Mausoleos: Tumbas como mini haciendas en México

Tumbas como mini haciendas. Foto: Manuel Ortiz/especial para Latinocalifornia

Por Sanjuana Martínez

Lujo y derroche cubren las tumbas de los narcotraficantes en Culiacán, Sinaloa. Los cementerios como el de Jardínes del Humaya son en realidad necrópolis de ostentosos mausoleos.

¿Y qué es la muerte fastuosa? En este país, la última morada de ilustres capos como Arturo Beltrán Leyva en cuya lápida dejaron una cabeza humana. Es también una pequeña ciudad repleta de dinero, opulencia y orgullo, mucho orgullo haber sido lo que se fue. Al final de cuentas ser narco es formar parte de una gran multinacional que incluye a todo tipo de especímenes: políticos, empresarios, químicos, agricultores, banqueros, gobernadores, alcaldes, presidentes, reinas de belleza…

El cementerio impresiona por la cantidad de cúpulas y lujosas construcciones de cantera y mármol. Son imponentes casas-tumba o mini-haciendas con habitaciones, salones de juego, teléfono e incluso aire acondicionado y cámaras de vigilancia. Los ataúdes también suelen exhibir un derroche de riqueza; los hay de madera fina e incrustaciones de piedras preciosas, también de algún metal valioso.

Cada terreno para una lápida cuesta 30.000 pesos y Gladys la recepcionista del cementerio prefiere no saber a que se dedicaban las decenas de muertos que le llegan por semana. Se muestra tímida y contesta con monosílabos. En estas tierras se vive y se muere bajo el código de silencio. De eso depende llegar a viejo.

En fin, en este sitio la vida después de la muerte es espectacularmente llamativa. Dentro de las impresionantes casas-tumba se exhiben las fotos de los narcos, algunos de ellos inmortalizados con metralleta en mano. En las lápidas hay botellas de whisky y tequila. Tampoco falta la comida favorita de los difuntos, ni sus vicios públicos como chocolates o tamarindos; las drogas bien sabemos son para los consumidores, solo los narcos menos agraciados con coeficiente intelectual las toman. Por tanto, aquí no aparece por ninguna parte ni una bolsita de coca o de marihuana.

Los sepultureros tampoco quieren hablar. Apenas un par de frases evasivas señalando las tumbas de los más famosos, aquellos que en vida fueron enemigos como Beltrán Leyva y Nacho Coronel, y que aquí comparten vecindad en armonía y paz.

Los Jardínes del Humaya están a la salida de la ciudad, en el Boulevard Emiliano Zapata, en la colonia Jorge Almada. Desde la calle se observan los grandes edificios de las tumbas, algunos de dos y tres pisos, con su respectiva cúpula estilo mexicano, aunque las hay con mezcla del barroco y el rococó. Es natural, muchos narcos intentaron cultivarse gracias a sus grandes ganancias, aunque es obvio que su estilo recargado también les persigue hasta su muerte. Aquí no tiene cabida lo minimalista.

Muchos llegan a este lugar anticipadamente. Hay cientos de jóvenes que apenas vivieron unos años como ricos y que no les ha quedado otra alternativa que disfrutar su riqueza en el ostentoso mausoleo, aunque seguramente es algo que sabían con certeza.

Lo importante es mostrar los millones de dólares que se hicieron rápidamente a la hora de morir. De hecho, muchos de los grandes capos se construyen sus casas-tumbas con antelación. Son ellos los que eligen el estilo de la tumba, contratan a famosos arquitectos y deciden la madera fina de su ataúd, con las respectivas piedras preciosas para adornarlo de manera sencilla.

Pero los jefes narcos no mueren tan rápidamente como sus subalternos. Aquí hay muchos jóvenes que le sirvieron a Joaquín El Chapo Guzmán o a Ismael El Mayo Zambada. También se encuentran los empleados, es decir, los narcos de segundo, tercer, cuarto, quinto nivel de los Beltrán Leyva o de Juan José Esparragoza conocido mejor como El Ázul.

Esta mañana espléndida llena de sol, el panteón luce casi desierto. Hay albañiles, jardineros y sepultureros. Un cortejo fúnebre se acerca con su respectiva banda para despedir alegremente al ilustre difunto.

La necrópolis de los narcos crece vertiginosamente, al mismo ritmo, que la de los muertos menos afortunados de esta delirante y surrealista guerra, una guerra contra una nebulosa llamada drogas y declarada por un emperador débil sentado en la Silla del Águila.

Este artículo es del Blog de Sanjuana Martínez, una de las periodistas que más ha arriesgado su vida en México en cumplimiento de su deber.  También es autora de “La Frontera del Narco” uno de sus últimos libros que Latinocalifornia tiene firmado en su biblioteca.   Para leer más artículos de Martínez, puede visitar su página de internet http://www.websanjuanamartinez.com

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