Carlos Fuentes y las familias felices

Rosana Ubanell Con Carlos Fuentes en 2009
Rosana Ubanell Con Carlos Fuentes en 2009

Rosana Ubanell

Ningún otro escritor como el fallecido Carlos Fuentes ha logrado resumir con tanta intensidad la historia de México a través de su propio dolor.

El sufrimiento de un hombre, un escritor y su pueblo, donde la violencia y la muerte son parte cotidiana de cada día.  En muchas de sus obras, Carlos Fuentes remitía ese terror al núcleo familiar. En esa atmósfera doméstica asfixiante empieza el mal, según Fuentes.

Su obra más lograda en este aspecto es Todas las familias felices, donde el título resulta más que sarcástico: ninguna familia es feliz.

El contexto trágico de su entorno familiar se acentuó con la pérdida de su hijo Carlos de 25 años en 1999 y de su hija Natasha de 29 años, seis años después.

Fuentes, prolífico como pocos, escribió sin parar como si tratase de  alejar sus fantasmas, esos que son imposibles de ahuyentar, porque están dentro, se trasladan con nosotros allá donde nos reubiquemos.

La pérdida de dos hijos en tan corto espacio de tiempo llenó de nubarrones su obra. Al fin y al cabo, una novela o un cuento, no es más que la realidad deglutida, digerida y regurgitada por el cuerpo y el alma de un escritor.

Tuve la fortuna, el privilegio, la suerte, el honor –como ustedes quieran describirlo-, de conocer en Buenos Aires al gran maestro mexicano en el año 2009 durante un encuentro repleto de latinoamericanos ilustres.

Recién acababa de publicarse Adán en Edén y me regaló una copia firmada. Un Adán, sin ombligo, el hombre primigenio, con el que empezó todo, el bien y el mal. Le hago honor a este Adán en mi próxima novela Nueve meses en Tampico, que se publicará en octubre.

Mi Adán de Tampico recorre las calles de una ciudad en las que una vez estalló el amor en toda su plenitud. Un amor de un mundo paralelo que debe llevarse en el corazón para equilibrar la fealdad de la realidad cotidiana. Un Adán con un Edén como el de Carlos Fuentes, secreto, necesario para la supervivencia diaria, siempre al borde del abismo.

Personalmente, no sé si esta obra es la mejor o la peor de Carlos Fuentes y me da igual. Para mi constituye la que más me ha impactado y la que más ha influido en mi obra como escritora.

Si Adán y Eva componen un paraíso imaginario necesario para la supervivencia en el infierno, la realidad de Carlos Fuentes supone un averno donde la lucha se desarrolla entre Caín y Abel, el legado del pecado. Y en este mundo de Carlos Fuentes no siempre Abel prevalece. La voluntad y la fortuna ubica esta batalla fraticida en México, esa tierra que tanto amó.

No puedo dejar de destacar la grandeza de cuentista de Carlos Fuentes. Si es complicado escribir una novela, aún lo es más inventar relatos, esas novelas exprimidas hasta despellejarlas y dejarlas en los huesos y que, a pesar de ello, caminan solas como Cuentos Naturales y Cuentos Sobrenaturales.

Su sistema para mantenerse joven era trabajar mucho, siempre tener un proyecto pendiente. Y aunque tenía 83 años estaba seguro de que, “cuando se llega a cierta edad, o se es joven o se lo lleva a uno la chingada”. Fuentes se mantuvo activo hasta el último día de su vida, una que seguirá persistiendo a través de sus obras.

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