Las etapas de un conflicto

 

Carlos Rubén Pérez*

A través de estas páginas y en este segundo encuentro propongo otra visión de los conflictos, percibirlos como aliados que nos permiten evolucionar y hasta convertirnos en mejores seres humanos. Todos los avances en cualquier área de la vida surgen primeramente como un conflicto. Así, la ciencia, la tecnología y las humanísticas hallan su esencia en conflictos que se plantea el ser humano. Por lo tanto, un conflicto en las relaciones interpersonales también resulta en una oportunidad para crecer y fortalecer los vínculos. En cambio, si no son oficiados convenientemente nos convertimos en víctimas o victimarios.

Las técnicas y estrategias que iremos desarrollando semana a semana desde este espacio en LatinoCalifornia, si son implementadas, nos permitirán tener una mayor calidad de vida en todos los ámbitos donde las personas se encuentren.

A continuación, conoceremos las etapas que ocurren al aparecer un conflicto. Aclaro que puede darse el caso de que estas etapas se presenten de modo alternado o que, incluso, haya avances y retrocesos en las diferentes etapas.

Primera etapa, de percepción: Ocurre cuando nos percatamos del enrarecimiento del clima relacional. Podemos notar que la otra persona no nos habla o se aleja de nosotros. Quizás sepamos los motivos, o es probable que ignoremos la raíz de esa conducta. Pero supongamos que sí sabemos: supongamos que la noche anterior en nuestro hogar hubo una pequeña fiesta y la música estuvo un poco fuerte. Entonces, ante estos indicios de discrepancia pensamos: “seguro que el vecino tiene algún problema, quizás amaneció de mal humor, ya se le va a pasar.” Así, tratamos de calmar nuestras inquietudes.

Segunda etapa, de percepción incómoda: Supongamos que al día siguiente la situación vuelve a repetirse, el vecino no nos saluda. Aunque empecemos a tomar una iniciativa similar, comenzamos a elucubrar en las profundidades de nuestra mente: “aunque tenga problemas, no es motivo para que se comporte así, yo también tengo problemas y no me desquito con otras personas.” Intentamos racionalizar la situación, aunque la incomodidad persiste porque empezamos tener sentimientos sobre lo acaecido. Nos cuesta mantenernos en las razones que en un principio tratamos de hallar para justificar la situación.

Tercera etapa, de la toma de posición: En este nivel empezamos a hacernos una película mental de guerra o, quizás, de horror. Recordamos todas las veces que el vecino nos ofendió, o que creemos que lo hizo, sin importar que tan nimia fuera la situación. Traemos a la mente todas las veces que fuimos gentiles y no bien retribuidos. Nuestros argumentos, cada vez más emocionales, nos alejan de hallar soluciones colaborativas. Todo se sobredimensiona. Esta etapa es clave en toda divergencia porque es donde se toman posiciones. Nótese que hasta este momento hubiera sido sencillo ir a hablar con el vecino, preguntar si de alguna manera involuntariamente lo hemos ofendido, brindar las disculpas del caso si fuere necesario y tomar acciones enmendadoras. Pero hemos comenzado la escalada del conflicto, este ya está presente porque hemos dejado de ser objetivos, una fuerte impronta emocional afecta nuestro buen criterio.

Podemos pensar: “lo que pasa es que me quiere perjudicar”, o bien: “siempre me tuvo envidia”, o cosas de esa naturaleza. Evitar superar esta etapa es importante porque en la siguiente resultará más difícil, aunque no imposible, hallar concordia.

Cuarta etapa, del conflicto declarado: Comúnmente tratamos de desacreditar a la otra parte; para ello se buscan aliados. Andamos contándole a todo el que se nos cruza lo malvado que es nuestro vecino, que todos se cuiden porque no es digno de consideración. Nos victimizamos y villanizamos a la otra parte. Probablemente, la otra persona haga lo mismo y difícilmente se entable un encuentro productivo, a menos que otra persona con buenas intenciones intente apaciguar los ánimos.

Podemos decir cosas tales como: “me siento muy decepcionado con esa persona”, “yo no creí que iba a pagarme esa manera todo lo que yo hice por él” o, simplemente, “no quiero hablar con esa persona, ni siquiera verla.”

Quinta etapa, de guerra declarada: Es una profundización de la etapa anterior, la escalada se percibe y es obvia para los terceros. Hay amenazas y desquites de diferente índole. Los ánimos están caldeados, nos gusta escuchar nuestra voz interior exaltada que clama venganza por la injusticia a la que fuimos sometidos. En el caso de una situación asimétrica (jefe y empleado), puede haber represalias e, incluso, acoso laboral. La batalla se declara verbal y gestualmente, y muchas veces desde lo judicial.

Antes de finalizar, quiero invitar a los lectores que tengan algún interés particular o consultas que puedan comunicarse a través del número telefónico que se encuentra más abajo. Hasta la próxima entrega la semana que viene.

 

*Carlos Rubén Pérez

Licenciado en Resolución de Conflictos y Mediación por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Profesor de Filosofía por el Instituto Superior Goya.

Certificado en Coach por la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires.

Docente. Escritor. Comunicador. Conferencista internacional. Embajador Cultural Asorbaex de España.

Contacto para asesoramientos, consultas y mentorías: whatsApps +54 9 3777 643927

 

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