La broma infinita

Carlos Rubén Pérez

Sin duda que la historia nos enseña que hay seres humanos con dotes excepcionales que pueden observar el porvenir e ilustrarnos, a veces advertirnos, sobre el futuro de la humanidad. Son profetas sin poderes de clarividencia, tan solo hacen gala de una capacidad de síntesis de la realidad que resulta casi premonitoria del devenir.

La literatura es una disciplina que nos regala varios de estos personajes denominados autores. Uno de ellos, y bastante reciente, es David Foster Wallace (1962-2008). Este escritor estadounidense supo inferir que una sociedad que enfatiza el consumismo individualista, conduce a la soledad y al vacío nihilista. Wallace es un crítico de las expectativas irreales que crea la publicidad en un intento de encontrar felicidad y plenitud cuando, en realidad, nos propone alejarnos de las conexiones reales y profundas.

Autor de La broma infinita y de otros ensayos, nos alerta de que el entretenimiento vacuo, el vacío existencial y el consumo excesivo es la tríada conducente a la insatisfacción. Esta mirada resulta muy relevante actualmente.

Antes de la consolidación de las redes y plataformas sociales, hizo observaciones que desataron críticas que al pasar el tiempo resultan actuales; percibió que construir la identidad en función de la opinión de otros nos lleva a perder autenticidad. De hecho, la soledad y la insatisfacción, en última instancia, se deben a la pérdida de autenticidad. También critica el poder de las corporaciones y su presencia omnipresente, la manipulación a la que pueden someter al público creando falsas necesidades, sumiendo en pseudorrealidades y evadiendo al público.

Su apreciación es respaldada por datos científicos. Si bien hay varios estudios, rescato el realizado en 2017 por Brian Primack en la Universidad de Pittsburgh, que demuestra que existe una relación entre el uso intensivo de redes sociales y el aumento de la soledad. La comparación constante y la percepción de que otros tienen vidas más felices contribuyen a la infelicidad.

Wallace fue poseedor de un talento peculiar con un estilo único. Denominado autor meta-moderno por algunos, sus obras cuadran también como novela filosófica. Particularmente su obra publicada en 1996, que inspira el título de este artículo, fue catalogada por la Revista Time como una de las cien mejores novelas de la lengua inglesa, y de las más importantes del siglo pasado.

Su biografía denota una vida que en sí misma podría ser el argumento de una novela. Con una sólida formación académica en Harvard y docente en dos prestigiosas universidades, experimentó la permanente lucha contra los vicios y la depresión. Lamentablemente, finalizó su vida muy pronto y de manera traumática; probablemente nos privó de disfrutar más de su obra poco convencional donde la cultura pop y la trascendencia se conjugan brillantemente. Sus textos son atractivos porque no están cerrados a la unicidad de interpretaciones. Figura cumbre de la literatura reciente, pudo capturar la complejidad de la sociedad actual y permanece como un autor de lectura indispensable al transitar las primeras décadas del presente siglo.

Invito a los prestigiosos lectores de LatinoCalifornia a interesarse en este escritor y disfrutar tanto de sus numerosos ensayos como así también escudriñar en su biografía.

Hasta la próxima semana.

 

Carlos Rubén Pérez

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos

Aires.

  • Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927. Mail: carupegoya@live.com.ar

 

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