¡Afilemos la sierra!

 

Manuel Sañudo Gastélum.

Manuel Sañudo

Cuando escucho decir a alguien: – es que no tengo tiempo – ,  como excusa automática para posponer alguna decisión importante, recuerdo el libro de Stephen Covey (“Los 7 hábitos de la gente altamente eficaz”) en el que narra la anécdota de un leñador que se esforzaba en serrar el tronco de un árbol sin lograr avanzar,  puesto  que su herramienta ya había perdido el filo por el uso intenso. Los que lo miraban  trabajar  inútilmente le decían que se detuviera  para afilar la sierra; a lo que el leñador contestaba: – no puedo, ¿no ves que estoy aserrando?

 Casos parecidos a esta anécdota, que raya en lo tonto y fantasioso, podemos observarlos con frecuencia en algunos empresarios que,  ante la decisión crucial del camino, están tan absortos en la operatividad, que su tiempo lo dedican a seguir con el día a día, cuando que lo recomendable sería – valiéndonos del ejemplo del leñador – detenerse para afilar la sierra y avanzar con eficacia.

Como si fuera un trabalenguas: “No tengo el tiempo, para dedicar tiempo, a encontrar la forma de liberarme de la operación y tener más tiempo para lo importante”. Es igual que posponer la visita con el dentista en la ilusoria esperanza de que la caries se alivie con el sólo hecho de  atiborrarse de analgésicos. O como los buenos propósitos – de vida y trabajo –  que postergamos durante 365 días para renovarlos el primero de enero de cada año, e incumplirlos el día dos. O las dietas: que nos prometemos empezar el próximo lunes.

Es necesario recordar que el tiempo es el recurso más escaso y valioso de que disponemos… ¡pero nos creemos eternos! Y actuamos en consecuencia, pues al fin y al cabo que mañana será otro día.

Opino que posponer lo importante, y ocuparse de lo urgente o lo inmediato, se debe a que:

– La operación de los negocios realmente absorbe a los que la ejercen. No lo podemos ignorar. Es una actividad que nos atrapa fácilmente si no hacemos un alto para revisar nuestro uso del tiempo. ¿Es en lo importante? ¿O en lo urgente? ¿Se está siendo reactivo o proactivo?

– Falta de delegación de responsabilidades: ya sea porque hay temor a hacerlo, porque no se cuenta con gente capaz en quien delegar, porque las circunstancias no están dadas, etc.  No es fácil “clonar” al buen operador, al menos así me lo dijo un próspero empresario, de la industria del software, al confiarme sus dificultades operativas que le han restado impulso a su crecimiento.

– Hay resistencia al cambio: “¡No le muevas!, que así vamos bien”. Cuando se tiene éxito, el buen operador preferirá seguir como va. Aún a costa de su salud, su familia, su tiempo personal y a pesar de que, tarde o temprano, la empresa sufrirá las consecuencias de la ausencia del rol de director, por estar inmerso en la operación.

– Hay dudas en cuanto el nuevo rol a jugar. Puede que sea un buen operador y que se desconfíe sí se tienen los talentos para ser un buen director. La opción madura e inteligente es el cuestionamiento y reasignación de los roles de poder. Si no se tiene la capacidad de dirigir, pues ¡que siga operando!… Y que sea otro el que dirija. Pero ambas actividades, a la vez, no son del todo compatibles. Es preciso centrarse en los propios talentos y complementarse en las debilidades. Lo que requiere de una gran dosis de humildad, coraje y sentido común para delegar en otros todo aquello en lo que no se es bueno.

En suma: sugiero revisar el uso del tiempo laboral, así como los talentos que se tienen para los diferentes roles de poder: el de dueño, director, operador, administrador o emprendedor. No podemos ser buenos para todos éstos.

**El autor es Consultor en Dirección de Empresas. Correo: manuelsanudog@hotmail.com

Facebook: www.entusiastika.blogspot.com

D. R. © Rubén Manuel Sañudo Gastélum. Se prohíbe la reproducción, total o parcial, sin el permiso del autor.

 

 

 

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