María Luisa Arredondo*
La llegada del 2026 pondrá contra la pared el discurso triunfalista de la Casa Blanca. Detrás de los anuncios de crecimiento económico y “mano dura” en seguridad, se acumulan serios desafíos que amenazan con convertir el segundo año del mandato de Trump en un periodo políticamente turbulento y socialmente tenso.
En el plano económico, el principal reto será sostener el crecimiento sin agudizar los desequilibrios que ya se perfilan. La combinación de recortes fiscales, aumento del gasto en defensa e imposición de aranceles ha elevado la deuda pública y ha puesto en aprietos al presupuesto federal. Mientras tanto, la inflación, aunque contenida en cifras oficiales, sigue golpeando el costo de la vivienda, los alimentos y la energía. El riesgo es claro: si la Reserva Federal endurece su política monetaria para contener las presiones inflacionarias, el crecimiento podría enfriarse justo cuando millones de familias ya sienten que su poder adquisitivo se erosiona. Trump deberá decidir entre profundizar un modelo que favorece a los mercados o atender una clase media cada vez más inconforme.
En política interna, la polarización no muestra señales de ceder. La relación con el Congreso seguirá siendo frágil debido a divisiones internas dentro del Partido Republicano que podrían llevarlo a perder la mayoría de las dos cámaras en las elecciones intermedias. Temas como los archivos de Epstein, el control de armas, los derechos civiles y la reforma electoral prometen intensificar el clima de confrontación.
La inmigración continuará siendo uno de los ejes más explosivos. Las deportaciones aceleradas y la reducción de vías legales para inmigrar a Estados Unidos han generado críticas de organizaciones civiles, de gobiernos estatales y de sectores empresariales que dependen de la mano de obra migrante. En 2026, Trump enfrentará una disyuntiva: persistir en una línea dura que le garantiza apoyo de su base, o introducir ajustes pragmáticos para evitar el colapso de industrias clave como la agricultura, la construcción y los servicios.
En política exterior, el panorama tampoco es sencillo. La relación con China seguirá marcada por la competencia tecnológica y comercial, mientras que Europa observa con recelo el debilitamiento de su alianza con Estados Unidos, que obviamente favorece a Rusia. En América Latina, preocupa la escalada militar contra gobiernos como el de Venezuela debido a que la Casa Blanca no ha aclarado cuáles son los objetivos que persigue y tampoco ha buscado el apoyo del Congreso. Por la misma razón, inquietan los conflictos que Trump ha iniciado contra distintos países, entre ellos Nigeria y Siria.
Así, 2026 se perfila como un año decisivo. Trump no solo tendrá que administrar decretos, sino demostrar si su estilo confrontativo puede transformarse en una estrategia de gobierno capaz de ofrecer estabilidad y credibilidad internacional. De lo contrario, los retos que hoy se avizoran podrían convertirse en las grietas que definan su legado.
*María Luisa Arredondo es directora de Latinocalifornia.com y autora del libro “La vida después del cruce”.