¡Cuidado con el Cuco! Redefina quién es su competencia antes que sea tarde

Jorge Luis Boza.

En épocas de crisis ya ni siquiera los competidores son lo que solían ser.

© Jorge Luis Boza MBA. MA. jlboza@mercadeo.com. Sígueme en facebook

Nunca dejará de sorprenderme como la naturaleza selecciona a los más aptos al interior de cada especie y entre las diferentes especies. La mayoría de seres vivos han desarrollado extraordinarios mecanismos de supervivencia donde el común denominador es sobrevivir a costa del otro, es decir, para que yo viva entonces tú debes morir.

Entre diferentes especies por ejemplo, mientras los depredadores desarrollan sofisticadas habilidades para aumentar sus probabilidades de éxito durante la cacería, las presas adquirieren ingeniosas destrezas defensivas que le hacen más difícil la labor al depredador de turno.

Dentro de una misma especie también existe esta persistente lucha por sobrevivir. Las crías pelean entre sí por la porción más grande de comida, lo que ocasiona que más de uno de los hermanos termine literalmente muerto de hambre.

Un precario equilibrio natural que hoy establece finalmente qué especies sobrevivirán y qué  especies se extinguirán en los próximos cientos o miles de años.

El cuculus canorus, un ave mejor conocida como el cuco común es un curioso ejemplo de este, muchas veces, intrincado proceso se selección natural. La hembra del cuco en su afán por migrar tempranamente al África y evitar tener que cuidar a su único huevo hasta entrado el invierno europeo, suele dejarlo en el nido de un ave de otra especie para que ésta sea la que se tome el trabajo de incubarlo.

Lo interesante es que, en la mayoría de los casos, la madre postiza no se da cuenta del engaño y empolla al huevo del cuco como si fuera uno de los suyos.

Inmediatamente después de eclosionar, el pequeño intruso elimina a la competencia deshaciéndose de los huevos o pichones de la madre postiza que termina por creer que el pichón del cuco es realmente suyo. Entonces, la madre adoptiva alimenta con esmero y dedicación al pichón, que muchas veces es más grande que ésta, hasta que el cuco esta listo para dejar el nido.

Final feliz para la desnaturalizada madre cuco que comienza tempranamente sus vacaciones en la cálida África, para el pichón del cuco que es alimentado y cuidado hasta que está apto para volar y para la madre engañada que cree haber cuidado a su ilegítimo retoño como Dios y la naturaleza lo mandan. Final feliz para casi todos menos para los verdaderos pichones del ave engañada que terminaron sus días aún antes de haber visto su primer amanecer.

Siempre he visto coincidencias entre el mundo de los negocios y la naturaleza. Por ejemplo, en los negocios llamamos competencia a la lucha por la supervivencia de las especies. Lo que hace la selección natural al extinguir a las especies más débiles, en los negocios lo hace el mercado eliminando a los menos capaces.

En la naturaleza, las crías luchan fieramente entre sí por la comida que proporciona la madre, mientras que en los negocios también luchan entre sí quienes ofrecen productos o servicios similares para obtener el favor y las preferencias del mismo segmento de consumidores.

Charles Darwin decía que no es la más fuerte de las especies la que sobrevive, tampoco la más inteligente, pero sí la que mejor se adapta a los cambios. Un profesor de cualquier escuela de negocios podría decir lo mismo sobre aquellas empresas que tienen éxito en el mercado. No tengo dudas que la naturaleza puede darnos increíbles lecciones de cómo hacer y cómo no hacer negocios. El ejemplo del pájaro cuco es una de éstas.

Lo curioso es que esta ave es el mismo animalito que ha sido inmortalizado en los relojes cucú. Sin embargo, su conducta dista mucho de parecerse a la de su inofensiva réplica de madera.  Imagino que para los verdaderos pichones de la madre engañada el pichón del cuco debe ser una especie de “cuco[1]”, aquel tenebroso y sombrío personaje con el cual nos aterrorizaban y amenazaban cuando éramos niños si no tomábamos la sopa o nos portábamos mal.

Volviendo al tema de los negocios, ya nos hemos acostumbrado a ver como los límites de muchos sectores han desaparecido o en el mejor de los casos están difusos. En la industria de la alta tecnología hay miles de ejemplos en los cuales empresas de un sector fueron atacadas y borradas del mapa por empresas que, en teoría, provenían de otro sector. Fueron los teléfonos celulares con sus cámaras incorporadas los que hicieron obsoleta a la Kodak que finalmente tuvo que declararse en quiebra.

En otros sectores, la lucha por la supervivencia se ha limitado a los competidores de una misma industria o especie. Sin embargo, en épocas de crisis es cuando la mayoría de sectores de la industria se vuelven menos estructurados y las fronteras entre una y otra especie empresarial desaparecen.

¿Por qué sucede esto? Pues porque en situaciones de restricción presupuestal, es decir cuando aprieta fuerte el bolsillo, los consumidores  se enfocan más por satisfacer la necesidad en la forma más económica posible que por elegir una forma más sofisticada y específica de satisfacerla. Es decir, ya no satisfago mi hambre en el restaurante de Don Pedrito, ahora lo hago comprando verduras y tortillas en 99 Cents Stores y cocinando en mi casa.

Con los cambios en los hábitos de compra de los consumidores, tratar de definir el quién es y quién no es un competidor en épocas de crisis es un trabajo casi imposible de realizar. Las fiestas de quinceañeras son canceladas y reemplazadas por el ahorro en los bancos, las idas al teatro son reemplazadas por una simple película en DVD o un viejo libro sacado de la biblioteca, la calefacción es reemplazada por más frazadas a la hora de dormir, los perfumes son reemplazados por un buen jabón, etc.

Durante las crisis, la competencia no sólo proviene del mismo sector de la industria, proviene de otros sectores, es más, proviene de cualquier sector que lucha por tener alguna participación en la exigua billetera del consumidor. Lo mismo sucede con los pichones del ave engañada por el cuco. En lugar de que las crías de aquella compitan sanamente entre sí, el advenedizo pichón del cuco, que proviene de otra especie, entra en la competencia, los ataca y se queda con toda la tajada.

En la naturaleza, las reglas de juego cambian todos los días. Quien ayer fue el cazador, el día de hoy es cazado y devorado. En la naturaleza nunca hay dos días iguales y de eso deben aprender las empresas.

En los negocios, estamos acostumbrados a ver nuestra la industria como sí estuviera llena de verdades inmutables, como si estuviera detenida en el tiempo. Sin embargo, la mayoría de las industrias son muy dinámicas y se vuelven más aún en épocas de crisis como consecuencia de los cambios en los hábitos de consumo. Quien fue su aliado el día de ayer hoy mismo puede estar haciendo su debut como su más férreo competidor, quien ayer fue líder de su industria hoy día puede declararse en bancarrota, quien fue sólo una empresa de alguna otra industria no relacionada a la suya hoy mismo puede estar atacando directamente su participación en la billetera de su cliente.

En estas épocas de crisis abundan los cucos en todas las industrias. Recuerde que el consumidor sólo tiene una billetera y hoy día se ha vuelto mucho más racional en sus gastos de consumo. Posiblemente usted no se ha dado cuenta aún, pero tal vez ya lo estén atacando desde otra industria o sector, tal vez un negocio de otra especie que viene por su tajada.

Al contrario de lo que dice la canción, esté pendiente y alerta, no vaya a cerrar los ojos pensando que sólo compite con las empresas de su sector. No vaya a ser que sus pesadillas de niñez se cumplan y que algún competidor de otra industria le cante hoy mismo al oído:

Duérmete niño duérmete ya,

    Que viene el cuco y te comerá.”


[1] En algunos países de Latinoamérica se le llama coco o cucuy.

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