Latinoamérica: la gran deuda de Barack Obama

Francisco Leal Díaz.

Santiago de Chile. Al iniciar Barack Obama su segundo período presidencial en Estados Unidos, surge una vez más entre los latinoamericanos una ancestral interrogante: “¿Mirará el Mandatario estadounidense, ahora sí, hacia el mal llamado patio trasero de la región?”.

 Es que el calificativo de “patio trasero”, sin duda, resulta indignante particularmente cuando en Latinoamérica se han consolidado economías emergentes, como ha sido el caso de Brasil, Chile, Argentina, Perú, Venezuela, Ecuador…

 No cabe duda que hoy las naciones latinoamericanas se presentan con otro rostro en el concierto mundial, tanto en el plano político, como económico y cultural. Esta nueva imagen no la puede ignorar Obama. Se ha generalizado el clamor que en un mundo ahora globalizado culmine esa indiferencia hacia las naciones latinoamericanas y se postulen nuevos lazos y alianzas de desarrollo conjunto.

Existe la opinión generalizada en Latinoamérica, al menos en corrientes de pensamiento progresista, que el gobierno estadounidense debe terminar con su política armamentista interna e internacional, con resultados negativos y un alto costo de ciudadanos estadounidenses fallecidos combatiendo en el extranjero, a miles y miles de kilómetros de sus hogares, y en guerras que no les pertenecen.

En Latinoamérica se especula que los actuales parámetros de la economía de guerra estadounidense deben replantearse y mirar el futuro bajo el prisma de la paz. Esta es la paz que Estados Unidos debe rescatar en Latinoamérica, con una mirada particularmente renovada, con sentido de equidad, enterrando de una vez por todas aquélla autoritaria postura de creerse “la policía del mundo”. Ya quedaron atrás los oscuros capítulos de las dictaduras militares en Latinoamérica, a las que sucesivos mandatarios estadounidense apoyaron de manera incondicional, como ocurrió con el golpe de Estado en Chile y el derrocamiento de Salvador Allende, en 1973 —acción que significó 3.000 muertes y 1.000 detenidos-desaparecidos—.

En este contexto es digno de mencionar, sin duda, la estrecha relación que existe entre las naciones latinoamericanas y la Comunidad Europea, región que desde hace 10 años consolida vínculos con los países emergentes de esta parte del mundo.

Un claro ejemplo de este vínculo que se perfecciona cada año lo constituirá la próxima realización en Santiago de Chile de la Asamblea Parlamentaria América Latina – Unión Europea, a efectuarse los días 23, 24 y 25 de enero en el edificio del antiguo Congreso Nacional.

En tanto, el 27 y 28 de enero se desarrollará en Santiago la Cumbre de los 33 países que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac), y representantes de las naciones que integran la Unión Europea.

En nuestro actual mundo globalizado, las miradas de una nación a otra ya no pueden ser manipuladas como antaño. Hoy en día la información trasciende vertiginosamente de un continente a otro, de un país a otro, por lejano que sea, al minuto… ¡al segundo! La horrible matanza de escolares en Newtown, Connecticut  —USA—, hace unas semanas, trascendió en Chile al mismo tiempo que en Nueva York, Miami, México, Madrid, París o Brasil. Es que el mundo de las comunicaciones ha cambiado y, como decía antes, ya no es tan factible manipular la información, como ocurría hasta hace un par de décadas.

El mundo ha cambiado; y esto lo sabe el Presidente Obama. Por lo tanto, debe saber también que el mal llamado “patio trasero”… ¡ya dejó de serlo!

 

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