Peña-Obama, una reunión crítica

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

En las últimas semanas del 2014, el presidente Barack Obama sorprendió con el anuncio de dos importantes medidas: la Acción Ejecutiva que permitirá regularizar de manera temporal a unos cinco millones de indocumentados y el restablecimiento de las relaciones entre Washington y La Habana.

Como era de esperarse, ambas decisiones generaron una enorme controversia, pero lo importante para el jefe de la Casa Blanca es que le han dado una nueva fuerza. Al tomarlas, Obama ha demostrado que ahora que ya no tiene nada que perder en términos electorales, está dispuesto a impulsar acciones para definir su legado político de manera más acorde con sus creencias.

En  este contexto será interesante ver cómo se desarrollará la reunión que sostendrá con su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, el próximo 6 de enero en Washington.

Peña Nieto llegará al encuentro muy debilitado por la crisis de gobernabilidad que enfrenta. No se trata sólo de las protestas por los desaparecidos de Ayotzinapa sino de una larga lista de problemas que incluye la violencia descontrolada en varios estados del país. Están también las acusaciones de que las fuerzas federales han colaborado en numerosas ocasiones con el crimen organizado para secuestrar y matar como se acaba de dar a conocer que ocurrió  en la matanza de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas.

Por si fuera poco, están los escándalos de corrupción y conflicto de intereses que estallaron por la compra de la “casa blanca” en Las Lomas  y la concesión para construir el tren bala de México a Querétaro a un contratista muy ligado a Peña Nieto. Ambas operaciones se cancelaron para acallar las protestas. A esta vorágine se añaden las dificultades económicas que se vislumbran para México por la caída en los precios del petróleo y del peso en relación con el dólar.

Según la cancillería mexicana, el acento del encuentro se dará en el tema migratorio, por el potencial de beneficiar a un importante número de mexicanos con la acción ejecutiva de Obama.

Pero es indudable que los otros temas que deben dominar son el de la  cooperación económica y el de la violencia en México fomentada por el narcotráfico. Esta sería una oportunidad de oro para que Obama le diera un giro a la relación bilateral.  Debería empezar por reconocer el fracaso de las políticas militaristas contra el narco. El problema se debe combatir desde varios frentes: Estados Unidos tiene que hacer más para desalentar el consumo de drogas, el tráfico ilegal de armas y el lavado de dinero. Al mismo tiempo, debe fomentar el intercambio comercial, las inversiones y, sobre todo, dejar de menospreciar a México y empezar a verlo como lo que realmente es, un socio y un aliado estratégico.

 

 

 

 

 

 

 

 

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