Regresar a lo básico

Manuel Sañudo Gastélum.

“Back to basics”

Frase popular de los negocios

 A medida que las empresas crecen se van atiborrando de una sucesión de muy elaborados sistemas y controles que, más que ayudar, entorpecen, encarecen y vuelven lenta e ineficaz a la organización. Siendo que  todas esas “mejoras”  fueron pensadas por sus creadores – presumiblemente –  para lograr el efecto contrario. Y, al descubrir esta pesadez organizacional, es cuando se vuelve imperativo volver a las raíces – a las bases – que le dieron vida y prosperidad al negocio en sus comienzos e iniciar una campaña de limpieza y supresión de tantos estorbos y excesos.

 ¡Ah, pero qué difícil es combatir la complejidad!.. No nada más al tratar de     frenarla en sus inicios, antes de que se apodere de la empresa, sino que –   peor todavía – cuando el negocio ya se encuentra trabado por la complicación es que resulta más difícil eliminar el problema. Algunas explicaciones de esta nociva propensión al embrollo podrían ser:

– El deseo de los autores de los controles de justificar sus puestos añadiendo actividades duplicadas, enmarañadas y en abundancia. “Sistemas encima de los sistemas”.

– La de agrandar los departamentos, pues eso hace sentir al jefe más importante y poderoso, ¡al cabo y no es su dinero! Y, a mayor cantidad de gente, mayor cuantía de papeleo, trámites, conflictos interpersonales, inversión en mobiliario y equipo, gastos, etcétera.

– La tendencia – muy humana, más no por ello disculpable – de desechar o ignorar lo que ya existía, y que funcionaba bien, solo por buscar el mérito de la paternidad de las nuevas ideas, aunque sean ineficaces.

– “Si no es mío, no sirve”: pretexto muy socorrido por la falta de humildad para evitar mostrarse de acuerdo con que lo que existe y que está bien. Y con el arrogante argumento de que “yo solo le entiendo a lo que yo diseño”, se forma en la empresa una desenfrenada ola de improductiva creatividad.

– Intransigencia a modificar lo que se ha aprendido. Y, por lo mismo, la comodidad de los ejecutivos en importar, instalar y utilizar los sistemas que ya conocen – de otras empresas – aunque sean inservibles en la que están trabajando.

– El ímpetu de algunos recién egresados profesionales ansiosos de aplicar las sofisticadas teorías que estudiaron en la universidad, sin tener experiencia en la práctica. Y, sobre todo, si no conocen lo substancial del negocio.

– Ciertos empresarios que creen que si no adoptan tal o cual novedosa técnica, perderán su imagen vanguardista; aún y cuando no la requieran o a pesar de que agreguen dificultad, ineficiencia y costo a su negocio.

– Otros emprendedores querrán probar algo diferente, a manera de sensato experimento, terminando por convencerse de que no lo necesitan; pero olvidan comunicar a su personal que se suprima la prueba, quedándose así el nuevo sistema como “bueno y aprobado”, y después nadie cuestiona la ventaja de suspenderlo.

– Gerentes con la errada opinión de que todo se puede controlar a la distancia y se llenan de engorrosos reportes e indicadores que no reflejan la verdad completa de lo que sucede en el terreno de los hechos, olvidando las bondades de supervisar en el terreno.

No estoy en contra de la innovación, ni de la creatividad o de  perfeccionar lo establecido. La invitación es de que  – antes de inventar cosas nuevas –  probemos la esencia, lo que es básico y los sistemas que le han dado éxito al negocio.   Antes de eliminarlos, modificarlos o enredarlos.

 

El autor es Consultor  en Dirección de Empresas. Correo: manuelsanudog@hotmail.com

 

Blog: www.entusiastika.blogspot.com
D. R. © Rubén Manuel Sañudo Gastélum. Se prohíbe la reproducción de este artículo, sin el permiso expreso y por escrito de su autor.

 

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