  El género se llama “biografemas”.  Y según comenta se hacen a partir de una lectura lúdica con trazos biográficos.

Entre sus libros publicados también destacan: “El juego de las piedras antiguas”, “Qué tanto sabes del circo”, y claro los mencionados antes, y muy pronto: “El sueño de los dioses”, (compendio de 5 cuentos huicholes).

Luego, Gabriela me cuenta que durante el desarrollo de los últimos cuentos, conoció a José Benítez Sánchez, un artesano que hacia tablas de estambre.  Uno de los 6 de la sierra huichola que llevó ese arte a niveles internacionales.  Supo de él por medio de la tesis doctoral de una   antropóloga.  Lo buscó por un buen tiempo, hasta que él se reportó con ella.  Y en “Arte de México” compraron varios de los cuadros de Benítez Sánchez que él les vendió.

-“Los expusimos en varios países.  Los cuadros huicholes narran rituales vinculados a los mitos.  Yo le decía: cuénteme ¿qué significa este cuadro? Y me contaba una historia, aunque cada vez distinta sobre el mismo cuadro. Al reclamarle decía: tengo que contarlos diferentes porque los cuadros están vivos, y así son los mitos, cambian”.

Y muy pronto en esos 5 libros basados en los cuadros de Benítez, se contarán 3 historias de amor, 1 de iniciación y otra sobre el trabajo.  Para Gabriela todo lo huichol tiene una fortuna especial.  Y sus mitos:

-“Son de vitalidad vibrante y excepcional”, dice Olmos.

Y con el mismo interés que los niños escuchan a Gabriela, así la escucho yo.  Su vida como lectora también la marcó su abuelo, un marino que amaba la lectura y le transmitió a Gabi su gusto por ella, y por la fantasía que encerraba.

-“Me decía que en medio del océano había una isla con una cueva que tenia todas las historias del mundo”.

Al crecer, Gabriela dice que descifró el lenguaje del abuelo y entendió que las bibliotecas, eran la cueva a la que el abuelo se refería.  En sus libros están las historias del mundo.  Con el abuelo ella  adquirió el hábito de leer.

-“Para eso son los abuelos.  Son los vínculos con la lectura.  Si hubiera termómetro del amor, los momentos más amorosos son cuando les cuentan historias a los nietos.  Son las que te enseñan a vivir”.

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