Prevengamos la violencia hacia los niños desde nuestro hogar

Virginia Jiménez.

Por Virginia Jiménez

Si queremos cambiar el mundo, comencemos en nuestra propia casa. Asegurémonos de que nuestros niños y niñas sean tratados con la dignidad, el amor y el respeto que se merecen. Ofrezcámosles un ambiente seguro, en el cual ellos  puedan desarrollarse sanos física y mentalmente, y no ambientes de violencia, como los que frecuencemente vemos reportados en las noticias.

De acuerdo al Centro de Control y Prevención de Enfermedades, cada año en Estados Unidos, 740 mil niños y niñas, menores de 18 años, son tratados en salas de emergencia de hospitales, víctimas de violencia física, sexual, o negligencia. Esto se traduce en 84 niños por hora, según estadísticas del centro, Si bien estas cifras son alarmantes, más alarmante aún es que las cifras se quedan cortas, ya que la gran mayoría de casos de violencia contra menores, no son reportados

En su mayoría, los perpetradores de la violencia son las mismas personas encargadas de proteger la seguridad del niño o niña. Recientemente, se han hecho públicos numerosos casos de abusos por parte de maestros, de sacerdotes y de los mismos padres y madres, incluyendo el dramático caso de Lorna Valle, quién se encuentra en la cárcel, acusada de ahogar a sus hijas.

Estos son casos extremos y complejos pero, cada día, niños y niñas sufren en silencio en manos de familias bien intencionadas, padres y madres que en verdad adoran a sus hijos e hijas y quienes quieren lo major para ellos y ellas pero que, por diversos motivos, los educan a golpes y a gritos.

Adoro a mi madre y tengo una exelente relación con ella, pero nunca olvidaré aquel cinturón con hebilla gruesa que colgaba de la cocina y del cual ella se valía para mantener el orden en el hogar, cuando las palabras le fallaban y la paciencia le quedaba corta, lo que con ocho hijos, podia suceder fácilmente. Aunque la práctica era aterrorizante, nadie veía ésto como un abuso, sino como una forma común  de disciplinar. Mi madre se confortaba en saber que sólo usaba la herramienta de la cintura para abajo.

Ya de adulta, comprendí que dichas experiencias de niñez fomentaron conductas nada halagadoras como la autointolerancia, la inseguridad y el perfeccionismo, entre otras características personales, mismas que salieron a luz y han sido trabajadas en diversos procesos de sanación. Y aunque es común que los ciclos de violencia se repitan, me siento orgullosa y afortunada de saber que mis propios hijos no han conocido, ni conocerán, la violencia en el hogar y con quienes tengo una relación extraordinariamente cercana y amorosa.

Desafortunadamente, las consecuencias de la violencia infantil, en otros casos, son  extremadamente serias. De acuerdo al Centro de Desarrollo Infantil de la Universidad de Havard, el estrés tóxico constante, producto de ser expuesto a repetidos actos de violencia puede afectar al niño o niña de por vida, contribuyendo a que de adultos, ellos y ellas enfrenten problemas de salud como diabetes, enfermedades del corazón, abuso de alcohol y drogas, así como depresión y ansiedad, entre otros.

Afortunadamente, los  estudios también indican que, con un ambiente estable y seguro y con una buena relación con adultos comprensivos y cariñosos, los efectos negativos en niños y niñas que han sufrido violencia y adversidad, pueden  controlarse y hasta prevenirse.

Pero criar a un niño sano desde un principio es más fácil y menos costoso, tanto en dinero como en desgaste físico y emocional, que sanar a un niño o adulto desquebrajado por la violencia. En el mismo reporte del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, mencionado anteriormente, se indica que el costo total de tratar a niños maltratados en el país, es de 124 mil millones de dólares por año.

Con esa cantidad de dinero Ruth Beaglehole podria salvar al país entero y más. Ruth es directora de la organización comunitaria Echo Parenting and Education, con quien he tenido el honor de trabajar como voluntaria. Ella ha dedicado su vida a prevenir la violencia en la familia.  Esta semana la organización reunió a más de un centenar de educadores y profesionales de la salud, en una conferencia en la que se enseñó la manera en que Echo Parenting imparte los principios de no violencia en la crianza de niños.  “Nuestros niños necesitan que los padres y la comunidad nos unamos para crear un ambiente seguro en el que puedan desarrollarse plenamente como seres humanos. Los padres no tienen que hacerlo solos¨ dijo la señora Beaglehole, agregando que el primer paso para erradicar la violencia es que los padres primero reparen sus propias historias.

Echo Parenting es un recurso invaluable para la comunidad. Hace tiempo tuve la oportunidad de participar como estudiante en una de las clases sabatinas en español, en las que se imparte información basada en la investigación científica más reciente sobre el desarrollo cerebral de los niños. En un ambiente cordial y amistoso, madres y padres aprenden a desarrollar la inteligencia emocional de sus hijos, a establecer límites claros, a lidiar con diciplina de una manera mas saludable para toda la familia. Al mejorar la relación con sus hijos, se cimentan las bases de un futuro más prometedor no solamente para el niño o niña, sino para toda la familia y por ende, para la sociedad.

En verdad, recomiendo a todo padre o madre o persona que está a cargo de un niño o niña, que aprovechen estos recursos, ya que, después de todo, los niños no vienen con instructivos. Las clases se ofrecen a precios módicos y nadie es rechazado/a por falta de pago.

Para más información, visita echoparenting.org

 

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